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jueves, 19 de septiembre de 2013

¡Todas malditas, hasta la enésima generación!

¡Hola, Rebeldes! ¿Todo bien? Eso espero. Quizás hayáis reconocido en el título las últimas palabras (modificadas) de Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple. Quizás penséis, por eso mismo, que hoy toca hablar de alguna novela relacionada, de alguna forma, con los templarios.

Pero nada más lejos de la realidad; hoy vengo a hablaros de una novela de temática y protagonistas muy distintos: La casa de los amores imposibles (2010), de Cristina López Barrio. Me regalaron este libro en 2011 por mi cumpleaños, y no dejaré jamás de agradecérselo a mis amigas, porque tenía muchas ganas de hincarle el diente.

En este libro, cuya trama tiene lugar en un pueblecillo de Madrid, conocemos la historia de la familia Laguna, compuesta únicamente por mujeres. Desde hace siglos, éstas sufren una terrible maldición: están condenadas sufrir por causa de los hombres y a parir sólo hijas, que perpetuarán las desgracias familiares. Parece que no hay forma de cambiar esa situación… ¿O sí?

lacasa

A lo largo de esta novela, conocemos las vidas de cinco miembros de esta familia, con los que viajaremos por la Historia de España desde el siglo XIX hasta la Movida de los 80. Durante estos tumultuosos años, seremos testigos no sólo de los avatares de las Laguna, sino también, a través de sus ojos, de los cambios políticos que transcurren en el pueblo durante ese tiempo. Por otro lado, la narración se intercala de vez en cuando con un cuento con el aparentemente no tiene nada que ver, pero a medida que se lee el libro uno se da cuenta de que la relación entre ambos es mucho más estrecha de lo que parece.

Esta novela me ha impactado por su increíble estilo; la autora utiliza un lenguaje cargado de poesía, con el que hace que los actos más crudos y crueles parezcan casi caricias y las escenas de amor se hagan sublimes. Mi personaje favorito es Olvido, “la Laguna guapa”; luchadora y valiente, asume el papel de eje central entre los personajes del pasado remoto y los del pasado cercano. Además, su historia de amor con Esteban es profundamente conmovedora.

Por supuesto, termino esta entrada recomendándoos encarecidamente que no os perdáis este libro, pero también os doy un consejo: si se os ocurre una idea para escribir algo, aunque sea un relato corto, no perdáis el tiempo y poneos manos a la obra. Porque es posible que, en cualquier otro lugar del mundo, haya alguien a quien se le haya encendido la misma bombilla. Y eso es justo lo que me ha pasado con este libro.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 13 de mayo de 2012

De América a África en busca de las raíces familiares

¡Hola a todos, queridos Rebeldes! En primer lugar, pido perdón por el grandísimo lapso de silencio entre mi última actualización y ésta, pero he estado con mi último examen, papeleos varios y un intento de escribir una novela (si un día se publica, seréis los primeros en saberlo), y apenas he podido acercarme al blog. En segundo lugar, sé que, en teoría, ahora tocaría la entrada correspondiente a Las afinidades electivas, pero creo que voy a releerme el libro para escribir una entrada mejor (hace ya mucho que lo leí, y no me vendría mal recordar detalles), de modo que voy a pasar a los libros siguientes.

Así pues, hoy nos toca hablar de la novela Raíces (Roots; 1976), del estadounidense Alex Haley, que nos cuenta en sus páginas la historia de su familia materna desde el siglo XVIII hasta nuestros días. La historia comienza en Juffure, una pequeña aldea de Gambia, con el nacimiento de Kunta, primogénito de Omoro y Binta Kinte, ambos de etnia mandinka. Tras una infancia muy feliz junto a los suyos, Kunta es capturado, con apenas diecisiete años, por unos tratantes de esclavos que se lo llevan a América. Y a partir de aquí comienzan sus avatares y los de sus descendientes…

raiceslibro

Esta novela, de lectura obligada en EE.UU., vio la luz tras doce años de investigación por parte de Haley (fallecido en 1992), que desde niño escuchaba las historias que se contaban en su familia sobre sus antepasados lejanos, hasta llegar a uno al que llamaban “el africano”. Gracias a varias coincidencias más que afortunadas, no sólo descubrió la identidad de “el africano”, sino que también pudo conocer a sus parientes gambianos en sexto grado y devolverle a los afroamericanos el derecho a conocer su propia Historia, cruelmente robada y borrada; aquí debo destacar los continuos choques culturales entre Kunta, musulmán y fiel a sus raíces, y los demás esclavos, cristianos y totalmente aculturados.

Por otra parte, el inmenso éxito de este libro llevó a su adaptación en forma de miniserie (disponible en Youtube, por el momento), que también fue un bombazo en su momento; baste decir que toda una generación de niñas afroamericanas recibieron el nombre de Kizzy (no diré quién es por si no queréis spoilers). Sin embargo, la historia de Kunta y los suyos también ha encontrado escollos en su camino, como la censura y la prohibición durante el apartheid sudafricano y los sabotajes de una estatua de Haley con Kunta por parte del Ku Klux Klan.

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(Carátula de la miniserie)

En resumen, tenemos aquí un valioso testimonio histórico, fidelísimamente documentado, de la otra Historia de los EE.UU. A fin de cuentas, el país no sólo se levantó con la firma de documentos, luchas de indios y vaqueros y fiebres del oro, sino, sobre todo, con la sangre, el sudor y las lágrimas de miles de hombres y mujeres arrancados de sus hogares, despojados de su cultura y forzados a dejarse la piel de sol a sol.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 8 de noviembre de 2011

Cuando el amor y la naturaleza se entrelazan

¡Hola a todos! Ya sé que llevo mucho tiempo sin escribir por aquí, pero ello se debe a ciertos problemas burocráticos con mi facultad que me han apartado durante bastante tiempo del blog, hasta el punto de que ni siquiera he podido celebrar el tercer aniversario del blog como es debido. Lo lamento de veras.

Pocos libros describen la naturaleza como mi nueva recomendación, Un viejo que leía novelas de amor (1988), del chileno Luis Sepúlveda, de quien ya recomendé otra novela hace poco. Llevaba años queriendo leer este libro, y las pasadas navidades los Reyes Magos por fin me dieron la oportunidad.

A lo largo de su vida, el protagonista de la novela, Antonio José Bolívar Proaño, ha convivido tanto con los hombres autodenominados “civilizados” como con los indios shuar (más conocidos como “jíbaros” por aquí) y se desenvuelve sin problemas con unos y otros. Sin embargo, son los segundos quienes le han enseñado todos los secretos y las reglas de la selva amazónica, mientras que los primeros sólo saben explotarla y aniquilarla. Mientras tanto, en sus largos ratos en soledad, nuestro protagonista se recrea con hermosas historias de amor…

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Cartel de la película (por desgracia, no he tenido oportunidad de verla)

Esta novela, igual que Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, tiene un mensaje ecologista patente, pero, en el caso del libro que hoy nos concierne, el mensaje es mucho más intenso (se define al desierto como “el gran invento del hombre moderno”), un verdadero canto de amor a la naturaleza. Bolívar Proaño ama como a una madre a la selva y a los que la componen; Sepúlveda entrelaza los nombres de las plantas y animales en larguísimas enumeraciones, que hacen que nos imaginemos en toda su gloria el espeso follaje, las fieras al acecho, los cálidos monzones, los pájaros llenando de alboroto los árboles… En definitiva, la selva, convertida en un personaje más. Bolívar Proaño es un ejemplo del “buen salvaje”, sólo que a la inversa: se crió en el mundo civilizado y, tras diversas vicisitudes, se pasó al lado de la naturaleza, aunque sin terminar de perder el contacto con sus orígenes.

Creo que todos los grandes amantes de la naturaleza disfrutarán esta novela intensamente y, con una pizca de imaginación, se trasladarán junto a Bolívar Proaño en las cacerías y expediciones.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 19 de agosto de 2011

¿Remover o no remover el pasado?

A mediados de julio, se celebró una penosa efeméride para la Historia de España: hace 75 años, un 18 de julio de 1936, estalló la Guerra Civil, en la que, como ya dije hace tiempo, sólo hubo víctimas y verdugos a partes iguales en ambos bandos. Pues bien, han pasado ya tres cuartos de siglo y todavía seguimos divididos cuando recordamos esos tiempos, especialmente entre los que quieren hacer justicia y los que prefieren, simplemente, pasar página y olvidar. Personalmente, aunque tengo familia de ambos bandos, me pongo de parte de los primeros, pues muchos de ellos ansían, al menos, buscar y encontrar los restos de los seres queridos que perdieron en el conflicto y darles un entierro digno.

En Francia ocurre algo muy parecido con la 2ª Guerra Mundial, ya que la tierra de la Libertad, Igualdad y Fraternidad fue conquistada por los nazis, y la capital gala vivió un episodio verdaderamente oscuro: el 16 de julio de 1942, hubo una redada en la que trece mil judíos fueron arrestados, encerrados durante días, sin comida ni agua, en el Velódromo de Invierno (popularmente conocido como Vel d’Hiv) de París y finalmente conducidos a diferentes campos de concentración dentro y fuera del país. Como ya imaginaréis, muy pocos lograron escapar y vivir para contarlo.

Y de aquí parte la trama de mi nueva recomendación: La llave de Sarah (Elle s’appelait Sarah; 2007), de la francesa Tatiana de Rosnay. La pequeña Sarah Starzynski, de diez años, es arrestada junto con sus padres, pero antes de salir de casa encierra bajo llave en un armario a su hermanito, Michel, prometiéndole volver a buscarlo.

Sesenta años después, Julia Jarmond, una periodista estadounidense casada con un francés, prepara un reportaje en conmemoración de la redada, y empieza a vislumbrar un vínculo estremecedor entre los Starzynski y su propia familia política…

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Portada del libro, inspirada en el cartel de la película (no la he visto)

Esta novela resultó un gran descubrimiento para mí, porque me ha dado a conocer la existencia de un hecho histórico que, dentro del holocausto nazi, desconocía totalmente, pero me ha sorprendido ver cómo tantas personas prefieren dar la espalda al pasado (sobre todo Bertrand y Edouard, el marido y el suegro de Julia), escudándose en que es algo ya muy antiguo y que no merece la pena recordar. Sinceramente, pensaba que los franceses eran más celosos de su pasado y de su historia que nosotros, pero la redada del Vel d’Hiv parece ser un trapo sucio muy desagradable de rememorar…

Por otro lado, en esta dicotomía sobre hurgar o no en los dolorosos tiempos pretéritos, la autora perfila todos los personajes con virtudes e imperfecciones que, dentro de la trama principal y en las secundarias, determinan a la perfección el carácter de los personajes y sus actitudes: el egoísmo, en diferentes formas (digo esto por un motivo muy especial relacionado con Julia y su marido); la valentía, encarnada totalmente en Sarah (dispuesta a rescatar a su hermano) y en Julia (decidida a desvelar la verdad aun a costa de hacer mucho daño); los remordimientos (en especial Edouard).

Por lo demás, esta novela me ha gustado bastante, aunque la conclusión me decepcionó un poco porque esperaba que dos personajes acabasen emparejados, aunque la autora lo deja lo suficientemente abierto para la imaginación del lector.

Finalmente, sólo me resta añadir unas palabras en hebreo antiguo que espero que resuman la actitud del libro en cuanto al Holocausto, pero que también pueden aplicarse perfectamente a nuestra propia guerra y, para qué negarlo, cualquier conflicto:

Zakhor, Al Tichkah.

(“Recordar, nunca olvidar”)

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 7 de mayo de 2011

Que toda la ponzoña hundida en el barro salga a la superficie

Aunque apenas se mencione esta frase, podemos considerarla como la “frase mágica” de Claudio, el dios, y su esposa Mesalina (Claudius, the God, and his Wife Messalina; 1938), segunda parte de Yo, Claudio. Los que leáis la entrada de la primera parte comprobaréis enseguida que conseguí el libro justo al día siguiente de escribir la entrada y dos días después de terminar de ver la serie, de modo que para mí fue una gran alegría encontrarlo.
 
Como ya hice con la primera parte, en la que presenté el estilo de Claudio y su carácter (no cambia en absoluto), presentaré la novela con su primera frase:
 
Han transcurrido dos años desde que terminé de escribir la larga historia de cómo yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, el tullido, el tartamudo, el tonto de la familia, a quien ninguno de sus ambiciosos y sanguinarios parientes consideraba digno de la molestia de ejecutar, envenenar, obligar a suicidarse, desterrar a una isla desierta o matar de hambre –que fueron las maneras en que se eliminaron los unos a los otros–, los sobreviví a todos, incluso a mi loco sobrino Cayo Calígula, y de cómo un día fui aclamado inesperadamente emperador emperador por los cabos y sargentos de la guardia de palacio.
(Traducción de Floreal Mazía. Edhasa, 2008)
 
claudioeldios
(Ésta no es la portada de la edición que leí, me ha sido imposible encontrarla)
 
Esta novela comienza, a pesar de lo que nos señala su primera frase, justo donde acaba la segunda, y concluye con el final de la vida de Claudio. Pero no sólo se nos narra la continuación de la vida de Claudio, sino que Graves incluye en Claudio, el dios varios textos más. Entre ellos, a través de la pluma de Claudio, la historia del íntimo amigo de éste, el rey judío Herodes Agripa (marrullero y alegre; me había olvidado por completo de él en la crítica anterior), desde su infancia hasta su muerte, además de algunos poemas y textos paródicos sobre la deificación (o “calabacificación”) de Claudio a modo de epílogo.
 
Tampoco han cambiado mis gustos respecto a los personajes, aunque por cortesía a mi querida amiga Nobody he cambiado los grupos de “buenos y malos” por “cuerdos y desquiciados”. Una acertadísima sugerencia por su parte, pues según un dicho mencionado en ambas novelas el árbol de los Claudios produce dos tipos de manzanas, dulces y amargas. Sin embargo, hay una manzana que he de calificar como agridulce, y que lamentablemente me dejé en el tintero la otra vez. Se trata de Antonia la Menor, la madre de Claudio.
 
Antonia, hija de Marco Antonio, es un personaje con el que tengo una relación ambivalente. Por un lado, se trata de una mujer de firmes principios y recta conducta, totalmente carente de ambiciones y tan respetable que nadie se atreve a ponerle una mano encima (un verdadero milagro en una época en la que todo el mundo se lleva por delante a quien estorba). En definitiva, una matrona romana de los pies a la cabeza, admirada por todos por su entereza y su integridad. Pero, por el otro lado, es una mujer que siempre trata con incomprensión y muy poca paciencia a su hijo menor, tachándolo de “imbécil”, “idiota” y demás sinónimos. En parte comprendo que se sienta frustrada porque Claudio no parezca tan listo ni tan fuerte como sus hermanos o sus primos, pero a veces Antonia llega a ser muy cruel. Por este motivo, me siento realmente dividida ante este personaje, pues sus virtudes y sus defectos van a la par.
 
En resumidas cuentas, si os gustó Yo, Claudio, y os quedasteis con ganas de saber más sobre este emperador y sus avatares, os aseguro que Claudio, el dios cumple con las expectativas de los lectores.
Por cierto, una última anécdota antes de que se me olvide: Graves tenía una casa en Mallorca, y estando allí recibió los vídeos de los capítulos de la serie. ¿Sabéis qué dijo tras verlos? “A Claudio le habría gustado”.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

lunes, 3 de enero de 2011

Escuchad. Dejad que os cuente una historia…

Pero primero que nada, debo desearos a todos, queridos Rebeldes, una Feliz Navidad y un Feliz Año 2011, esperando que tengáis un año aún mejor que el anterior y muy abundante en libros y lecturas.

En cuanto al título de la entrada, así comienza El contador de historias (The Hakawati), de Rabih Alameddine (2008). Esta novela me cayó como regalo de Reyes en 2010 (a decir verdad, la había pedido el año anterior, pero no pudo ser), pero como tenía bastante lectura atrasada, terminé leyéndomela en verano. Aunque para ser exactos, la cita completa es así:

“Escuchad. Dejad que sea vuestro dios. Dejad que os guíe en un viaje hasta los confines de la imaginación. Dejad que os cuente una historia.”

Osama al-Jarrat vuelve a su Líbano natal para visitar a su padre moribundo en el hospital. El regreso a su país de origen le traerá miles de recuerdos sobre su propia infancia y sobre su abuelo Ismail, gran hakawati o narrador de historias (más o menos lo que aquí es un cuentacuentos). Los recuerdos del pasado se entremezclarán con el presente, con la historia de Fátima, que busca un remedio para que el sultán y su esposa tengan un varón, y con la historia del héroe Baybars y sus aventuras…

elcontador

En mi opinión, la portada del libro refleja maravillosamente su estructura, un conjunto de múltiples hilos multicolores que se entrelazan entre sí para conformar el dibujo de una gran alfombra persa. Y desde luego, no faltan entrelazados, incluidos el relato bíblico del nacimiento de Ismael, hijo ilegítimo de Abraham igual que lo fue el abuelo de Osama de su propio padre (además, no podemos olvidar que, según una tradición, los musulmanes descienden de Ismael). Por otra parte, Alameddine entremezcla de forma fabulosa la historia y el cuento, llegando incluso a la mise en abîme, es decir, contar una historia dentro de otra (por ejemplo, el sultán le relata a su esposa la historia de Baybars).

Es obvio que el autor ha bebido de numerosas fuentes para crear su obra (sobre todo para la parte más “fantasiosa”), pero merece la pena citar algunas.

  • Fuentes religiosas. El Corán y la Biblia, especialmente esta última, suponen dos fuentes muy valiosas. Alameddine se inspira particularmente en el Génesis, cuya historia cuenta dando protagonismo a Ismael y a su madre, la esclava Agar. También se inspira en la Biblia para ponerles los nombres de patriarcas y profetas bíblicos a los siete diablillos de colores que acompañan a Fátima.
  • Historias y cuentos tradicionales. De este segundo grupo, la palma se la llevan Las mil y una noches. Podemos ver claras influencias de Simbad, Aladino y otros héroes populares en el personaje de Baybars.
  • Homero. Los combates singulares de la Ilíada sirven de inspiración a Alameddine para las batallas de Baybars y sus compañeros o la lucha de Fátima y los diablillos contra el rey Kade y su ejército.
  • Ovidio. Las Metamorfosis del poeta latino también son de destacar por su importancia, ya que no faltan las transformaciones de personajes en animales o en monstruos.
  • Geoffrey Chaucer. Autor de los Cuentos de Canterbury, su obra no sólo tampoco se queda atrás en inspirar al autor, sino que además su influencia se entrelaza con la de Las mil y una noches, pues durante siete noches, el bandido Jayal trata de seducir con cuentos a Yawad, criado de Fátima.

Evidentemente, a todo esto hay que añadir la historia del propio Líbano, junto con la influencia de la propia familia de Alameddine. Osama y el autor se parecen en muchos aspectos, pero este último deja claro que “los al-Jarrat no son los Alameddine”.

En cuanto a los personajes, es innegable que cada uno tiene un matiz que lo hace especial; Alameddine hace que cada uno de ellos sea único e irrepetible. De este modo, me quedo con la devoción de Osama a su abuelo, la dulzura de éste, la afabilidad del tío Yihad (aunque lo encuentro bastante enigmático), el valor de Fátima y la simpatía de los diablillos.

Llevaba tiempo deseando recomendar esta fabulosa novela, y considero que aún no es demasiado tarde para incluirla en la carta a los Reyes Magos. Y si no os la traen, no pasa nada; siempre nos quedarán los cumpleaños o esas cuevas del tesoro que son las bibliotecas.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 24 de septiembre de 2010

Más vale libertino conocido que seductora por conocer

Con este título me refiero al Vizconde de Valmont y a la Marquesa de Merteuil, figuras cumbre de Las amistades peligrosas (Les Liaisons Dangereuses; 1782), del militar francés Pierre Choderlos de Laclos. Llevaba mucho tiempo deseando leer esta novela, y por fin tuve la oportunidad de hacerlo cuando en una asignatura la profesora nos mandó traducir fragmentos de novelas y poemas franceses. Pedí que me dejase trabajar con este libro, y así conseguí que cayese en mis manos.

Asumiendo el papel de editor, Laclos nos narra en esta novela epistolar los fraudes y tejemanejes de los mencionados nobles, manipuladores y disolutos, si bien ella debe ocultar esta faceta por su condición de mujer. Cuando un ex-amante de la viuda Merteuil vaya a casarse con la joven Cécile Volanges, hija de una prima lejana de la Marquesa, ésta le pedirá a Valmont que seduzca y corrompa a la futura novia mientras finge ayudarla en sus amores con el caballero Danceny. Sin embargo, Valmont tiene entre manos un reto mucho más difícil e interesante: seducir a la virtuosa Presidenta de Tourvel, una dama burguesa felizmente casada y muy religiosa. Cuando ambos retos se unan, el caos y el escándalo estarán servidos…

amistadespeligrosas

Cuando Laclos comenzó a escribir Las amistades peligrosas, comentó que iba a crear una obra que hiciera ruido, que causara conmoción mientras viviera y siguiera haciéndolo después de su muerte. Y lo consiguió con creces: adornada con ilustraciones muy adecuadas, desde su publicación le llovieron las alabanzas, pero también los vituperios por parte de los sectores más conservadores y, naturalmente, la alta nobleza satirizada en la novela. Esta obra se enmarca en la novela libertina del siglo XVIII, en la que los personajes olvidan cualquier sentimiento de piedad religiosa o decoro y recurren a toda clase de artimañas y manipulaciones para lograr sus fines.

Por otro lado, Laclos rompe el molde del modelo femenino de esta corriente literaria (mujeres virtuosas pero corruptibles, como la Presidenta de Tourvel) para crear un modelo de mujer corruptora; es admirable la carta LXXXI, en la que la Marquesa relata al Vizconde su propia adolescencia y sus inicios como amante y seductora. Sin embargo, y pese al carácter un tanto impúdico de la novela, presenta una finalidad claramente moralizante: es necesario tener cuidado con la influencia que posee la gente sobre nosotros, pues hasta la persona que parece más decente y respetable puede ocultar tras su fachada un álter ego maquiavélico y cruel.

La novela ha sido llevada a la gran pantalla en algunas ocasiones con mayor o menor fidelidad al libro, que también ha inspirado un par de series televisivas. Las adaptaciones más conocidas son la película homónima de 1988, Valmont (1989) y Crueles intenciones, de 2003.

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Me he sentido muy tentada de incluir en la entrada el tráiler de la primera de las películas que he citado (es la única que he visto, y no está nada mal), pero prefiero poner el cartel en su lugar para no adelantaros demasiados hechos de la obra (como podéis ver, el reparto no es moco de pavo). De los personajes de la obra, me quedo con el trío protagonista (una noble de alta cuna sin escrúpulos, un seductor con algo de corazón y una dama decente con muy mala suerte), además de la anciana Madame de Rosemonde, la amable y comprensiva tía de Valmont.

Debo añadir como última observación que, por desgracia, hoy casi nunca se recuerda esta novela por su ironía, su sátira social y mucho menos su finalidad moral, sino que sólo se menciona su parte carnal y se habla de ella como una novela erótica, en el mejor de los casos. Así pues, si alguna vez coincidís con este libro, intentad no dejaros llevar por su parte carnal; antes bien tratad de concentraros en las urdimbres de la terrible pareja. Y por supuesto, mucho cuidado con las influencias ajenas…

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

miércoles, 4 de agosto de 2010

El veneno es la reina

He aquí la “frase mágica” de una de las mejores novelas de la literatura británica: Yo, Claudio (I, Claudius) del mitólogo y catedrático de Oxford Robert Graves. Escrita en 1934, bebe de las fuentes de Tácito, Plutarco y especialmente de Suetonio. De hecho, se cuenta que después de que Graves leyese la biografía de Claudio escrita por este último, el emperador se le apareció en sueños exigiendo que se narrase su verdadera historia (precisamente Claudio fue un gran historiador), y Graves hizo este libro y su continuación, en los que se describe a este emperador (cojo, tartamudo y con demasiado gusto por el vino) con comprensión y simpatía.
 
La obra, que abarca desde el gobierno de Augusto, antes del nacimiento del propio Claudio, hasta la coronación involuntaria de éste, está escrita en primera persona y salpicada de tristeza y amarga ironía que, sin embargo, es capaz de provocar más de una sonrisa en el lector. Sin ir más lejos (reconozco que no puedo resistir la tentación), he aquí la primera frase:
 
Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico esto-y-aquello-y-lo-de-más-allá […], conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como “Claudio el Idiota”, o “Ese Claudio”, o “Claudio el Tartamudo”, o “Clau-Clau-Claudio”, o, cuando mucho, como “El pobre tío Claudio”, voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.
 
(Traducción de Floreal Mazía. Alianza Editorial, 1979)
 
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Supongo que no es difícil darse cuenta de que me siento muy orgullosa de recomendar esta novela; ya no sólo por su calidad y su rigor histórico, sino por su fama y la buena consideración que aún recibe del público. Esta novela (junto con su segunda parte, que intentaré buscar en cuanto pueda) tuvo una excelente acogida desde el principio, si bien posteriormente Graves lamentó haber escrito los dos libros, pues su popularidad eclipsó sus otras obras y trabajos. Y en ese sentido, la fabulosa miniserie de trece capítulos (adapta ambas novelas; justamente acabé de verla anoche), realizada en 1976 y ganadora de numerosos premios (incluido un Emmy), no ayudó mucho.
 
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Una de las cosas buenas de que Yo, Claudio sea una autobiografía es que permite conocer a los personajes y sus virtudes, manías y defectos muy de cerca (por ejemplo, la coletilla de Augusto “En menos que se chupa un espárrago”). Claudio, que sobrevivirá en la corte haciéndose el tonto y exagerando sus defectos, retrata maravillosamente a su familia y las intrigas imperiales, especialmente las de su cruel abuela, Livia. De los buenos, mis favoritos son el propio Claudio pese a sus muchos defectos, Germánico, Póstumo, Atenodoro, Augusto y Julia (pese a su promiscuidad). Con los villanos no hay término medio, o se adoran pese a sus maldades y perversiones (Livia, Calígula) o se odian justamente por ellas (Livila, Tiberio, Sejano, Mesalina, Agripina la Menor, Nerón; incluyo estos tres últimos tras verlos en la serie).
 
Estoy convencida de que los aficionados de la cultura romana, de la Historia y de la buena literatura en general se sentirán más que complacidos con esta obra (la única pega que tiene es que hay que consultar el árbol genealógico de la familia cada dos por tres). En cuanto a mí, trataré de buscarme la segunda parte “en menos que se chupa un espárrago”: Claudio, el dios, y su esposa Mesalina. Y sí, la expresión de Augusto se me ha pegado.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

jueves, 22 de julio de 2010

Esclavo que baila es libre… mientras baila

Ésta puede considerarse la “frase mágica” principal de La isla bajo el mar (2009) de Isabel Allende, ya que a este libro no le faltan frases de este estilo. Vi este libro en Círculo de Lectores el verano pasado y no vacilé en pedirlo, ya que el período histórico tratado en la novela me atrae mucho: la emancipación de los  esclavos negros en las colonias.

La trama comienza en la antigua colonia francesa de Saint-Domingue (la actual Haití). Zarité, llamada “Teté” por sus patrones (y nombrada así la mayor parte de las veces), es una esclava mulata con creencias vudú vendida al hacendado francés Toulouse Valmorain, al que le dará dos hijos. Cuando estalla la violenta revolución de los esclavos, capitaneada por Toussaint, Zarité huye con Valmorain a Nueva Orleáns junto a otros terratenientes, pero sus penurias no acabarán ahí…

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Quienes hayan leído a Isabel Allende antes de enfrentarse a este libro (en mi caso, sólo La casa de los espíritus) comprobarán enseguida que la autora se mantiene bastante fiel a su estilo. La obra está impregnada de las creencias y la magia del vudú (que también puede ser benéfica; no sólo va de pinchar muñecos y crear zombis) y de sus divinidades (si bien las únicas mencionadas en la obra son Erzuli y Papa Bondye; hay algunas más), sin apartarse de la Historia y de sus hechos.

La novela presenta una estructura en la que pueden verse dos tipos de capítulos: los que siguen la trama, narrados de forma omnisciente, y otro grupo de capítulos muy breves titulados “Zarité”, situados cada cierto número de capítulos del primer tipo, narrados de forma retrospectiva por la propia protagonista y que concluyen siempre con frases como “Así era”, “Así hizo”, etc. Respecto al amplísimo abanico de personajes, a cuál más interesante, mis favoritos han sido, aparte de la propia Zarité, la sabia Tante Rose, las simpáticas Violette y Loula y el bueno del doctor Parmentier.

Para terminar, si hay que destacar algún defecto de esta obra, se trata de que la trama se desarrolla muy despacio y que el final deja con bastantes ganas de más y un par de cabos sueltos, pero de todas formas considero que La isla bajo el mar es el libro perfecto para quienes deseen tener entre manos una lectura de tintes muy exóticos y, de paso, conocer un poco más de la historia del Caribe y el sur de Estados Unidos.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 3 de julio de 2010

Viajando de un Oriente al otro

Queridos Rebeldes, es para mí un gran placer recomendar este nuevo libro; no sólo por la trama en sí, que me resultó bastante placentera, sino también por ser un regalo de cumpleaños de una muy buena amiga mía (aunque de eso hace un año): Al-Gazal, el viajero de los dos Orientes (2000), del catedrático ubetense Jesús Maeso de la Torre, siendo ésta su primera novela (en 1976 escribió un poemario titulado Pisadas de sueños).

La novela se ambienta en su mayor parte en la espléndida Córdoba califal del siglo IX, pero la trama, narrada de forma retrospectiva, comienza en Bagdad. Yahía ben al-Hakam,  conocido por sus coetáneos como Al-Gazal (“La gacela”) por su gran apostura, vive desterrado en Bagdad. La carta de un viejo amigo le traerá a la mente multitud de recuerdos, tanto alegres como amargos, de su vida en su Córdoba natal y de sus largos viajes como embajador a lugares tan recónditos como Constantinopla o Escandinavia…

algazal

He disfrutado mucho esta novela por tres motivos: en primer lugar, por tratar una de las épocas históricas que más me gustan; en segundo lugar,  por conocer a un personaje tan singular como es su protagonista; y en tercer lugar, por el cariño que tengo a Córdoba, la ciudad en la que estudio. Sin embargo, debo añadir un par de consideraciones negativas. Primero, se nota que el autor conoce muy bien su tema de estudio y no tan bien otros temas (especialmente la mitología nórdica, que no es precisamente su fuerte). Segundo, en la edición que he leído he encontrado unas faltas de ortografía absolutamente escalofriantes  (“cáscara” sin acento, “heroico” con acento y más) y algunas faltas ortotipográficas (como poner una coma entre sujeto y predicado, tan de moda últimamente).

Por lo demás, el abanico de personajes, tanto reales (entre ellos el famoso músico Ziryab, de prodigiosa voz) como ficticios, es amplísimo. Mis favoritos han sido el propio Al-Gazal (aunque va de cama en cama que da gusto), la amable Shifa y el leal Masrur. Me hubiese gustado que el autor hubiese profundizado un poco más en la relación entre este último y Sanae, aunque comprendo que eso habría supuesto desviarse demasiado de la trama.

En definitiva, a pesar de todo, ésta es una muy buena novela para conocer ya no sólo nuestro pasado islámico con sus luces y sus sombras, sino también a un hombre culto, polifacético e inteligente, el viajero más grande que haya habido en España.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 22 de junio de 2010

Cuerpo de hombre, voz de mujer

Me imagino que no es difícil adivinar a quiénes me refiero con el título de la entrada. Y si alguno ha pensado en los castrati (plural de castrato), lo felicito por su perspicacia, ya que justamente ése es el tema de mi primera recomendación de las vacaciones: Canto castrato (1984), de César Aira. Me compré este libro el verano pasado, pues muchos años atrás había leído una crítica muy buena de él en Círculo de Lectores (aunque, francamente, me sorprendió que el libro fuese tan antiguo).

Supongo que la existencia del castrato es algo de cultura general, pero por si hubiese alguien que no recuerda o no sabe quiénes eran los castrati, aquí viene una definición: un castrato era un cantante de ópera al que se le extirpaban los testículos antes de la pubertad para que no se le cambiase la voz e interpretase papeles femeninos (aún estaba mal vista la participación de verdaderas mujeres en el escenario). Algunos llegaron a ser muy famosos, como por ejemplo Carlo Broschi, bien conocido como “Farinelli”.

Pues bien, Canto castrato nos traslada a la Europa del siglo XVIII, período de la Ilustración, los despotismos ilustrados y el espionaje en mensajes cifrados en las arias operísticas. El Micchino es un castrato de voz prodigiosa que tuvo su momento de gloria, pero se ha retirado de los escenarios y ahora convive con su curiosa y extravagante troupe: el jorobado Pierre, la anciana y excéntrica modista Hildeeve, dos castrati aprendices y otros. Un día, un viejo amigo del Micchino, herr Augustus Klette, vuelve a su vida para pedirle que vuelva al mundo de la ópera. Pero antes el Micchino deberá salvar a Amanda, hija de Klette, de las garras de su pérfido marido…

cantocastrato

Muchos coinciden en que esta novela supone un descanso en medio de tanta mediocridad, pues está desprovista de tópicos y vulgaridades. Por mi parte, les doy la razón por completo. La narración es a veces un poco recargada (no olvidemos que los estilos artísticos de la época eran el Rococó, principalmente, y el Neoclasicismo), pero su estilo es pura poesía, etéreo y transportador como la propia música, y los personajes parecen sacados del género operístico (y por este motivo no soy capaz de quedarme con uno favorito; todos tienen algo que los hace especiales).

En definitiva, Canto castrato es una novela no sólo bien documentada (cosa que valoro mucho), sino que envuelve al lector y lo traslada hasta el período dieciochesco. Así que ni que decir tiene que no hay mejor forma de saborear esta novela que con una buena sesión operística.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 13 de marzo de 2010

De oca a oca, y tiro porque me toca

Por burdo que suene el título de esta entrada, realmente no podía tener otro, ya que mi nueva recomendación se titula El jardín de la oca (2007), de Toti Martínez de Lezea. Encontré este libro en Círculo de Lectores, y me sorprendió mucho porque su argumento me recordó a una miniserie de misterio española que había visto por televisión años atrás (Camino de Santiago), si bien esta última tenía lugar en nuestra época y trataba de una cadena de asesinatos.

En definitiva, la trama de El jardín de la oca, que ocurre en el siglo XIII, comienza cuando el médico judío Ezequiel Falaquera cura las manos quemadas del feroz ex-inquisidor Robert Lepetit, que ha incendiado una iglesia por poseer una Virgen negra. Es tal el fanatismo de Lepetit, que lo lleva a interpretar el mensaje del libro del Apocalipsis como el final del catolicismo y el nacimiento del segundo Mesías en Finisterre. Tras el asesinato de un amigo a manos del inquisidor, Ezequiel decide tratar de detenerlo para evitar más desgracias, y para ello contará con la ayuda de dos fieles compañeros con los que nada tiene en común: Hadi al-Suri, un amable herborista musulmán capaz de adivinar el futuro con el tablero de la oca, y Eder Bozat, un humilde tallista cátaro y el autor de la Virgen quemada…

jardin

No puedo negar que durante todo el tiempo que estuve leyendo la novela tenía en mente lo que podía recordar de la mencionada miniserie y también a La flor de la argoma, la novela de Martínez de Lezea recomendada anteriormente en mi blog. Pero por supuesto, El jardín de la oca no tiene nada que ver con las dos. Tiene una dosis considerable de intriga como la serie; tampoco le falta el romance, como a la otra novela, pero esta obra también posee su gran carga aventurera.

En cuanto a los personajes, mis favoritos han sido el divertido Ugo, la dulce Alazaïs y el trío protagonista. Debo destacar especialmente a estos últimos, que colaboran (aunque mi resumen haga parecer lo contrario, el judío no es ningún “jefe”) con todas sus fuerzas para pararle los pies a Lepetit. A fin de cuentas, las religiones no tienen por qué ser enemigas entre sí o del agnosticismo y el ateísmo (tienen más cosas en común de las que parecen, pero muchos se niegan a verlas), sino que el verdadero enemigo común de todos es el fanatismo, salga de la doctrina que salga. Y tras decir esto no puedo negar el gran papel del propio Lepetit, que guarda más de una sorpresa.

En definitiva, si buscáis una novela histórica con acción, aventura, misterio; mezcla de religión, paganismo y artes arcanas (sin llegar al extremo de muchos best-sellers de ahora) y una dosis decente de romance, El jardín de la oca seguro que os satisface.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La Guerra iguala a los hombres como la Muerte

Ya sé que no he podido mantener la promesa que hice en el aniversario, pero este curso parece que estaré tan atareada como el anterior, así que no es de extrañar, queridos Rebeldes, que escriba la segunda entrada tras el aniversario después de dos meses de silencio.

Respecto al título de la entrada, ésa es la conclusión a la que se puede llegar después de leer La enfermera de Brunete, novela de Manuel Maristany. Esta novela se la regalé a mi madre por el pasado Día de la Madre, ya que ella había oído cómo la recomendaban por la radio, y después de ella me la leí yo, luego mi padre y ahora creo que se lo está leyendo una amiga de mi madre. En definitiva, un “suma y sigue” literario en toda regla.

La novela, cuya trama tiene lugar poco antes y durante la Guerra Civil Española, relata la historia de los Montcada, una familia de condes catalanes que lo pierden todo al estallar la guerra. Dispuesto a defender su país y a recuperar el honor perdido, el hijo mayor, Javier, ingresa en el cuerpo de los Requetés y se convierte en un valeroso alférez. Pero la guerra le guarda muchas más sorpresas y reveses de las que pensaba…

enfermera

Por enésima vez, debo darle las gracias a mi madre, pero esta vez por escuchar la radio y estar atenta a los libros que mencionan en las emisoras, pues esta genial novela describe vívidamente la época, los personajes y sus sentimientos. Mis personajes favoritos han sido la bondadosa Soledad (duquesa de Simancas y enfermera voluntaria que da título al libro), la misteriosa “Dama de la Fontana” (doña Elisenda de Montcada, antepasada decimonónica retratada por Goya cuyo fantasma aún vaga por el jardín) y la sufrida Blanca, hermana menor de Javier. Precisamente éste ha sido uno de los que menos me han gustado por su mala costumbre de ir de cama en cama, pero en el fondo lo compadezco de corazón. Al fin y al cabo, el dinero tal vez ayude a tener una situación mejor y posesiones más lujosas, pero no garantiza la propia protección personal de ninguna forma.

Para terminar, sólo me queda recomendar esta novela a aquellas personas no sólo interesadas en el conflicto que dividió a España en dos (y aún lo hace), sino también a quienes deseen conocer la otra perspectiva de la Guerra Civil: la de los ricos, especialmente en Cataluña, que fueron perseguidos y salvajemente asesinados por los soldados republicanos. De todas formas, en todas las guerras sólo hay víctimas y verdugos, por ambos bandos por igual.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 28 de junio de 2009

Recogiendo flores por tierras vascas

¡Saludos, mis queridos rebeldes! Es para mí un gran placer anunciaros que por fin ya estoy de vacaciones, y por lo tanto podré colgar numerosas entradas a lo largo de todo el verano; tengo mucho material que recomendaros, y todos sabemos que la época estival es ideal para devorar novelas (aunque como reza el lema de mi reloj, “cualquier hora es buena para leer”).

Respecto a mi recomendación de hoy, se trata de la novela La flor de la argoma, de la escritora Toti Martínez de Lezea. La obra debe su título a la argoma (Ulex europaeus), también conocida como aliaga, aulaga o tojo y que es un arbusto espinoso muy común de Navarra y el País Vasco. Posee flores de un amarillo vivo y, según la creencia popular, ayuda a encontrar el amor.

argoma


¿Bonita, verdad? Bien, volviendo a la novela, La flor de la argoma relata un drama histórico que tiene lugar en el siglo XIX, en tiempos de la Tercera Guerra Carlista, y relata la historia de los hermanos Urrondo: Bittor (supongo que equivaldrá a Víctor), Eladio, Agustín y Tomás. Al morir sus padres, son enviados a vivir con los jesuitas de Loyola hasta que la casa religiosa queda clausurada por la expulsión de la reina Isabel II. Los cuatro hermanos vuelven a su caserío Urondoa en el valle de Araotz de Oñati y se ven envueltos contra su voluntad en los enfrentamientos entre uno y otro bando. Así, mientras que Agustín se ordena sacerdote y Tomás sueña con combatir en la guerra, Bittor y Eladio se verán separados por sus ideas y lucharán entre sí, tanto por la propiedad del caserío y sus tierras como por el amor de una mujer, la bella Julia Iturralde…


Al igual que con La elegancia del erizo, recibí este libro como regalo de Navidad, y aunque al principio no me atrajo mucho, después no podía parar de leer; ya no sólo por la historia, sino también por saber más de las costumbres y tradiciones (en especial los viejos mitos y leyendas, a los que soy gran aficionada) de la gente de más al norte. Por otro lado, la autora puede presumir de haberme dado más de una sorpresa, y en especial una del tipo “Hay que ver qué pequeño es el mundo” en los últimos capítulos.

En fin, si buscáis una novela con drama, amor y ambientada en una época poco tratada, pero sin despegarse de la Historia (la novela tiene un pequeño apéndice de bibliografías al final), seguro que ésta os va a gustar.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 3 de febrero de 2009

Del Esplendor a la Catástrofe

Lo primero que debo hacer con esta nueva entrada es desearle un Feliz Año 2009 (con mucho retraso, naturalmente) a mis queridos rebeldes y a los seguidores de mi blog, aparte de, por supuesto, esperar que Papá Noel o los Reyes Magos (a vuestro gusto) os hayan traído material con el que propagar la Rebeldía de Leer (pese a la crisis). En cuanto al título de la entrada, así se titulan los dos volúmenes de mi primera recomendación del año 2009: La Novela de Genji (o Genji Monogatari), de Murasaki Shikibu. En realidad "Shikibu" debería haberse traducido más o menos por "doña", pero a los traductores no les sonaba del todo natural utilizar "doña" con un nombre extranjero (y eso que en la versión inglesa transcribieron el nombre de la autora como Lady Murasaki), por lo que lo dejaron como si Shikibu fuese su apellido. En cualquier caso, este año empezamos a lo grande con una Recomendación con mayúsculas; no sólo por la cantidad de etiquetas que trae esta entrada, sino también porque este libro está considerado (y con mucha razón) la obra maestra de la literatura nipona. Baste con recitar el principio de la obra: "En el reinado de cierto emperador cuyo nombre y fecha omitiré..." Se parece mucho al principio de El Quijote, ¿verdad?
Esta novela se escribió en el siglo X, en la era Heian, considerada el período de esplendor de Japón por varios motivos:
  • El país, con capital en la ciudad de Heian Kyo (la actual Kioto), vivía en paz. Precisamente del nombre de la ciudad recibe el nombre dicha era.
  • Los nobles, aparte de regir el país, se dedicaban a vivir tranquilamente su vida dedicados a las artes (que florecieron espectacularmente), especialmente la literatura y la poesía; con frecuencia solían realizar certámenes y celebrar fiestas de mayor o menor suntuosidad en las que se casi siempre se repartían regalos. Debía saberse hacer un poema de forma rápida y adecuada a la situación (por ejemplo, para dar una buena respuesta a un desafío), o de lo contrario no se tendría en buena consideración a quien no pudiese hacerlo.
  • Las mujeres nobles estaban relativamente bien tratadas (sabían leer y escribir y, salvo algunas restricciones de conducta, contaban con bastante libertad) si se compara con Occidente.
  • El budismo y el sintoísmo coexistían en el país sin demasiados problemas, a pesar de cierta rivalidad entre ambas religiones.

A todo esto hay que añadir que, aunque el país gozaba de una buena situación, se contemplaba la vida de forma fatalista, considerando que se vivía en una época decadente y que se acercaban tiempos aciagos.
De todas formas, vayamos al grano: la Novela de Genji es un relato ficticio compuesto de numerosos conjuntos de libros agrupados en dos volúmenes, Esplendor y Catástrofe (es muy posible que falten capítulos), junto con más de mil poemas breves y referencias a grandes poemas tradicionales de Japón, en especial el Kokinshu y el Gosenshu. La historia relata los avatares de la vida de Genji, un joven príncipe que es el segundo hijo del emperador y de su esposa favorita, Kiritsubo. Desde muy joven se lanza a la búsqueda del ideal femenino en las mujeres de su entorno, pues su madre, considerada como una mujer ideal, murió cuando él era apenas un bebé y no la recuerda. Así pues, Genji tiene relaciones amorosas con diversas mujeres, en las que busca ese ideal que tanto ha comentado con sus amigos y compañeros.

Posiblemente este resumen no sea del agrado de las personas que conocen bien la obra y tal vez me arriesgue a que me critiquen o (lo más probable) que mi resumen convierta a Genji en un donjuán a la japonesa, cuando en realidad su comportamiento era bastante normal (en la edición de Círculo de Lectores, que es la que he leído, vienen comentarios muy interesantes respecto a esto), si bien sus allegados consideran que a veces se pasa de la raya, e incluso la propia Murasaki lo tacha de “incorregible” en más de una ocasión.
Por otro lado, debo destacar este libro como una magnífica novela de costumbres; la autora describe minuciosamente las maquinaciones de la Corte imperial y las tradiciones y creencias de su época, que ella misma critica indirectamente. Por ejemplo, el hecho de que, según el budismo, un alma no puede ir al Nirvana si ha vivido como mujer, sino que primero debe reencarnarse en un hombre y así ir al Paraíso, así como el hecho de que se mirase con malos ojos a una mujer que leyese poesía en chino, cosa que Murasaki hacía a la muerte de su esposo y su padre (hasta sus propias criadas la criticaban por ello). No obstante, la autora tendía a la autocensura cuando trataba este asunto: “pero no está bien que una mujer hable de poesía china, de modo que no añadiré ni una palabra más”.
En fin, después de esta descomunal parrafada sólo me queda recomendar este excelente libro, del que se han hecho películas, obras teatrales, series y hasta algún manga. Mientras tanto, voy a intentar buscarme la otra obra por la que Murasaki es famosa: su propio Diario.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un fantástico viaje por Tianxia

El título de esta entrada seguramente hará que mis lectores se pregunten qué es Tianxia, y debo contestarles que Tianxia es el país que conocemos con el nombre de China, y ello se debe a que esa palabra es el nombre con el que los chinos denominan a su propio país: "todo bajo el cielo". Y ése es justamente el título de mi última recomendación del año 2008 (literalmente hablando): Todo bajo el Cielo, de Matilde Asensi. El libro, cuya trama tiene lugar en los años 20, trata la historia de Elvira Aranda, una pintora española de mediana edad casada por conveniencia con Rémy de Poulain, un rico comerciante francés que negocia con sedas en China. Mientras que su marido se ocupa de sus negocios allí, Elvira vive apaciblemente en París dedicada a la pintura y a vivir su vida hasta que un día las desgracias llaman a su puerta: en una carta se le comunica la muerte de Rémy en China y, por otro lado, aparece su sobrina Fernanda, hija de la hermana de Elvira, que pasa a su custodia al morir los padres de la joven, ya que es menor de edad (tiene diecisiete años, y en aquel tiempo en España se cumplía la mayoría de edad a los veintitrés).
Acompañada de su consentida (y obesa) sobrina, Elvira viaja a Shanghai para resolver el consecuente papeleo como viuda y como heredera universal de los bienes de Rémy, pero cuando llega se entera de que su única herencia son un conjunto de deudas astronómicas y además de que Rémy ha sido asesinado por la misteriosa mafia conocida como "Banda Verde", interesada en algo que Rémy poseía: una preciosa caja lacada llena de curiosos objetos relacionados con uno de los grandes enigmas de China: la situación de la tumba de Shi Huang Ti, el primer emperador de China.
Así, con la Banda Verde, los imperialistas y los japoneses pisándoles los talones, Elvira, Fernanda, el anciano anticuario Lao Jiang, el escritor irlandés Patrick Tichbourne y el pequeño Biao se embarcan en una peligrosa aventura en busca de la tumba del emperador y su maravilloso tesoro...



A decir verdad, este libro me lo leí hace ya tiempo, en pleno verano. Para ser exactos, comencé el día 8 de agosto (sí, precisamente el día de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín), después de mucha insistencia materna, y la verdad es que (una vez más) tengo que darle las gracias a mi madre, porque el libro no es sólo la típica historia de un grupo de personas que se embarcan en un viaje lleno de trampas y de peligros, sino que también es un compendio de gran número de curiosidades sobre la historia de China y numerosos elementos de su cultura: el tai'chi, el juego de mesa wei'chi (los aficionados a la cultura japonesa seguramente lo conocerán con el nombre de go), las artes marciales, las magnitudes del tiempo y el espacio, etc.

En fin, sólo puedo decir que si alguien desea leer un libro con buen ritmo y lleno de aventuras en tierras exóticas pero con los pies en la tierra y la cabeza en la Historia, éste es su libro.

Hasta la próxima página (¡y os deseo Feliz Año 2009!),

La Rebelde de los Libros



sábado, 29 de noviembre de 2008

Una de las dos Españas ha de helarte el corazón

Estos versos de Antonio Machado fueron los que le dieron a Almudena Grandes el título de su novela El corazón helado, una novela de ficción que se autodenomina, como pone varias veces en el libro, "sólo una historia española, de ésas que lo echan todo a perder".

La historia comienza en Torrelodones en marzo de 2005, el día del entierro del empresario Julio Carrión González, un hombre de pasado turbio y lleno de sombras. Su hijo Álvaro, el único que no se ha dedicado a los negocios familiares, se mantiene apartado de los demás debido a su aversión a los entierros, y precisamente gracias a su aislamiento es el único que ve a una misteriosa y atractiva mujer que observa la escena desde lejos. Esta desconocida es Raquel Fernández Perea, hija y nieta de republicanos exiliados en Francia y buena conocedora de la historia de su familia, por lo que no puede olvidar aquella extraña tarde de 1977, en la que acompañó a su abuelo Ignacio a casa de unos desconocidos con los que aparentemente tenía un asunto pendiente.

La casualidad hace que Álvaro y Raquel vuelvan a encontrarse poco tiempo después y comiencen a sentirse irremediablemente atraídos a medida que descubren el dramático lazo que une a los Carrión y a los Fernández y la influencia de ese pasado sobre sus vidas...





Este libro me gustó de verdad, no sólo por el estilo de la autora ni por la historia en sí (aunque a veces podía liarme muchísimo con los nombres de los personajes), sino también por la solidez del argumento y por la época histórica tratada, desde la Guerra Civil al franquismo, pasando por la Segunda Guerra Mundial. La novela se divide en tres bloques ("El corazón", "El hielo" y "El corazón helado") junto con un conjunto de anécdotas y notas de agradecimiento de la autora, titulado "Al otro lado del hielo". Los capítulos (por desgracia sin titular ni numerar), aunque entremezclados, se pueden dividir también en cuatro bloques:

  • Los del tiempo presente, con el propio Álvaro como narrador protagonista.
  • Los capítulos de los Carrión, en los que se relata en tercera persona la vida de Julio Carrión desde su nacimiento hasta el presente.
  • Los capítulos de los Fernández, desde el nacimiento de Ignacio Fernández Muñoz (abuelo de Raquel) hasta el presente.
  • Una tanda de capítulos especiales, con Raquel de protagonista, narrados en tercera persona.

En fin, supongo que éste no será ni el primero ni el último libro que trate sobre las dos Españas, pero aunque sea sólo una historia española, de ésas que lo echan todo a perder, merece la pena leerla.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 21 de septiembre de 2008

Tiene huevos la cosa...

No, no pretendo ser mal hablada ni ordinaria ni nada por el estilo. Lo digo en sentido literal, porque de huevos va mi segunda recomendación. Se trata de Ciudad de ladrones (City of thieves), de David Benioff, autor también de Descalza sobre el trébol y otros relatos y La última hora (ésta última llevada al cine bajo el título de La última noche) y guionista de cine (tanto de su propia novela como de otras películas como Troya o precisamente Cometas en el cielo).

La novela relata la historia ficticia (aunque en ningún momento lo parezca) de dos jóvenes rusos en Leningrado en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Lev Abramóvich Beniov es un chico judío de diecisiete años, huérfano de padre, que decide quedarse en la ciudad contra la voluntad de su madre para ser testigo directo de la guerra. La Nochevieja de ese año es arrestado por saltarse el toque de queda y además desvalijar el cadáver de un paracaidista alemán y no entregarle sus pertenencias a los partisanos rusos. En la cárcel conoce a Nikolái Alexándrovich Vlasov (alias Kolya), un veinteañero irónico y optimista que no se calla ni debajo del agua y que está acusado de deserción. A las pocas horas de su arresto, Lev y Kolya son inesperadamente liberados y conducidos a la casa del coronel Grechov, que les propone una insólita forma de salvarse del paredón: en un plazo de cinco días, desprovistos de cartillas de racionamiento y con una carta del coronel por único documento de identificación, deberán encontrar una docena de huevos para el pastel de bodas de su hija...


Ciudad de ladrones ofrece un retrato excepcional de la Rusia devastada por la guerra, llena de buena y mala gente que hace todo lo posible por sobrevivir a las penurias del hambre y del intenso frío invernal, recurriendo desde a venderlo todo por conseguir comida hasta el canibalismo, y también por evadirse y buscar consuelo en sus semejantes. Pero sorprendentemente, y a pesar del contexto y la situación, la novela también tiene sus puntos humorísticos, de los que la estrella indiscutible es Kolya. En efecto, este personaje se pasa media novela contando chistes y hablando de literatura (es de destacar El podenco del patio, quienes lean Ciudad de ladrones sabrán de qué hablo) y la otra media contando más chistes y hablando de (y practicando) sexo. También es importante destacar el papel del ajedrez en la historia, como destreza propia de Lev y como tema de conversación.


En fin, debo decir que esta novela es muy buena, aunque lamentablemente hay bastantes gazapos de traducción (he de decir que estudio Traducción e Interpretación, y me fijo mucho en estos detalles), desde anglicismos y algún que otro galicismo (Es por eso que..., que viene del francés C'est pour ça que...) a fallos notables como escribir "el Viejo Testamento" en lugar de "el Antiguo Testamento"; por otro lado, también se agradecerían algunas notas aclaratorias más aparte de las dos o tres que vienen en el libro. Pero bueno, esperemos que en próximas ediciones desaparezcan estos errores y el lector se encuentre con gran cantidad de información dispuesta en pequeñas líneas a los pies de este estupendo libro.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros