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domingo, 29 de noviembre de 2015

Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte (y II)

¡Saludos, queridos Rebeldes! Lo prometido es deuda, así que hoy os traigo una entrada dedicada a otra novela de Julia Barrett. Esta vez, la autora retoma la trama y los personajes de Sentido y sensibilidad para su segunda novela: La tercera hermana (The Third Sister: A Continuation of Jane Austen’s Sense and Sensibility; 1996).

Como se puede deducir del título del libro, la protagonista es Margaret Dashwood, la hermana menor de Elinor y Marianne. Tres años después del final de la novela original, Margaret Dashwood es una inteligente joven de diecisiete años que vive con su madre tras los matrimonios de sus hermanas mayores. Al haber sido testigo de los sufrimientos de Marianne por culpa de Willoughby, Margaret ha aprendido a desconfiar de los jóvenes atentos y galantes como él, por lo que trata con frialdad al apuesto militar franco-inglés William du Plessy, hijo de una dama con la que traba amistad, y se muestra afectuosa con el tímido George Osborne, primo de Edward Ferrars. Sin embargo, es posible que las malas experiencias del pasado la conduzcan a un juicio erróneo…

latercerahermana

Me topé con esta novela por primera vez hace muchos años, hojeando un catálogo de compras por correspondencia de un primo mío, pero no la relacioné con Jane Austen (era aún bastante pequeña y ni siquiera había oído el nombre de esta autora) y no tardé mucho en olvidarla. Años después, la redescubrí junto con Presunción y las devoré gustosamente.

En cuanto al libro en sí, Barrett ha creado una obra de lo más interesante, aunque se tome alguna licencia con el libro original que no ha gustado mucho a las fans; por ejemplo, para meter en escena a George Osborne, la autora hace que la señora Ferrars desherede a sus dos hijos y convierte a su sobrino en el futuro administrador de sus bienes. Pero en fin, en mi opinión tampoco es un crimen.

Los personajes originales de la obra se mantienen fieles a cómo los creó Jane Austen (así, vemos que la señora Jennings o los Middleton siguen siendo tan desconsiderados y metomentodos como siempre), mientras que los nuevos están bien perfilados (incluida la propia Margaret, a la que Barrett ha convertido en una inteligente joven que posee el punto exacto de buen juicio entre la sensatez de Elinor y el sentimentalismo de Marianne). Asimismo, otro detalle que es necesario destacar es el lenguaje de la obra, muy fiel a cómo escribía nuestra querida Jane (aunque por desgracia esto es algo que no se ve en el texto traducido…).

Para terminar, solo me queda decir de La tercera hermana que es una muy buena opción para aquellos que busquen una novela amena, fiel al espíritu austeniano, y para aquellos que desean saber cómo habría podido seguir la historia de las Dashwood y, sobre todo, qué habría sido de la pequeña Margaret si hubiésemos podido verla convertida en una joven dama.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte

Como ya escribí en la entrada dedicada a la trilogía Fitzwilliam Darcy, un caballero, muchos escritores modernos se han dedicado a recoger el testigo de autores del pasado para reescribir sus obras o bien continuarlas con los mismos protagonistas o poniendo de protagonistas a personajes que fueron secundarios en las obras originales. Esta novela que os recomiendo hoy pertenece al segundo grupo: se trata de Presunción (Presumption: An Entertainment; 1993), de Julia Barrett, que continúa la historia de Orgullo y prejuicio. En este caso, si bien Elizabeth y  Darcy son personajes de mucho peso en la obra, no son ellos los protagonistas, sino Georgiana, la hermana menor de él.

La trama comienza dos años después del final de la novela original. Georgiana Darcy se ha convertido en una bella y alegre joven de diecisiete años, de buen corazón, pero al mismo tiempo muy altanera; este mal carácter le traerá no pocos problemas con algunos de los que la rodean, y Georgiana acabará metida en un triángulo amoroso con un galante capitán, y un cínico paisajista. Así, al igual que su hermano y su cuñada, Georgiana deberá aprender a no solo a no dejarse llevar por las apariencias, sino también a andarse con menos humos…

presunción

Descubrí esta novela, como seguramente habréis imaginado, buscando por Internet adaptaciones y continuaciones de novelas de Jane Austen después de haber catado la trilogía anteriormente mencionada. Lo cierto es que la trilogía me gustó más que este libro, pero realmente Presunción no está nada mal. Los personajes originales están bien reproducidos (si bien la altanería de Georgiana me resulta un tanto forzada teniendo en cuenta el carácter tímido y dulce del personaje original) y los originales creados por Julia Barrett, muy bien construidos.

Por otro lado, la historia no se limita a reproducir la trama de Orgullo y prejuicio (como podría deducirse por el argumento que os acabo de contar), sino que cuenta con más sub-tramas que dan más consistencia a la trama principal. De hecho, una de ellas consiste en la implicación de un personaje secundario original en un delito (no voy a revelaros quién ni qué) que puede costarle la vida si no logra probar su inocencia.

Poco más puedo decir de este libro, que os gustará mucho si buscáis una novela alegre y entretenida con la que pasar una buena tarde. En breve, veréis también en el blog una entrada más dedicada a otro libro de esta misma autora.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

jueves, 9 de octubre de 2014

A veces hay que mirar las cosas desde el otro lado

Ya bien entrado el otoño, volvemos a la normalidad y retomamos las entradas “ordinarias”, y voy a comenzar esta con una anécdota: un frío día de otoño de 2009, iba camino de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba para hacer un trabajo en la biblioteca. Pasé junto a una librería, y por costumbre le eché un vistazo al escaparate, aunque sin prestarle tanta atención como habría querido, porque tenía prisa. Mientras seguía andando, de repente, unas palabras llegaron subliminalmente a mi cerebro: Fitzwilliam Darcy.

¿Fitzwilliam Darcy? Di media vuelta y busqué entre los libros, hasta que encontré dichas palabras. No, mi cerebro no me había engañado, ahí estaba: un libro con el nombre del protagonista de Orgullo y prejuicio en la portada. Sobra decir que enseguida anoté todos los datos del libro (que era el segundo tomo de una trilogía que cuenta la historia de Elizabeth y Darcy desde el punto de vista de él), aunque no pude buscarlo de inmediato. Tres años después, me cayó un E-Book por mi cumpleaños, y aproveché para bajar la trilogía completa de la red y devorarla ávidamente.

Así pues, hoy os traigo los tres tomos de la trilogía Fitzwilliam Darcy, un caballero (Fitzwilliam Darcy, Gentleman), de la estadounidense Pamela Aidan. Esta autora es una gran aficionada desde muy joven a la literatura austeniana y una buena conocedora de su obra, aunque reconoce que se inspiró más en la miniserie de la BBC de la que ya hablé en la entrada que dediqué a Orgullo y prejuicio y en la que se ven algunos flash-backs de la vida de nuestro protagonista.

La trilogía empieza con el tomo Una fiesta como ésta (An Assembly Such as This; 2003), en el que Fitzwilliam George Alexander Darcy (pues éste es el nombre completo que le da Aidan) llega con la familia Bingley para vivir en la región de Hertfordshire. Rodeado de gente tan vulgar como pretenciosa, Darcy ve con preocupación la creciente atracción mutua entre su amigo Charles y la bella Jane Bennet, así como su propia admiración por Elizabeth, hermana de Jane y la joven menos convencional que haya conocido nunca…

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En Deber y deseo (Duty and Desire; 2004) conocemos qué pasa con Darcy en los tres meses en los que desaparece de la escena en la novela original. En efecto, Darcy vuelve a Londres a pasar la Navidad con su hermana, retomar el contacto con la alta sociedad londinense, olvidar a Elizabeth y buscar una cónyuge adecuada. La ocasión ideal se presenta cuando es invitado por lord Sayre, un viejo compañero de la universidad, a pasar una temporada en su castillo; allí, Darcy se siente fuertemente atraído por la hermanastra de su amigo, la hermosísima lady Sylvanie, pero el castillo de Norwycke y sus residentes ocultan muchos secretos…

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Sólo quedan estas tres (These Three Remain; 2005) es el tomo final de la trilogía. Tras una estancia más que olvidable en el castillo de la familia Sayre, Darcy viaja a Kent con su primo materno, el coronel Richard Fitzwilliam, a visitar a la tía de ambos, la severa Lady Catherine de Bourgh. Casualmente, Elizabeth también está de visita por la zona, y todo indica que tendrán que verse con mucha frecuencia. Aparentemente, la relación entre ambos va mejorando cada vez más, y sólo es cuestión de tiempo que Darcy dé el paso y haga la propuesta que ella está esperando. O eso cree él…

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Pocas veces me he enamorado de unos libros como en este caso. No sólo por volver a ver a los personajes de una de mis novelas favoritas, sino por hacerlo desde la perspectiva de Darcy, al que conocemos a fondo en todos los aspectos: su vida personal (familia, amigos, subordinados, etc.), sus manías, su forma de pensar… Asimismo, también podemos ser testigos de la vida del Londres de la Regencia y conocer a algunos de los personajes más famosos de la época, como el dandi Beau Brummell, la excéntrica lady Caroline Lamb o el magnicida John Bellingham. Incluso se hace un guiño a la autora anónima de cierta novela éxito de ventas en la que el sentido se contrapone a la sensibilidad (¿se os ocurre quién puede ser?).

Como es evidente, el hecho de que la historia se cuente desde el punto de vista de Darcy permite crear personajes totalmente nuevos y darles profundidad a los personajes planos de la novela original. Del primer grupo, destaco al excéntrico Dy Brougham, amigo íntimo de Darcy y toda una caja de sorpresas, y sobre todo a Lemuel Fletcher, su leal ayudante de cámara, siempre con una cita de Shakespeare entre los labios. La estrella del segundo grupo es Anne de Bourgh, la tímida prima y prometida de Darcy, a la que la autora convierte en una joven sensible y atormentada que escribe poemas en secreto (sí, al más puro estilo de Emily Dickinson).

Después de ensalzar tanto esta trilogía, sólo me queda señalar sus defectos (porque los tiene, como todo y todos en esta vida). El primero es el más obvio: que el lector sabe casi en todo momento lo que va a pasar y, con la excepción en general del segundo tomo, le esperan pocas sorpresas. El segundo defecto es la falta de originalidad de la idea principal de la trilogía, aunque Aidan no es la primera persona ni la última que ha cogido la novela de Orgullo y prejuicio y la ha reescrito desde el punto de vista de Darcy (aunque eso yo no lo sabía cuando esta trilogía llegó a mi vida…).

No obstante, estas dos faltas no consiguen empañar lo mucho que me ha gustado esta trilogía que recomiendo encarecida e indudablemente a todos los fans de Jane Austen. No lo lamentaréis, creedme.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 21 de junio de 2014

Especial Verano 2014 (I): Porque ya va siendo hora de crecer

Inauguramos el segundo Especial Verano del blog con un libro que he estado esperando durante diez años de mi vida con la paciencia de una tortuga: el último libro de la saga de Manolito Gafotas, titulado Mejor Manolo (2012).
 
El hecho de que nuestro protagonista deje atrás el sufijo diminutivo en su nombre deja claro que ya no es un niño y que tiene ganas de demostrarlo. Supe de la existencia de este libro por una revista, y lo apunté de inmediato en la carta a Melchor y cía., y no me decepcionó.
 
En su conjunto, la vida de nuestro protagonista, que ya cuenta doce años de vida (ficticia), sigue igual: con su familia, a la que se ha sumado su nueva hermanita, la Chirli (en realidad se llama Catalina, pero la llaman así porque es calcada a Shirley Temple, Q.E.P.D.); con sus amigos y compañeros de clase, que siguen metiéndose en los mismos líos; y sobre todo consigo mismo, con el mismo humor que le caracteriza.
 
mejormanolo
 
Tras leer este libro, hay que reconocer enseguida que se notan los diez años de diferencia entre el anterior y éste. Sobre todo por cómo se reflejan los cambios que ha sufrido la sociedad desde 2002 hasta el momento presente; por ejemplo, se nombran personajes reales hoy famosos que entonces eran completos desconocidos, como Lady Gaga, de la que el Orejones López (ese eterno “cerdo traidor”…) es un gran fan.
 
Por otra parte, Manolito (con perdón, Manolo) ha perdido buena parte del humor blanco e infantil de los libros anteriores y ha ganado una ironía más adulta. En un par de ocasiones, el protagonista sorprende al lector con el emoticono ;) para indicar que sabe más cosas de las que parece (por ejemplo, que cuando sus padres se echan la siesta en su cuarto, lo que hacen no es dormir precisamente). Sin embargo, Manolo sigue conservando mucho del Manolito de siempre, ingenuo y espontáneo, lo que refleja a la perfección la personalidad del individuo que se debate entre la infancia y la madurez.
 
Me he alegrado muchísimo de volver a tener en mis manos un nuevo ejemplar de las aventuras del niño más famoso de Carabanchel Alto, y os aconsejo como fan incondicional (y paciente a más no poder) que no os perdáis su último tomo. Y finalmente, sólo me queda darle las gracias a Elvira Lindo por haberse acordado esta humilde fan del Gafotas, porque de no ser por ella, no habríamos vuelto a saber de él.
 
Hasta la próxima página,
La Rebelde de los Libros

lunes, 17 de febrero de 2014

A veces, las barreras están para saltárselas

¡Hola, Rebeldes! Aunque sea con más de un mes de retraso, os felicito hoy el año nuevo, cosa que no he podido hacer antes porque se me han juntado la vuelta a clase, la gripe, las prácticas del Máster y la gripe (sí, dos veces en lo que va de año…).

Pero en fin, este nuevo año está lleno de oportunidades de escribir varias recomendaciones. Para empezar, el libro que hoy nos ocupa es uno de los que más me han gustado en estos últimos años: la ópera prima de la estadounidense Kathryn Stockett, Criadas y señoras (The Help; 2010). Lo vi en el catálogo de Círculo de Lectores, y pensé que tenía buena pinta, por lo que me dije a mí misma: “Éste cae”. Con lo que no contaba era con el exitazo que tendría el libro gracias al tradicional sistema del boca-oreja, y más aún con su estupenda adaptación a la gran pantalla (la sala del cine estaba llena a reventar, y eso que era de las pequeñitas).

Pero antes de hablar de esta historia, primero quiero presentaros a las tres protagonistas.

  • Aibileen Clark: Una criada negra que ha cuidado de diecisiete niños blancos y ha visto morir a su propio hijo en un accidente laboral. Ahora se ocupa de la pequeña Mae Mobley Leefolt, de dos añitos de edad, y a la que adora.
  • Eugenia Phelan, alias “Skeeter”: Joven blanca recién licenciada en la universidad. Idealista y de firmes principios, sueña con convertirse en una gran escritora, mientras que su madre sueña con verla bien casada y establecida.
  • Minny Jackson: De puertas para afuera, una criada negra deslenguada y bravucona, capaz de aguantar carros y carretas. De puertas para adentro, una madre de familia atemorizada por los maltratos de su marido.

Muy bien, sigamos. La trama de la historia se desarrolla en Jackson (Misisipi), en los años sesenta. Skeeter vuelve a casa tras acabar sus estudios, y descubre que Constantine, la criada negra que la cuidó, ha desaparecido y nadie, sobre todo su madre, quiere hablar de ella. Mientras que Aibileen trata de educar en la igualdad y en la falta de prejuicios a su niña, Minny se las ha de ver tanto con su antigua jefa, la racista y malévola Hilly Holbrook, como con la nueva, la torpe y simpática Celia Foote. A todo esto hemos de añadirle que Skeeter busca inspiración para su primer libro, y se le ocurre investigar en la relación entre las criadas negras y las señoritas blancas…

criadasyseñoras

(Portada de la primera edición en español. No he logrado encontrar la de Círculo)

Esta novela llegó a mi vida como un soplo de aire fresco. No sólo trata de una historia de tensiones y diferencias entre dos grupos por motivos raciales y económicos; sino que también es una historia de conflictos generacionales (principalmente, entre Skeeter y su madre) y de pareja, de secretos (a mí me rompió el corazón el secreto de los rosales de Celia) y de mentiras. Y ya que hablamos de corazones rotos, tengo que citar un extracto de un diálogo que me impactó profundamente, ya que por esas fechas había perdido a un pariente muy querido por culpa de esa maldita enfermedad llamada cáncer (tranquilos, he hecho las modificaciones pertinentes para no reventar nada a nadie):

“[…] Ya he visto esto antes. A veces, se tiene un repentino resurgir de fuerzas. Supongo que es un regalo de Dios, que les concede un poco más de tiempo para que puedan resolver sus asuntos pendientes. Pero eso es todo, cariño. No esperes mucho más.”

Por otra parte, a pesar de todo lo bueno que he contado, el libro también tiene sus faltas, pues la autora no sólo profundiza apenas en los conflictos racistas graves, sino que se olvida de una parte importante de la vida de las criadas negras en esta época: los abusos sexuales que sufrieron por parte de los hombres blancos; de hecho, el tema aparece mencionado muy de pasada, sólo cuando una chica le cuenta a Skeeter lo que le hizo su jefe. Pero en fin, nada ni nadie es perfecto.

Estoy segura de que queréis empezar el año con muy buen pie, así que si tenéis dudas sobre qué libro elegir para sobrellevar las frías tardes invernales, éste es una estupenda opción.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 23 de noviembre de 2013

Especial Otoño 2013: Siempre hay una segunda oportunidad para el amor

Llegamos al final del Especial Otoño 2013 con Persuasión (Persuasion, 1818), última novela conclusa de Jane Austen y publicada póstumamente. Jane, ya entrada en años para su época y enferma (pues falleció antes de cumplir 42 años), termina su obra literaria con una obra de tono más pesimista y reflexivo que las otras y con una protagonista que ya no es una jovencita, sino una mujer de veintisiete años.

La protagonista de Persuasión es Anne Elliot, segunda hija de un barón viudo y narcisista, con una hermana mayor (Elizabeth) igual que el padre y una hermana menor casada (Mary) que siempre está llamando la atención. Ocho años atrás, Anne estuvo enamorada de Frederick Wentworth, un joven marino sin fortuna ni posición que le pidió matrimonio, pero ella le rechazó por consejo de Lady Russell, una amiga de la familia Elliot y una figura materna para la tímida y apocada Anne (siempre que leo el argumento, pienso que esta novela podría haberse titulado perfectamente con el concepto contrario, Disuasión).

Pasado el tiempo, la pareja se reencuentra en circunstancias muy distintas, pues el barón y sus hijas están en números rojos y Frederick se ha convertido en un rico capitán. Anne le sigue amando como el primer día, pero él no parece dispuesto a perdonar…

persuasion

La edición que he leído incluye no sólo la novela, sino también un capítulo final alternativo (no hay demasiada diferencia) y además Sanditon, la novela que Jane Austen no pudo terminar (algunas autoras modernas han recogido el testigo y la han completado).

La historia de Persuasión (que Jane iba a titular The Elliots) es posiblemente la novela más moderna de Jane Austen justamente por ser la protagonista una mujer otoñal que ha desperdiciado su juventud por un mal consejo (sí, lady Russell tenía toda la buena intención del mundo, pero también disuadió a Anne de aceptar a Frederick llevada por su propio orgullo de casta) y a la que todos sus parientes cercanos ningunean o hieren bien adrede, bien sin querer. Para ser exactos, las personas que la tratan con más amabilidad y afecto son los Musgrove (la familia política de Mary) y el matrimonio Croft (la hermana y el cuñado de Frederick).

Esta novela ha sido una de las que más me han gustado de Jane Austen; si tuviese que hacer un ranking, creo que ocuparía el segundo puesto (es que Elizabeth y Darcy son Elizabeth y Darcy…) ya no sólo por el tono, sino también por la temática de las segundas oportunidades (no sólo lo digo por Anne y Frederick, sino también por otro personaje más que no voy a nombrar por no hacer spoilers). Por otro lado, en esta novela se empiezan a escuchar ecos de un incipiente Romanticismo a través de las conversaciones literarias de Anne con el melancólico capitán Benwick, gran aficionado (igual que Marianne Dashwood) a las obras de Walter Scott y a otros autores del momento.

Bueno, para terminar con estas entradas (que no con Jane Austen, porque volveremos a verla dentro de poco) con una nota especial, se me ha ocurrido darle un toque musical al asunto con un vídeo que encontré hace tiempo por Youtube y del que me enamoré perdidamente. ¡Que lo disfrutéis!

El vídeo posee fragmentos de versiones de Mansfield Park, Persuasión y La abadía de Northanger. Todo ello acompañado de una canción instrumental maravillosa.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 3 de noviembre de 2013

Especial Otoño 2013: El corazón no es un juguete

Y es que Emma Woodhouse, protagonista de Emma (1815), es tan bienintencionada como todas las heroínas austenianas, pero también está muy mimada, y puede llegar a ser un tanto desconsiderada y egoísta con sus allegados, y en especial con los que tiene más cerca.

Emma, de veintiún años de edad, es huérfana de madre desde muy pequeña, y se ha criado con una institutriz, la señorita Taylor, a la que adora. Pero cuando Emma es adulta, la señorita Taylor se casa y se marcha, lo que le hace sentirse bastante sola (su hermana mayor ya es madre de familia y vive en Londres, y su padre ya está mayor y es hipocondríaco). Un tanto pagada de sí misma y con unas fuertes ínfulas de casamentera, Emma se hace amiga y protectora de Harriet Smith, una joven pobre y muy maleable a la que decide buscarle un buen marido. Nuestra heroína se mete de lleno en la tarea de buscar a alguien que ocupe el corazón de su amiga y la haga feliz, lo que hace que incurra en un sinfín de equívocos y malentendidos y, lo que es igual de importante, que se olvide de su propio corazón…

emma

Cuando Jane Austen empezó a escribir Emma, declaró que iba a crear una heroína que, salvo a ella misma, no gustaría mucho. Pero se equivocó, ya que Emma también cuenta con una legión de admiradores gracias a su alegría de vivir y su corazón noble y bienintencionado. Su carácter y su comportamiento se deben, probablemente, al hecho de que goza de buena posición económico-social (es la única heroína austeniana sin problemas de dinero) y de que es muy querida y admirada en su comunidad, lo que le hace pensar que su vida es perfecta y que todos merecen tener una vida tan estupenda como la suya. Pero, como ya sabemos, la perfección no existe.

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(Cartel de la película homónima de 1996, ganadora del Óscar a la Mejor Banda Sonora. Totalmente recomendable)

Emma es, quizás, la novela en la que vemos una mayor interacción entre la protagonista y la sociedad que la rodea; uno de los estudiosos a los que cité en mi Trabajo de Fin de Máster afirmaba que Emma no es Emma sin Highbury (la región en la que vive), y Highbury no es Highbury sin Emma. De hecho, es la única heroína que no sale de viaje, sino que vive inmersa en su cuasi-idílica sociedad campestre y en las relaciones que mantiene con sus miembros (fiestas, visitas, obras de caridad para los pobres…). Entre los miembros de la sociedad de Highbury, hay que destacar por encima de todos a George Knightley, el vecino más cercano a Emma y la eterna voz de la razón (es él quien siempre pronuncia la frase “Te lo dije, Emma” cada vez que ella mete la pata), pero no hay que olvidar al señor Woodhouse (bondadoso e hipocondríaco a más no poder) o a la señorita Bates (que puede parecer algo pesada, pero acaba por inspirar verdadera compasión al lector cuando se ve claramente su situación en la vida).

Ya casi hemos terminado con este Especial Otoño 2013, y espero que estéis disfrutando con las novelas de Jane Austen que he recomendado hasta ahora. La historia de Emma Woodhouse y sus embrollos es la más optimista y alegre de todas las novelas de Jane Austen, y estoy segura de que os gustará tanto como las demás novelas. Además, seguro que querréis saber qué pasará al final con Emma y con Harriet…

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

jueves, 24 de octubre de 2013

Especial Otoño 2013: Lo mejor es la fidelidad a los buenos principios

Al menos, creo que ésa es la conclusión principal que pueda sacarse de la cuarta novela de Jane Austen, porque Mansfield Park (1814) es la novela más larga, compleja y oscura de nuestra autora, y además este libro tiene muchas y muy distintas facetas.

La novela, que toma su título del nombre de la mansión solariega en la que tiene lugar la trama, nos pone en contexto explicándonos la historia de las  hermanas Ward: una se casó con un lord, con el que tuvo dos hijos y dos hijas, y todos viven en la susodicha mansión; la segunda contrajo matrimonio con un clérigo de buena posición, no tienen hijos y viven cerca de los anteriores; finalmente, la tercera se unió a un teniente sin oficio ni beneficio de la Armada Británica, viven en Portsmouth (al sur de Inglaterra y muy lejos del resto) y tienen más hijos de los que pueden mantener.

Esta última hermana, para aliviarse un poco económicamente, envía a su hija Fanny, de diez años de edad, a vivir con sus tíos y primos. Entre indiferencias, desprecios y burlas, la pequeña Fanny Price sólo halla cariño y apoyo en su primo Edmund, seis años mayor que ella. Con el paso de los años, Fanny se enamora secretamente de Edmund, pero la llegada de los hermanos Crawford, elegantes y sofisticados, trastocará las vidas de todos en Mansfield Park…

mansfieldpark

Como ya he señalado al principio, Mansfield Park es la novela más difícil de leer de Jane Austen, y ello se debe a varios motivos. En primer lugar, aunque suene paradójico, a causa de la propia protagonista, a la que la propia madre de Austen llegó a tachar de “insulsa”. Fanny Price, como pariente pobre e inferior de los Bertram de Mansfield Park, a veces llega a ser un simple testigo mudo e invisible de cuanto sucede a su alrededor. Además, carece de interés o curiosidad por aprender o por adquirir algún talento artístico, por lo que no evoluciona en absoluto (sí evolucionan otros como Edmund, que descubre que no es oro todo lo que reluce, o Tom, que comprende que un primogénito debe dar ejemplo de rectitud y seriedad y no hacer vida de crápula) y se pasa la vida llorando y suspirando por los rincones. De hecho, a veces es que no sé si darle dos collejas para que espabile y se dé a valer o abrazarla y cantarle una nana, porque en el fondo me da mucha pena. Sobre todo con la señora Norris criticándola y regañándola por puras nimiedades y con Edmund babeando por la hermosa Mary Crawford, femme fatale por excelencia de la literatura austeniana a la que Fanny, a pesar de todo, no puede evitar admirar.

En segundo lugar, la temática de Mansfield Park no está tan bien definida como en las otras novelas de Jane Austen, sino que la autora da varias lecciones morales al lector a través de los personajes. Como ejemplos, aparte de los ya mencionados, debo señalar los casos del severo sir Thomas, que comprende que no debe educarse a los niños con excesiva severidad ni estableciendo diferencias de trato entre unos y otros según su origen y condición, y del seductor Henry Crawford (el único con una oportunidad auténtica de volver al buen camino a tiempo y sin consecuencias), que paga su inconstancia perdiendo toda posibilidad de conquistar a Fanny (debo destacar que a Cassandra Austen, hermana de nuestra autora, le habría gustado verlos juntos al final del libro, como muestra de que es posible hallar la redención a pesar de todo). De hecho, es tal la heterogeneidad de este libro, que uno se encuentra hasta una crítica a la esclavitud de los negros a través de los pensamientos de Fanny. Sin embargo, esta crítica a la esclavitud también puede estar relacionada con que Fanny se siente identificada con los esclavos en cuanto a la situación de inferioridad e indefensión de ambos. Al menos, eso creo yo.

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(De izda. a dcha., miniserie de 1983 y películas de 1999 y de 2007. Estoy viendo la primera, que está muy bien; la segunda no la recomiendo para nada y la tercera es aceptable.)

Es posible que toda esta perorata os haya desanimado e incluso alguno sienta que lo estoy disuadiendo de leer este libro. Nada más lejos de mi intención: Mansfield Park es un libro estupendo, y Fanny una heroína tan digna de cariño como las otras de Jane Austen. Así pues, no dejéis escapar la oportunidad de leer esta novela maravillosa.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 20 de octubre de 2013

Especial Otoño 2013: La primera impresión no siempre es la correcta

Primeras impresiones (First Impressions) es el título que tenía pensado Jane Austen para su tercera novela; sin embargo, el texto llegó hasta nuestros días con otro título totalmente distinto y, a mi ver, mucho más adecuado: Pride and Prejudice (en español, Orgullo y prejuicio), que representa los defectos que vertebran la trama de los protagonistas de la novela, que, dicho sea de paso, cumplió 200 años el pasado 28 de enero.

La protagonista de Orgullo y prejuicio es Elizabeth, de veinte años de edad y la segunda de las cinco hermanas Bennett. Con la llegada de Charles Bingley, un joven soltero y adinerado, se produce una gran expectación en la región de Meryton; sobre todo entre las madres de familia como la señora Bennet, que no ve la hora de casarlo con una de sus hijas, y en especial con Jane, la mayor y más bella de todas.

Jane y Bingley coinciden en un baile y se gustan enseguida, pero cuando Fitzwilliam Darcy, amigo de Bingley y mucho más apuesto y rico que él, se niegue a bailar con Elizabeth por no considerarla lo suficientemente guapa para su gusto, se desatará una guerra de sarcasmos e ironías entre ambos en la que involucrarán a todos los que les rodean…

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(Portada de la edición que leí; me gusta imaginar que la chica rubia es Jane y la morena es Elizabeth. Pero nuevamente, os advierto que esta edición tiene una traducción infumable.)

Orgullo y prejuicio es la más popular de todas las novelas de Jane Austen y la más adaptada a otras artes escénicas, desde el cine a la televisión, pasando, incluso, por el teatro musical. No es para menos, ya que la autora se supera a sí misma con la pareja protagonista (de hecho, Elizabeth era su heroína favorita) y los personajes secundarios, en especial los padres de Elizabeth (él con sus pullas y ella con sus histerismos), tampoco tienen precio.

Por otra parte, el tema principal de la obra (los equívocos basados en juicios erróneos y en secretos ocultos bajo silencios) ha dado siempre mucho juego. En el caso de esta novela, Jane Austen nos da una importante lección (o mejor dicho, dos lecciones) a través de Elizabeth y Darcy: no debemos mirar a nadie por encima del hombro ni etiquetar a nuestros semejantes a la ligera, porque siempre pueden darnos sorpresas, tanto buenas como malas. De hecho, no sólo es Darcy el orgulloso y Elizabeth la prejuiciosa, sino que ambos pecan de ambos defectos: Darcy, llevado por su propio orgullo de casta y por las opiniones de las hermanas Bingley, cree que la familia Bennet (con las honrosas excepciones de Jane y Elizabeth) son muy poco recomendables y que no es nada conveniente emparentar con ellos. A su vez, Elizabeth se deja llevar por su pésima primera impresión sobre Darcy (a lo que se añade la animadversión general hacia él, la leña que echa Wickham al fuego y su propia atracción por éste), se obceca en ese juicio erróneo y se niega a escuchar segundas opiniones.

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(Carátula de la miniserie de 6 capítulos realizada por la BBC en 1995; en opinión de muchos, yo incluida, la mejor adaptación que se ha hecho de este libro)

Esta novela ocupa un hueco muy especial en mi corazón; no sólo es mi favorita de Jane Austen, sino también la primera que leí (en concreto, para un trabajo de la universidad), y me gustó tanto, que no tardé mucho en ir a por todas las demás, además de releerla por lo menos nueve veces (¡y las que me quedan!). Así pues, ahora que ya vamos conociendo más la literatura austeniana, creo que vais a disfrutar mucho con esta tercera propuesta para el Especial Otoño 2013.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

jueves, 10 de octubre de 2013

Especial Otoño 2013: En el centro está la virtud

Ésta es la moraleja que podemos sacar de la lectura de Sentido y sensibilidad (Sense and Sensibility, 1811), la primera novela publicada por Jane Austen. Nuestra autora comenzó a escribir en 1795 un primer relato, Elinor and Marianne, en formato epistolar. Dos años después, se puso a pulir el texto hasta convertirlo en la novela que hoy conocemos. Sin embargo, no sería hasta el verano de 1809 cuando diese los primeros pasos para la publicación del libro, que tuvo lugar el miércoles 30 de octubre de 1811 (si me sé hasta el día de la semana, es todo gracias a cierta estupenda web que recomiendo a todos los fans de esta autora).
 
En resumidas cuentas, ésta es la historia de las hermanas Elinor y Marianne Dashwood, nacidas del segundo matrimonio de su padre. Éste, antes de morir, le pide a John, su único hijo varón y nacido de su primer enlace, que no deje desamparadas a su madrastra y hermanastras. Sin embargo, John y su esposa no tardan en dejarlas en la calle, por lo que la recién viuda se ve obligada a pedir ayuda a un primo lejano.
 
Las hermanas se adaptan mal que bien a su nueva vida, pero ninguna cuenta con que Cupido les va a poner las cosas todavía más difíciles: la tranquila Elinor, de diecinueve años, comienza a sentirse atraída por el taciturno Edward Ferrars, hermano de su cuñada, mientras que la apasionada Marianne, de dieciséis, pierde la cabeza por el galante John Willoughby…
 
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(Portada de la edición que tengo en casa; me gusta imaginar que la joven es alguna de las hermanas Dashwood esperando a su amado. Pero os advierto que la traducción de esta edición es pésima.)
 
Tenemos hoy aquí una de las novelas más conocidas y queridas de la literatura anglosajona y, por qué no, de toda la literatura universal. Se trata de una novela cuyo principal tema es la búsqueda del equilibrio personal, de la armonía entre la razón y el corazón. Jane Austen escribió la historia de las hermanas Dashwood con una evidente intención moralizante, ya que Marianne (que está en plena edad del pavo y no tiene término medio con sus emociones) se apasiona por Willoughby hasta el punto de perder la salud y casi también la cordura (sí, se puede afirmar que sufre una depresión) y ser irrespetuosa y descortés con los que la rodean (aunque debo decir en su favor que es difícil no serlo con según qué personajes…). Elinor no sufre este problema, pues es lo suficientemente madura como para mantener sus propias penas bajo control hasta hacerlas invisibles a los ojos de los demás y seguir cuidando de su hermana del alma. En este sentido, Elinor resulta ser un personaje plano, ya que no evoluciona ni necesita hacerlo, mientras que Marianne es un personaje redondo, pues se ve obligada a pasar por un dolorosísimo proceso hasta llegar a ese equilibrio mental que será la base de su felicidad.
 
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(Cartel de la celebérrima adaptación cinematográfica realizada en 1995 por Ang Lee)

Como en todas sus novelas, Jane Austen retrata fielmente las virtudes y los defectos propios de la gente de su tiempo; nuestra autora era una gran observadora del mundo que la rodeaba y supo plasmar maravillosamente los caracteres de los que la rodeaban. Entre las primeras, destacan, por supuesto, la bondad de las dos hermanas Dashwood, pero también la generosidad del coronel Brandon y la dulzura de Edward, amén del inestimable cariño y apoyo de la señora Dashwood y la pequeña Margaret (la simpática e indiscreta benjamina de la familia). Entre las segundas, podemos señalar la codicia de John y su mujer, Fanny y la desconsideración, a menudo morbosa, de la señora Jennings, entre otros muchos.
 
Todas las novelas de Jane Austen tratan sobre la búsqueda de la propia felicidad por diferentes medios (especialmente a través de cambios personales de las heroínas, como es el caso, y/o de los héroes), y si a eso le añadimos la fina prosa austeniana y su hábil sátira social, mejor todavía. Por todo esto, merece la pena conocer la historia de las hermanas Dashwood y ver en qué terminan sus desventuras amorosas.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

jueves, 3 de octubre de 2013

Especial Otoño 2013: No es bueno despegar los pies del suelo

Digo esto porque os podéis meter en los mismos líos que Catherine Morland, protagonista de La abadía de Northanger (Northanger Abbey). Jane Austen escribió la historia de Catherine en 1798, pero se publicó póstumamente veinte años después.

Esta novela se escribió en la época en la que estuvo de moda la novela gótica, que suele estar protagonizada por una muchacha bella, virtuosa y talentosa que se encuentra en grave peligro (un futuro casamiento forzoso, alguien que quiere eliminarla para hacerse con una gran fortuna…) y que tiene lugar en un castillo gótico en el que ocurren fenómenos espeluznantes y perturbadores. Sin embargo, La abadía de Northanger no es una novela gótica, sino una parodia de novela gótica, porque la autora juega con los tópicos del subgénero, retorciéndolos y modificándolos para (indudable) disfrute de aquéllos que estuviesen hasta las narices de las novelas de Ann Radcliffe, Horace Walpole y tantos otros.
 
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(The Mysteries of Udolpho, de Ann Radcliffe, está considerada la novela más famosa del subgénero gótico. Si un día la pillo, ya os contaré)

Como ya he dicho, la protagonista de la novela es Catherine Morland, una chica de diecisiete años extremadamente aficionada a las novelas góticas. Tras una vida plácida y feliz en el campo, es invitada por sus vecinos, el matrimonio Allen, a viajar a Bath y conocer un poco de mundo. En la ciudad, entabla amistad con los hermanos Thorpe (John e Isabella) y los hermanos Tilney (Henry y Eleanor) y se ve dividida entre hacer compañía a unos o a otros. Sin embargo, la ingenuidad de Catherine, más acostumbrada a los libros que a los enredos de sociedad, le impedirá ver las envidias, ambiciones y rivalidades que se gestan a su alrededor…
 
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De todas las novelas de Jane Austen, ésta fue la última que leí, ya que fue de las últimas en caer en mis manos (allá por la Navidad del 2010), pero la he disfrutado tanto como las otras, tanto por su trama como por el contraste que conforma tanto con las otras novelas de Jane Austen como con las novelas góticas (si bien lo único que he catado de este género ha sido Drácula y Frankenstein). Respecto a las primeras, se nota que el estilo de Jane es más optimista y alegre, más fresco. En cuanto a las segundas, se hace muy divertido ver cómo las cosas no son como debieran ser ya desde el principio, pues la autora ya nos presenta a la fantasiosa Catherine como una persona que lo tiene todo para no ser heroína de ninguna historia (vive con sus padres y un puñado de hermanos, es mala estudiante y físicamente, del montón bueno) y no para de desmontar tópicos góticos a lo largo de todo el libro. Además, cuando Catherine es invitada por los Tilney a la casa de éstos (una vieja abadía reconvertida en  mansión), se lleva un chasco detrás de otro al ver que la realidad no se corresponde con la ficción (para mí, el mejor momento es la escena de los papeles del armario, simplemente hilarante).
 
En mi opinión, la mejor forma de empezar con la novelas de Jane Austen es saboreando la historia de Catherine Morland, de su amor por la literatura (compartido por la inmensa mayoría de héroes y heroínas austenianos) y de la necesidad de aprender a vivir con los pies en la tierra y dejar las fantasías exclusivamente para los libros. Bien está perderse entre sus páginas, pero sin olvidar jamás que la fantasía termina cuando se cierra el libro, y después toca enfrentarse al mundo real.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

jueves, 19 de septiembre de 2013

¡Todas malditas, hasta la enésima generación!

¡Hola, Rebeldes! ¿Todo bien? Eso espero. Quizás hayáis reconocido en el título las últimas palabras (modificadas) de Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple. Quizás penséis, por eso mismo, que hoy toca hablar de alguna novela relacionada, de alguna forma, con los templarios.

Pero nada más lejos de la realidad; hoy vengo a hablaros de una novela de temática y protagonistas muy distintos: La casa de los amores imposibles (2010), de Cristina López Barrio. Me regalaron este libro en 2011 por mi cumpleaños, y no dejaré jamás de agradecérselo a mis amigas, porque tenía muchas ganas de hincarle el diente.

En este libro, cuya trama tiene lugar en un pueblecillo de Madrid, conocemos la historia de la familia Laguna, compuesta únicamente por mujeres. Desde hace siglos, éstas sufren una terrible maldición: están condenadas sufrir por causa de los hombres y a parir sólo hijas, que perpetuarán las desgracias familiares. Parece que no hay forma de cambiar esa situación… ¿O sí?

lacasa

A lo largo de esta novela, conocemos las vidas de cinco miembros de esta familia, con los que viajaremos por la Historia de España desde el siglo XIX hasta la Movida de los 80. Durante estos tumultuosos años, seremos testigos no sólo de los avatares de las Laguna, sino también, a través de sus ojos, de los cambios políticos que transcurren en el pueblo durante ese tiempo. Por otro lado, la narración se intercala de vez en cuando con un cuento con el aparentemente no tiene nada que ver, pero a medida que se lee el libro uno se da cuenta de que la relación entre ambos es mucho más estrecha de lo que parece.

Esta novela me ha impactado por su increíble estilo; la autora utiliza un lenguaje cargado de poesía, con el que hace que los actos más crudos y crueles parezcan casi caricias y las escenas de amor se hagan sublimes. Mi personaje favorito es Olvido, “la Laguna guapa”; luchadora y valiente, asume el papel de eje central entre los personajes del pasado remoto y los del pasado cercano. Además, su historia de amor con Esteban es profundamente conmovedora.

Por supuesto, termino esta entrada recomendándoos encarecidamente que no os perdáis este libro, pero también os doy un consejo: si se os ocurre una idea para escribir algo, aunque sea un relato corto, no perdáis el tiempo y poneos manos a la obra. Porque es posible que, en cualquier otro lugar del mundo, haya alguien a quien se le haya encendido la misma bombilla. Y eso es justo lo que me ha pasado con este libro.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 13 de mayo de 2012

De América a África en busca de las raíces familiares

¡Hola a todos, queridos Rebeldes! En primer lugar, pido perdón por el grandísimo lapso de silencio entre mi última actualización y ésta, pero he estado con mi último examen, papeleos varios y un intento de escribir una novela (si un día se publica, seréis los primeros en saberlo), y apenas he podido acercarme al blog. En segundo lugar, sé que, en teoría, ahora tocaría la entrada correspondiente a Las afinidades electivas, pero creo que voy a releerme el libro para escribir una entrada mejor (hace ya mucho que lo leí, y no me vendría mal recordar detalles), de modo que voy a pasar a los libros siguientes.

Así pues, hoy nos toca hablar de la novela Raíces (Roots; 1976), del estadounidense Alex Haley, que nos cuenta en sus páginas la historia de su familia materna desde el siglo XVIII hasta nuestros días. La historia comienza en Juffure, una pequeña aldea de Gambia, con el nacimiento de Kunta, primogénito de Omoro y Binta Kinte, ambos de etnia mandinka. Tras una infancia muy feliz junto a los suyos, Kunta es capturado, con apenas diecisiete años, por unos tratantes de esclavos que se lo llevan a América. Y a partir de aquí comienzan sus avatares y los de sus descendientes…

raiceslibro

Esta novela, de lectura obligada en EE.UU., vio la luz tras doce años de investigación por parte de Haley (fallecido en 1992), que desde niño escuchaba las historias que se contaban en su familia sobre sus antepasados lejanos, hasta llegar a uno al que llamaban “el africano”. Gracias a varias coincidencias más que afortunadas, no sólo descubrió la identidad de “el africano”, sino que también pudo conocer a sus parientes gambianos en sexto grado y devolverle a los afroamericanos el derecho a conocer su propia Historia, cruelmente robada y borrada; aquí debo destacar los continuos choques culturales entre Kunta, musulmán y fiel a sus raíces, y los demás esclavos, cristianos y totalmente aculturados.

Por otra parte, el inmenso éxito de este libro llevó a su adaptación en forma de miniserie (disponible en Youtube, por el momento), que también fue un bombazo en su momento; baste decir que toda una generación de niñas afroamericanas recibieron el nombre de Kizzy (no diré quién es por si no queréis spoilers). Sin embargo, la historia de Kunta y los suyos también ha encontrado escollos en su camino, como la censura y la prohibición durante el apartheid sudafricano y los sabotajes de una estatua de Haley con Kunta por parte del Ku Klux Klan.

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(Carátula de la miniserie)

En resumen, tenemos aquí un valioso testimonio histórico, fidelísimamente documentado, de la otra Historia de los EE.UU. A fin de cuentas, el país no sólo se levantó con la firma de documentos, luchas de indios y vaqueros y fiebres del oro, sino, sobre todo, con la sangre, el sudor y las lágrimas de miles de hombres y mujeres arrancados de sus hogares, despojados de su cultura y forzados a dejarse la piel de sol a sol.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 7 de mayo de 2011

Que toda la ponzoña hundida en el barro salga a la superficie

Aunque apenas se mencione esta frase, podemos considerarla como la “frase mágica” de Claudio, el dios, y su esposa Mesalina (Claudius, the God, and his Wife Messalina; 1938), segunda parte de Yo, Claudio. Los que leáis la entrada de la primera parte comprobaréis enseguida que conseguí el libro justo al día siguiente de escribir la entrada y dos días después de terminar de ver la serie, de modo que para mí fue una gran alegría encontrarlo.
 
Como ya hice con la primera parte, en la que presenté el estilo de Claudio y su carácter (no cambia en absoluto), presentaré la novela con su primera frase:
 
Han transcurrido dos años desde que terminé de escribir la larga historia de cómo yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, el tullido, el tartamudo, el tonto de la familia, a quien ninguno de sus ambiciosos y sanguinarios parientes consideraba digno de la molestia de ejecutar, envenenar, obligar a suicidarse, desterrar a una isla desierta o matar de hambre –que fueron las maneras en que se eliminaron los unos a los otros–, los sobreviví a todos, incluso a mi loco sobrino Cayo Calígula, y de cómo un día fui aclamado inesperadamente emperador emperador por los cabos y sargentos de la guardia de palacio.
(Traducción de Floreal Mazía. Edhasa, 2008)
 
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(Ésta no es la portada de la edición que leí, me ha sido imposible encontrarla)
 
Esta novela comienza, a pesar de lo que nos señala su primera frase, justo donde acaba la segunda, y concluye con el final de la vida de Claudio. Pero no sólo se nos narra la continuación de la vida de Claudio, sino que Graves incluye en Claudio, el dios varios textos más. Entre ellos, a través de la pluma de Claudio, la historia del íntimo amigo de éste, el rey judío Herodes Agripa (marrullero y alegre; me había olvidado por completo de él en la crítica anterior), desde su infancia hasta su muerte, además de algunos poemas y textos paródicos sobre la deificación (o “calabacificación”) de Claudio a modo de epílogo.
 
Tampoco han cambiado mis gustos respecto a los personajes, aunque por cortesía a mi querida amiga Nobody he cambiado los grupos de “buenos y malos” por “cuerdos y desquiciados”. Una acertadísima sugerencia por su parte, pues según un dicho mencionado en ambas novelas el árbol de los Claudios produce dos tipos de manzanas, dulces y amargas. Sin embargo, hay una manzana que he de calificar como agridulce, y que lamentablemente me dejé en el tintero la otra vez. Se trata de Antonia la Menor, la madre de Claudio.
 
Antonia, hija de Marco Antonio, es un personaje con el que tengo una relación ambivalente. Por un lado, se trata de una mujer de firmes principios y recta conducta, totalmente carente de ambiciones y tan respetable que nadie se atreve a ponerle una mano encima (un verdadero milagro en una época en la que todo el mundo se lleva por delante a quien estorba). En definitiva, una matrona romana de los pies a la cabeza, admirada por todos por su entereza y su integridad. Pero, por el otro lado, es una mujer que siempre trata con incomprensión y muy poca paciencia a su hijo menor, tachándolo de “imbécil”, “idiota” y demás sinónimos. En parte comprendo que se sienta frustrada porque Claudio no parezca tan listo ni tan fuerte como sus hermanos o sus primos, pero a veces Antonia llega a ser muy cruel. Por este motivo, me siento realmente dividida ante este personaje, pues sus virtudes y sus defectos van a la par.
 
En resumidas cuentas, si os gustó Yo, Claudio, y os quedasteis con ganas de saber más sobre este emperador y sus avatares, os aseguro que Claudio, el dios cumple con las expectativas de los lectores.
Por cierto, una última anécdota antes de que se me olvide: Graves tenía una casa en Mallorca, y estando allí recibió los vídeos de los capítulos de la serie. ¿Sabéis qué dijo tras verlos? “A Claudio le habría gustado”.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

viernes, 29 de abril de 2011

Milana bonita…

No me cabe duda de que con este título reconoceréis enseguida la “frase mágica” del tierno Azarías, personaje principal de Los santos inocentes (1982), de Miguel Delibes. Leí esta novela el verano pasado, a la muerte de su autor (y eso que el libro está en mi casa desde antes de que yo naciera, junto con El camino y Las ratas…) y después de haber visto la película. Tanto uno como otra me impactaron profundamente.

La historia transcurre en el cortijo de una marquesa en los años 60. Paco, el Bajo, y Régula, su esposa, son los porteros del cortijo y malviven en su choza junto con sus cuatro hijos. Azarías, hermano de Régula y dotado de una leve discapacidad psíquica, trabaja en un cortijo próximo cuidando de los animales; en especial de los pájaros, a los que invariablemente llama “milana bonita” (sobre todo al viejo búho Gran Duque). Sin embargo, Azarías es despedido por su edad avanzada y sus extrañas y antihigiénicas costumbres, y tiene que ser acogido por su hermana.

A lo largo de los seis capítulos y las poco más de cien páginas, seremos testigos de las diferencias abismales entre el lujo de la marquesa y su familia y la miseria de Paco y los suyos, junto con las crueldades e indiferencias de los primeros por los segundos…

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No he podido encontrar la portada de la edición que leí (una muy antigua de Cïrculo de Lectores que mostraba un dibujo de Azarías con la “milana”), de modo que pongo una portada moderna que, al menos en mi opinión, refleja bastante bien el espíritu del libro. Y abajo, una imagen de la adaptación cinematográfica.

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Ante vosotros, la humilde familia de Paco, el Bajo, tal y como nos la representa Mario Camus en su película. De izda. a dcha., Quirce, Nieves, Régula con la Niña Chica en brazos, Paco y Azarías con la grajilla (su nueva “milana”) en el hombro.

Los santos inocentes tiene un estilo muy peculiar; la narración se dispone en forma de largos párrafos sin apenas conjunciones entre sí, pero se unen a los párrafos siguientes (incluidas las partes dialogadas) con conjunciones solitarias. Imagino que Delibes trata de darle un ritmo estudiadamente desordenado a la novela, para mostrarnos a los personajes y su mundo con las palabras de alguien de origen humilde (Azarías o Paco) que se aturrulla al hablar, que quiere contar muchas cosas y explicarlo todo a la vez, tanto la trama como el contexto y las circunstancias de todos los personajes; gracias a eso, podemos conocer prácticamente todo de ellos.

El libro trata de forma implícita una buena cantidad de temas, pero debo destacar la relación entre el hombre y la naturaleza, puesto que esta última adquiere un papel cuasi-protagonista. Para empezar, el libro está dedicado nada menos que a Félix Rodríguez de la Fuente, buen amigo de Delibes, que ya había fallecido por aquel entonces. Dicha relación hombre-naturaleza aparece plasmada en tres grados: uno máximo, representado por Azarías (un “buen salvaje” a la española); uno intermedio, en el que están los campesinos (quieren a su tierra, que les da el sustento, pero no la aman con el fervor de Azarías); y uno mínimo simbolizado por la marquesa y su familia (sobre todo el señorito Iván, obsesionado con cazar todo el santo día), que son gente de ciudad.

Por otro lado, considero que hablar de esta novela, posiblemente la más popular de Delibes, implica forzosamente (aunque mi blog sea de carácter literario) hablar también de su estupenda adaptación cinematográfica por Camus, aunque se tomó un par de libertades. En primer lugar, Paco y Régula tienen tres hijos. El más pequeño, Rogelio, fue suprimido de la adaptación cinematográfica por su escaso peso en la novela. En segundo lugar, la trama de película transcurre en clave de flash-back: podemos ver a Paco y Régula viviendo en una choza perdida en el campo mientras que Quirce y Nieves han emigrado a la ciudad, y con el hijo varón como hilo conductor, reconstruimos la historia. Por lo demás, la adaptación es muy fiel, y las interpretaciones magníficas.

En fin, queridos Rebeldes, podemos ver que hoy ha tocado recomendar tanto una novela como su película homónima. Considero que Azarías es un personaje que merece ser conocido y querido por los lectores. De hecho, se me ha pegado la frase “Milana bonita”…, y me he propuesto salir algún día al monte a “correr el cárabo”, por lo menos una vez en mi vida. ¿Que qué es “correr el cárabo”? Si queréis saberlo, leeos este libro.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 24 de septiembre de 2010

Más vale libertino conocido que seductora por conocer

Con este título me refiero al Vizconde de Valmont y a la Marquesa de Merteuil, figuras cumbre de Las amistades peligrosas (Les Liaisons Dangereuses; 1782), del militar francés Pierre Choderlos de Laclos. Llevaba mucho tiempo deseando leer esta novela, y por fin tuve la oportunidad de hacerlo cuando en una asignatura la profesora nos mandó traducir fragmentos de novelas y poemas franceses. Pedí que me dejase trabajar con este libro, y así conseguí que cayese en mis manos.

Asumiendo el papel de editor, Laclos nos narra en esta novela epistolar los fraudes y tejemanejes de los mencionados nobles, manipuladores y disolutos, si bien ella debe ocultar esta faceta por su condición de mujer. Cuando un ex-amante de la viuda Merteuil vaya a casarse con la joven Cécile Volanges, hija de una prima lejana de la Marquesa, ésta le pedirá a Valmont que seduzca y corrompa a la futura novia mientras finge ayudarla en sus amores con el caballero Danceny. Sin embargo, Valmont tiene entre manos un reto mucho más difícil e interesante: seducir a la virtuosa Presidenta de Tourvel, una dama burguesa felizmente casada y muy religiosa. Cuando ambos retos se unan, el caos y el escándalo estarán servidos…

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Cuando Laclos comenzó a escribir Las amistades peligrosas, comentó que iba a crear una obra que hiciera ruido, que causara conmoción mientras viviera y siguiera haciéndolo después de su muerte. Y lo consiguió con creces: adornada con ilustraciones muy adecuadas, desde su publicación le llovieron las alabanzas, pero también los vituperios por parte de los sectores más conservadores y, naturalmente, la alta nobleza satirizada en la novela. Esta obra se enmarca en la novela libertina del siglo XVIII, en la que los personajes olvidan cualquier sentimiento de piedad religiosa o decoro y recurren a toda clase de artimañas y manipulaciones para lograr sus fines.

Por otro lado, Laclos rompe el molde del modelo femenino de esta corriente literaria (mujeres virtuosas pero corruptibles, como la Presidenta de Tourvel) para crear un modelo de mujer corruptora; es admirable la carta LXXXI, en la que la Marquesa relata al Vizconde su propia adolescencia y sus inicios como amante y seductora. Sin embargo, y pese al carácter un tanto impúdico de la novela, presenta una finalidad claramente moralizante: es necesario tener cuidado con la influencia que posee la gente sobre nosotros, pues hasta la persona que parece más decente y respetable puede ocultar tras su fachada un álter ego maquiavélico y cruel.

La novela ha sido llevada a la gran pantalla en algunas ocasiones con mayor o menor fidelidad al libro, que también ha inspirado un par de series televisivas. Las adaptaciones más conocidas son la película homónima de 1988, Valmont (1989) y Crueles intenciones, de 2003.

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Me he sentido muy tentada de incluir en la entrada el tráiler de la primera de las películas que he citado (es la única que he visto, y no está nada mal), pero prefiero poner el cartel en su lugar para no adelantaros demasiados hechos de la obra (como podéis ver, el reparto no es moco de pavo). De los personajes de la obra, me quedo con el trío protagonista (una noble de alta cuna sin escrúpulos, un seductor con algo de corazón y una dama decente con muy mala suerte), además de la anciana Madame de Rosemonde, la amable y comprensiva tía de Valmont.

Debo añadir como última observación que, por desgracia, hoy casi nunca se recuerda esta novela por su ironía, su sátira social y mucho menos su finalidad moral, sino que sólo se menciona su parte carnal y se habla de ella como una novela erótica, en el mejor de los casos. Así pues, si alguna vez coincidís con este libro, intentad no dejaros llevar por su parte carnal; antes bien tratad de concentraros en las urdimbres de la terrible pareja. Y por supuesto, mucho cuidado con las influencias ajenas…

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

lunes, 23 de agosto de 2010

Especial Verano 2010 (V): Manolito Gafotas

¡Hola a todos! Para no perder la costumbre con el Especial Verano 2010, hoy os recomiendo ni más ni menos que una saga entera de libros: los siete desternillantes tomos protagonizados por Manolito Gafotas, personaje creado por la gaditana Elvira Lindo. Curiosamente, Manolito no nació en los libros, sino en la radio, donde su propia autora le prestaba voz. Y de ahí al papel sólo había un paso.

Toda la saga de Manolito está narrada en primera persona, ya que el protagonista tiene mucho que contar de su vida en el barrio de Carabanchel (Alto) y de la gente que le rodea.

El primer libro, Manolito Gafotas (1994), nos presenta al personaje, a sus amigos (el Orejones López, Susana Bragas-Sucias y demás) y a su familia: sus padres (Manolo, camionero; Catalina, ama de casa), su adorado abuelo Nicolás y su hermano “El Imbécil” (siempre lo llama así porque nunca recuerda su nombre; no es ningún insulto); además de relatarnos algunas anécdotas sobre su vida y el poco caso que le hacen.

En Pobre Manolito (1995), somos testigos de cómo a este pequeño charlatán se le fastidian las vacaciones de verano por un doloroso suspenso en Mates y, entre otras cosas, de los peligros de colaborar con los amigos en un robo…

¡Cómo molo! (Otra de Manolito Gafotas) es de 1996. Manolito está de vacaciones, pero no le resultarán del todo tranquilas debido a un grave percance en la piscina del barrio. Por si fuera poco, el Imbécil irá al colegio en septiembre, y Manolito tendrá que hacer de mediador entre él y su guapa profesora…

Los trapos sucios de Manolito Gafotas (1997) es el cuarto tomo de la saga, en el que la niña nueva de la clase, Melody Martínez, se enamorará de Manolito hasta el punto de defenderlo de Yihad, el matón de la clase. Y cuando llegue la Navidad a Carabanchel, a Manolito le esperarán momentos muy divertidos, pero también alguno muy humillante y un tremendo susto…

todalasaga

En Manolito on the Road (1998), al ver que Catalina no puede con los niños, la casa y el abuelo a la vez, el padre de nuestro protagonista se lo llevará en el camión. Padre e hijo vivirán muy buenos momentos en la carretera, pero también se llevarán algún mal trago por el camino…

Yo y el Imbécil (1999) narra cómo Manolito y su hermano se las tienen que apañar cuando al abuelo Nicolás lo llevan a operar de la próstata. Con el abuelo en el hospital y mamá haciéndole compañía, los dos niños quedarán a cargo de su vecina la Luisa, a la que le darán más de un quebradero de cabeza…

Manolito tiene un secreto (2002) es el tomo más corto de la saga. El colegio Diego Velázquez, al que van Manolito, sus amigos y el Imbécil, prepara una gran actuación navideña ante la próxima visita del alcalde. Por otro lado, Manolito descubre en casa un secreto que tendrá una gran importancia…

Este último libro tiene un final muy prometedor por el secreto al que se refiere; de hecho, la autora declaró que en el próximo libro tendría mucho más protagonismo el Imbécil que Manolito, pero ya estamos en 2010 y no hay rastro de ese futuro libro (todo lo más, un volumen titulado Todo Manolito que contiene los siete libros juntos). De todas formas, sé perfectamente que esta saga arrancará carcajadas con cada frase de Manolito y sonrisas con los omnipresentes dibujos de Emilio Urberuaga (ilustrador de todos los libros en todas sus ediciones y buen amigo de Elvira Lindo).

Los libros han sido llevados a la gran pantalla en dos ocasiones (1999 y 2001) y a la pequeña pantalla en forma de serie (2004) en la que repiten papel algunos de los actores de la primera película. La primera película, homónima del primer tomo, se inspira en el quinto libro, aunque también incluye detalles de los tomos anteriores, especialmente el segundo. En cuanto a la segunda, Manolito Gafotas: ¡Mola ser jefe!, se inspira en el tercer y el cuarto tomos. Personalmente, considero que la primera película es la más fiel a la obra tanto en la ambientación como en los personajes (físico y personalidad). Respecto a la serie, que entremezcla historias de todos los libros, plasma muy bien la saga, aunque sólo tuvo una temporada y no muy buenas críticas en televisión.

Es fácil darse cuenta de que me es imposible elegir un tomo favorito, porque todos tienen anécdotas hilarantes (y también alguna tristona) de la vida de Manolito y los líos en que se mete. Con los personajes lo tengo más claro: aparte de (evidentemente) Manolito, el Imbécil (con su chupete y hablando de sí mismo como “El nene”), el abuelo Nicolás (tan bondadoso y paciente), Catalina (que tiene muy mal carácter pero que es una pobre mujer, al fin y al cabo) y la Sita Asunción (profesora de Manolito; siempre llama “delincuentes” a sus alumnos, pero los adora).

Después de la entrada más larga hasta ahora en lo que va de blog, creo que va siendo hora de ir a buscar estos libros con los que podréis pasar (aunque las vacaciones vayan terminando) unas divertidas tardes de verano (se leen rapidísimo) conociendo los avatares de Manuel García Moreno. Pero no preguntéis por él por su nombre completo, que nadie lo conoce así por su barrio.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 15 de agosto de 2010

Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas…

…o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros.

Estos versos pertenecen a un poema titulado Kabul, escrito en el siglo XVII por el poeta persa Saib-e-Tabrizi, e inspiraron a Khaled Hosseini el título de Mil soles espléndidos (A Thousand Splendid Suns), su segunda novela, escrita en 2007. Esta segunda obra no sólo tuvo una recepción magnífica, sino que superó con creces el éxito fulgurante de Cometas en el cielo.

Esta vez, Hosseini nos trae una historia de dos mujeres. Por un lado, tenemos a Mariam, hija ilegítima de Yalil, un rico empresario de Herat. Sueña con ser aceptada por su padre, pero éste la obliga a casarse a los quince años con Rashid, un zapatero kabulí treinta años mayor que ella que al principio se mostrará amable con Mariam pero después la maltratará cruelmente.

Por otro lado, casi treinta años después, tenemos a Laila, una joven de catorce años que pierde a sus padres y que se convertirá en la segunda esposa de Rashid. La hostilidad que surge al principio entre ambas mujeres pronto se convertirá en una fortísima amistad, casi un vínculo materno-filial, que las ayudará a enfrentarse a la adversidad tanto fuera como dentro de casa…

milsoles

En esta novela, Hosseini no pierde ni pizca del estilo (las palabras y expresiones en farsi siguen ahí) y de la temática que lo catapultaron a la fama. Y ello se agradece sinceramente, pues Mil soles espléndidos es una obra tan desgarradora por las crueldades que retrata como conmovedora por las bondades que en ella se describen. A lo largo de los gobiernos que se suceden en la novela (monarquía, república, ocupación soviética, enfrentamiento con los muyahidines y alzamiento talibán), el lector puede disfrutar de un abanico de personajes amplísimo; entre mis favoritos, aparte de (por supuesto) Mariam y Laila, incluyo a Tariq, Hakim, Aziza y el señor Yamal.

No me cabe la menor duda de que Mil soles espléndidos no defraudará a los fans de Hosseini, aunque las dos novelas del autor pecan de ser (si hay que buscárseles algún defecto) un poco previsibles. Sin embargo, una vez más debo decir Tashakor, Hosseini sahib.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros