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lunes, 17 de febrero de 2014

A veces, las barreras están para saltárselas

¡Hola, Rebeldes! Aunque sea con más de un mes de retraso, os felicito hoy el año nuevo, cosa que no he podido hacer antes porque se me han juntado la vuelta a clase, la gripe, las prácticas del Máster y la gripe (sí, dos veces en lo que va de año…).

Pero en fin, este nuevo año está lleno de oportunidades de escribir varias recomendaciones. Para empezar, el libro que hoy nos ocupa es uno de los que más me han gustado en estos últimos años: la ópera prima de la estadounidense Kathryn Stockett, Criadas y señoras (The Help; 2010). Lo vi en el catálogo de Círculo de Lectores, y pensé que tenía buena pinta, por lo que me dije a mí misma: “Éste cae”. Con lo que no contaba era con el exitazo que tendría el libro gracias al tradicional sistema del boca-oreja, y más aún con su estupenda adaptación a la gran pantalla (la sala del cine estaba llena a reventar, y eso que era de las pequeñitas).

Pero antes de hablar de esta historia, primero quiero presentaros a las tres protagonistas.

  • Aibileen Clark: Una criada negra que ha cuidado de diecisiete niños blancos y ha visto morir a su propio hijo en un accidente laboral. Ahora se ocupa de la pequeña Mae Mobley Leefolt, de dos añitos de edad, y a la que adora.
  • Eugenia Phelan, alias “Skeeter”: Joven blanca recién licenciada en la universidad. Idealista y de firmes principios, sueña con convertirse en una gran escritora, mientras que su madre sueña con verla bien casada y establecida.
  • Minny Jackson: De puertas para afuera, una criada negra deslenguada y bravucona, capaz de aguantar carros y carretas. De puertas para adentro, una madre de familia atemorizada por los maltratos de su marido.

Muy bien, sigamos. La trama de la historia se desarrolla en Jackson (Misisipi), en los años sesenta. Skeeter vuelve a casa tras acabar sus estudios, y descubre que Constantine, la criada negra que la cuidó, ha desaparecido y nadie, sobre todo su madre, quiere hablar de ella. Mientras que Aibileen trata de educar en la igualdad y en la falta de prejuicios a su niña, Minny se las ha de ver tanto con su antigua jefa, la racista y malévola Hilly Holbrook, como con la nueva, la torpe y simpática Celia Foote. A todo esto hemos de añadirle que Skeeter busca inspiración para su primer libro, y se le ocurre investigar en la relación entre las criadas negras y las señoritas blancas…

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(Portada de la primera edición en español. No he logrado encontrar la de Círculo)

Esta novela llegó a mi vida como un soplo de aire fresco. No sólo trata de una historia de tensiones y diferencias entre dos grupos por motivos raciales y económicos; sino que también es una historia de conflictos generacionales (principalmente, entre Skeeter y su madre) y de pareja, de secretos (a mí me rompió el corazón el secreto de los rosales de Celia) y de mentiras. Y ya que hablamos de corazones rotos, tengo que citar un extracto de un diálogo que me impactó profundamente, ya que por esas fechas había perdido a un pariente muy querido por culpa de esa maldita enfermedad llamada cáncer (tranquilos, he hecho las modificaciones pertinentes para no reventar nada a nadie):

“[…] Ya he visto esto antes. A veces, se tiene un repentino resurgir de fuerzas. Supongo que es un regalo de Dios, que les concede un poco más de tiempo para que puedan resolver sus asuntos pendientes. Pero eso es todo, cariño. No esperes mucho más.”

Por otra parte, a pesar de todo lo bueno que he contado, el libro también tiene sus faltas, pues la autora no sólo profundiza apenas en los conflictos racistas graves, sino que se olvida de una parte importante de la vida de las criadas negras en esta época: los abusos sexuales que sufrieron por parte de los hombres blancos; de hecho, el tema aparece mencionado muy de pasada, sólo cuando una chica le cuenta a Skeeter lo que le hizo su jefe. Pero en fin, nada ni nadie es perfecto.

Estoy segura de que queréis empezar el año con muy buen pie, así que si tenéis dudas sobre qué libro elegir para sobrellevar las frías tardes invernales, éste es una estupenda opción.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 20 de octubre de 2013

Especial Otoño 2013: La primera impresión no siempre es la correcta

Primeras impresiones (First Impressions) es el título que tenía pensado Jane Austen para su tercera novela; sin embargo, el texto llegó hasta nuestros días con otro título totalmente distinto y, a mi ver, mucho más adecuado: Pride and Prejudice (en español, Orgullo y prejuicio), que representa los defectos que vertebran la trama de los protagonistas de la novela, que, dicho sea de paso, cumplió 200 años el pasado 28 de enero.

La protagonista de Orgullo y prejuicio es Elizabeth, de veinte años de edad y la segunda de las cinco hermanas Bennett. Con la llegada de Charles Bingley, un joven soltero y adinerado, se produce una gran expectación en la región de Meryton; sobre todo entre las madres de familia como la señora Bennet, que no ve la hora de casarlo con una de sus hijas, y en especial con Jane, la mayor y más bella de todas.

Jane y Bingley coinciden en un baile y se gustan enseguida, pero cuando Fitzwilliam Darcy, amigo de Bingley y mucho más apuesto y rico que él, se niegue a bailar con Elizabeth por no considerarla lo suficientemente guapa para su gusto, se desatará una guerra de sarcasmos e ironías entre ambos en la que involucrarán a todos los que les rodean…

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(Portada de la edición que leí; me gusta imaginar que la chica rubia es Jane y la morena es Elizabeth. Pero nuevamente, os advierto que esta edición tiene una traducción infumable.)

Orgullo y prejuicio es la más popular de todas las novelas de Jane Austen y la más adaptada a otras artes escénicas, desde el cine a la televisión, pasando, incluso, por el teatro musical. No es para menos, ya que la autora se supera a sí misma con la pareja protagonista (de hecho, Elizabeth era su heroína favorita) y los personajes secundarios, en especial los padres de Elizabeth (él con sus pullas y ella con sus histerismos), tampoco tienen precio.

Por otra parte, el tema principal de la obra (los equívocos basados en juicios erróneos y en secretos ocultos bajo silencios) ha dado siempre mucho juego. En el caso de esta novela, Jane Austen nos da una importante lección (o mejor dicho, dos lecciones) a través de Elizabeth y Darcy: no debemos mirar a nadie por encima del hombro ni etiquetar a nuestros semejantes a la ligera, porque siempre pueden darnos sorpresas, tanto buenas como malas. De hecho, no sólo es Darcy el orgulloso y Elizabeth la prejuiciosa, sino que ambos pecan de ambos defectos: Darcy, llevado por su propio orgullo de casta y por las opiniones de las hermanas Bingley, cree que la familia Bennet (con las honrosas excepciones de Jane y Elizabeth) son muy poco recomendables y que no es nada conveniente emparentar con ellos. A su vez, Elizabeth se deja llevar por su pésima primera impresión sobre Darcy (a lo que se añade la animadversión general hacia él, la leña que echa Wickham al fuego y su propia atracción por éste), se obceca en ese juicio erróneo y se niega a escuchar segundas opiniones.

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(Carátula de la miniserie de 6 capítulos realizada por la BBC en 1995; en opinión de muchos, yo incluida, la mejor adaptación que se ha hecho de este libro)

Esta novela ocupa un hueco muy especial en mi corazón; no sólo es mi favorita de Jane Austen, sino también la primera que leí (en concreto, para un trabajo de la universidad), y me gustó tanto, que no tardé mucho en ir a por todas las demás, además de releerla por lo menos nueve veces (¡y las que me quedan!). Así pues, ahora que ya vamos conociendo más la literatura austeniana, creo que vais a disfrutar mucho con esta tercera propuesta para el Especial Otoño 2013.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 13 de septiembre de 2013

Dos son compañía, tres son multitud… y cuatro humanidad

¡Hola, Rebeldes! En primer lugar, os pido perdón por todo este tiempo de silencio absoluto; reconozco con vergüenza que he descuidado mucho el blog y que he perdido credibilidad ante vuestros ojos. Además, se me han acumulado demasiado las recomendaciones, pero todo ello se debe a que he tenido mucho que hacer todo este tiempo (no, casi ni en verano he tenido paz), y me temo que la temporada otoño-invierno se presume igual de atareada. Mis más sinceras disculpas.

Dicho esto, pasemos a la recomendación de hoy. El título de esta entrada se debe a la conclusión que he sacado tras leer Las afinidades electivas (Die Wahlverwandtschaften), escrita por Wolfgang von Goethe en 1809. Es la primera obra de madurez del escritor alemán, y se enmarca, literariamente, en el Romanticismo; históricamente, en una época en la que los intelectuales comienzan a cuestionarse temas antes intocables, como la indisolubilidad del matrimonio; el divorcio, aunque todavía algo marginal, comenzaba a darse en las clases altas y, poco a poco, se haría cada vez más frecuente.

En resumidas cuentas, tenemos aquí la historia de Charlotte y Eduard; en su juventud, estuvieron locamente enamorados, pero las circunstancias los obligaron a contraer matrimonio y tener hijos con otras personas. Tras enviudar de sus respectivas parejas, los dos consiguieron casarse el uno con el otro, ya en su madurez y con la pasión adolescente convertida en un cariño amistoso, y cohabitan felizmente en una mansión rural cerca de Weimar. Pero la llegada del capitán Otto (amigo de Eduard) y la de Ottilie (sobrina de Charlotte) pondrá a prueba la solidez de la unión entre ambos…

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Este libro toma su título de un fenómeno químico que aparece mencionado en el libro; se trata de la tendencia de ciertos elementos a repeler otros y a atraer o a sentirse atraídos por elementos diferentes (si alguien ha recordado lo de los polos opuestos y los polos iguales, sí, más o menos es eso). Con una prosa admirable, embriagadora, Goethe reflexiona sobre la naturaleza de las relaciones humanas en la época que he mencionado y en especial sobre los fundamentos de la unión marital. Como si se tratase de un experimento científico-sociológico grabado con cámaras, el autor describe detalladamente cada sentimiento, cada opinión, cada conflicto moral. De este modo, vemos los esfuerzos de Charlotte por mantener todo en orden en su matrimonio; al romántico y caprichoso Eduard infantilmente enamorado de su sobrina, y la tristeza de esta última, un ser incomprendido que se divide entre su corazón y su sentido de la ética.

Las afinidades electivas, como cualquier otra obra de Goethe, no deja indiferente a nadie, ni por su contenido ni por su forma. Por este motivo, os recomiendo que, si la encontráis en la librería o la biblioteca, no dejéis que se la lleve otro.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 13 de mayo de 2012

De América a África en busca de las raíces familiares

¡Hola a todos, queridos Rebeldes! En primer lugar, pido perdón por el grandísimo lapso de silencio entre mi última actualización y ésta, pero he estado con mi último examen, papeleos varios y un intento de escribir una novela (si un día se publica, seréis los primeros en saberlo), y apenas he podido acercarme al blog. En segundo lugar, sé que, en teoría, ahora tocaría la entrada correspondiente a Las afinidades electivas, pero creo que voy a releerme el libro para escribir una entrada mejor (hace ya mucho que lo leí, y no me vendría mal recordar detalles), de modo que voy a pasar a los libros siguientes.

Así pues, hoy nos toca hablar de la novela Raíces (Roots; 1976), del estadounidense Alex Haley, que nos cuenta en sus páginas la historia de su familia materna desde el siglo XVIII hasta nuestros días. La historia comienza en Juffure, una pequeña aldea de Gambia, con el nacimiento de Kunta, primogénito de Omoro y Binta Kinte, ambos de etnia mandinka. Tras una infancia muy feliz junto a los suyos, Kunta es capturado, con apenas diecisiete años, por unos tratantes de esclavos que se lo llevan a América. Y a partir de aquí comienzan sus avatares y los de sus descendientes…

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Esta novela, de lectura obligada en EE.UU., vio la luz tras doce años de investigación por parte de Haley (fallecido en 1992), que desde niño escuchaba las historias que se contaban en su familia sobre sus antepasados lejanos, hasta llegar a uno al que llamaban “el africano”. Gracias a varias coincidencias más que afortunadas, no sólo descubrió la identidad de “el africano”, sino que también pudo conocer a sus parientes gambianos en sexto grado y devolverle a los afroamericanos el derecho a conocer su propia Historia, cruelmente robada y borrada; aquí debo destacar los continuos choques culturales entre Kunta, musulmán y fiel a sus raíces, y los demás esclavos, cristianos y totalmente aculturados.

Por otra parte, el inmenso éxito de este libro llevó a su adaptación en forma de miniserie (disponible en Youtube, por el momento), que también fue un bombazo en su momento; baste decir que toda una generación de niñas afroamericanas recibieron el nombre de Kizzy (no diré quién es por si no queréis spoilers). Sin embargo, la historia de Kunta y los suyos también ha encontrado escollos en su camino, como la censura y la prohibición durante el apartheid sudafricano y los sabotajes de una estatua de Haley con Kunta por parte del Ku Klux Klan.

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(Carátula de la miniserie)

En resumen, tenemos aquí un valioso testimonio histórico, fidelísimamente documentado, de la otra Historia de los EE.UU. A fin de cuentas, el país no sólo se levantó con la firma de documentos, luchas de indios y vaqueros y fiebres del oro, sino, sobre todo, con la sangre, el sudor y las lágrimas de miles de hombres y mujeres arrancados de sus hogares, despojados de su cultura y forzados a dejarse la piel de sol a sol.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 19 de agosto de 2011

¿Remover o no remover el pasado?

A mediados de julio, se celebró una penosa efeméride para la Historia de España: hace 75 años, un 18 de julio de 1936, estalló la Guerra Civil, en la que, como ya dije hace tiempo, sólo hubo víctimas y verdugos a partes iguales en ambos bandos. Pues bien, han pasado ya tres cuartos de siglo y todavía seguimos divididos cuando recordamos esos tiempos, especialmente entre los que quieren hacer justicia y los que prefieren, simplemente, pasar página y olvidar. Personalmente, aunque tengo familia de ambos bandos, me pongo de parte de los primeros, pues muchos de ellos ansían, al menos, buscar y encontrar los restos de los seres queridos que perdieron en el conflicto y darles un entierro digno.

En Francia ocurre algo muy parecido con la 2ª Guerra Mundial, ya que la tierra de la Libertad, Igualdad y Fraternidad fue conquistada por los nazis, y la capital gala vivió un episodio verdaderamente oscuro: el 16 de julio de 1942, hubo una redada en la que trece mil judíos fueron arrestados, encerrados durante días, sin comida ni agua, en el Velódromo de Invierno (popularmente conocido como Vel d’Hiv) de París y finalmente conducidos a diferentes campos de concentración dentro y fuera del país. Como ya imaginaréis, muy pocos lograron escapar y vivir para contarlo.

Y de aquí parte la trama de mi nueva recomendación: La llave de Sarah (Elle s’appelait Sarah; 2007), de la francesa Tatiana de Rosnay. La pequeña Sarah Starzynski, de diez años, es arrestada junto con sus padres, pero antes de salir de casa encierra bajo llave en un armario a su hermanito, Michel, prometiéndole volver a buscarlo.

Sesenta años después, Julia Jarmond, una periodista estadounidense casada con un francés, prepara un reportaje en conmemoración de la redada, y empieza a vislumbrar un vínculo estremecedor entre los Starzynski y su propia familia política…

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Portada del libro, inspirada en el cartel de la película (no la he visto)

Esta novela resultó un gran descubrimiento para mí, porque me ha dado a conocer la existencia de un hecho histórico que, dentro del holocausto nazi, desconocía totalmente, pero me ha sorprendido ver cómo tantas personas prefieren dar la espalda al pasado (sobre todo Bertrand y Edouard, el marido y el suegro de Julia), escudándose en que es algo ya muy antiguo y que no merece la pena recordar. Sinceramente, pensaba que los franceses eran más celosos de su pasado y de su historia que nosotros, pero la redada del Vel d’Hiv parece ser un trapo sucio muy desagradable de rememorar…

Por otro lado, en esta dicotomía sobre hurgar o no en los dolorosos tiempos pretéritos, la autora perfila todos los personajes con virtudes e imperfecciones que, dentro de la trama principal y en las secundarias, determinan a la perfección el carácter de los personajes y sus actitudes: el egoísmo, en diferentes formas (digo esto por un motivo muy especial relacionado con Julia y su marido); la valentía, encarnada totalmente en Sarah (dispuesta a rescatar a su hermano) y en Julia (decidida a desvelar la verdad aun a costa de hacer mucho daño); los remordimientos (en especial Edouard).

Por lo demás, esta novela me ha gustado bastante, aunque la conclusión me decepcionó un poco porque esperaba que dos personajes acabasen emparejados, aunque la autora lo deja lo suficientemente abierto para la imaginación del lector.

Finalmente, sólo me resta añadir unas palabras en hebreo antiguo que espero que resuman la actitud del libro en cuanto al Holocausto, pero que también pueden aplicarse perfectamente a nuestra propia guerra y, para qué negarlo, cualquier conflicto:

Zakhor, Al Tichkah.

(“Recordar, nunca olvidar”)

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 7 de mayo de 2011

Que toda la ponzoña hundida en el barro salga a la superficie

Aunque apenas se mencione esta frase, podemos considerarla como la “frase mágica” de Claudio, el dios, y su esposa Mesalina (Claudius, the God, and his Wife Messalina; 1938), segunda parte de Yo, Claudio. Los que leáis la entrada de la primera parte comprobaréis enseguida que conseguí el libro justo al día siguiente de escribir la entrada y dos días después de terminar de ver la serie, de modo que para mí fue una gran alegría encontrarlo.
 
Como ya hice con la primera parte, en la que presenté el estilo de Claudio y su carácter (no cambia en absoluto), presentaré la novela con su primera frase:
 
Han transcurrido dos años desde que terminé de escribir la larga historia de cómo yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, el tullido, el tartamudo, el tonto de la familia, a quien ninguno de sus ambiciosos y sanguinarios parientes consideraba digno de la molestia de ejecutar, envenenar, obligar a suicidarse, desterrar a una isla desierta o matar de hambre –que fueron las maneras en que se eliminaron los unos a los otros–, los sobreviví a todos, incluso a mi loco sobrino Cayo Calígula, y de cómo un día fui aclamado inesperadamente emperador emperador por los cabos y sargentos de la guardia de palacio.
(Traducción de Floreal Mazía. Edhasa, 2008)
 
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(Ésta no es la portada de la edición que leí, me ha sido imposible encontrarla)
 
Esta novela comienza, a pesar de lo que nos señala su primera frase, justo donde acaba la segunda, y concluye con el final de la vida de Claudio. Pero no sólo se nos narra la continuación de la vida de Claudio, sino que Graves incluye en Claudio, el dios varios textos más. Entre ellos, a través de la pluma de Claudio, la historia del íntimo amigo de éste, el rey judío Herodes Agripa (marrullero y alegre; me había olvidado por completo de él en la crítica anterior), desde su infancia hasta su muerte, además de algunos poemas y textos paródicos sobre la deificación (o “calabacificación”) de Claudio a modo de epílogo.
 
Tampoco han cambiado mis gustos respecto a los personajes, aunque por cortesía a mi querida amiga Nobody he cambiado los grupos de “buenos y malos” por “cuerdos y desquiciados”. Una acertadísima sugerencia por su parte, pues según un dicho mencionado en ambas novelas el árbol de los Claudios produce dos tipos de manzanas, dulces y amargas. Sin embargo, hay una manzana que he de calificar como agridulce, y que lamentablemente me dejé en el tintero la otra vez. Se trata de Antonia la Menor, la madre de Claudio.
 
Antonia, hija de Marco Antonio, es un personaje con el que tengo una relación ambivalente. Por un lado, se trata de una mujer de firmes principios y recta conducta, totalmente carente de ambiciones y tan respetable que nadie se atreve a ponerle una mano encima (un verdadero milagro en una época en la que todo el mundo se lleva por delante a quien estorba). En definitiva, una matrona romana de los pies a la cabeza, admirada por todos por su entereza y su integridad. Pero, por el otro lado, es una mujer que siempre trata con incomprensión y muy poca paciencia a su hijo menor, tachándolo de “imbécil”, “idiota” y demás sinónimos. En parte comprendo que se sienta frustrada porque Claudio no parezca tan listo ni tan fuerte como sus hermanos o sus primos, pero a veces Antonia llega a ser muy cruel. Por este motivo, me siento realmente dividida ante este personaje, pues sus virtudes y sus defectos van a la par.
 
En resumidas cuentas, si os gustó Yo, Claudio, y os quedasteis con ganas de saber más sobre este emperador y sus avatares, os aseguro que Claudio, el dios cumple con las expectativas de los lectores.
Por cierto, una última anécdota antes de que se me olvide: Graves tenía una casa en Mallorca, y estando allí recibió los vídeos de los capítulos de la serie. ¿Sabéis qué dijo tras verlos? “A Claudio le habría gustado”.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

lunes, 21 de marzo de 2011

Sólo comprendió eso, que había caído en las tinieblas…

…Y tan pronto como lo supo, dejó de saber.

Esta cita de Jack London aparece al principio de la novela No tengo miedo (Io non ho paura; 2001), del italiano Niccolò Ammaniti. Había oído hablar de este libro años atrás, ya que se publicó en España con el estreno de la película homónima en 2003 (interviene una actriz española). Sin embargo, con el tiempo se me olvidó el título hasta que una noche emitieron la película por la tele y se me encendió la bombilla (por suerte, sí recordaba el argumento, más o menos…), aunque me costó la misma vida dar con el libro. Con la película tuve un poco más de suerte, aunque tuve que verla en italiano con subtítulos en inglés.

La trama de No tengo miedo, parcialmente inspirada en hechos reales, transcurre en Acqua Traverse, un pueblecito ficticio del sur de Italia, en el tórrido verano de 1978. El protagonista y narrador (ya adulto) de la historia es Michele Amitrano, un niño de nueve años de edad que vive apaciblemente el verano entre juegos y carreras con las bicicletas. Pero un día, al visitar una casa en ruinas cerca del pueblo, Michele descubre en el fondo de un hoyo un secreto aterrador que cambiará su existencia…

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La portada de la edición que he leído (arriba) no me gusta en absoluto porque no refleja para nada el ambiente que se respira y refleja en la novela: un pueblo sin fuentes ni río, perdido entre trigales e inmerso en un verano de días calurosos y noches pegajosas. Sin embargo, la edición que presenta el cartel español de la película en la portada (abajo) sí me parece muy buena, pues la imagen del niño que escucha tras la puerta y las luces y colores claros utilizados representan bien la atmósfera de la novela, aparentemente amable y sincera pero llena de mentiras, secretos y una falsa paz que envuelve al pueblo y a sus habitantes.

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Abajo muestro la portada del original italiano. En mi opinión, también está bien; me gusta el contraste de la serenidad que inspira el paisaje con el título perturbador.

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Esta novela pinta un crudo retrato sobre los extremos del corazón humano; por un lado, la crueldad, la cobardía y la hipocresía de los adultos; por el otro, la inocencia, el valor y la sinceridad de los niños. O más bien del niño, en singular; sólo Michele brilla por su valentía y su sentido de la justicia y la amistad, mientras que los miembros su pandilla (con la honrosa excepción de su hermanita, María) se pelean, traicionan y humillan en un ambiente cada vez más tenso, y el desquiciado Filippo vive hundido en la oscuridad, el miedo y la locura. Aunque en su situación, quién no perdería la cabeza…

De los adultos, muy poco puede decirse en su favor. En todo caso, el menos malo es Anna, la madre de Michele; detesta la situación de pobreza en que vive, pero odia aún más el tremendo problema causado por la codicia y la falta de escrúpulos de su marido y sus vecinos. Sin embargo, no hace nada por remediar la situación ni intervenir en favor de lo que es justo, sino que calla y se convierte en una cómplice más.

Considero que esta novela, enmarcada en los caóticos Anni di piombo (“Años de plomo”) de Italia, si bien es bastante popular en su país natal, merece algo más de consideración aquí en España. En primer lugar, por su temática y sus personajes; en segundo lugar, por el estilo del autor. Y por último, porque es complicadísima de encontrar. Así que espero que los servicios editorial y bibliotecario espabilen y ofrezcan más ejemplares de esta obra.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 5 de marzo de 2011

Estrellas, ocultad vuestro fuego…

…que la luz no vea mis oscuros y profundos deseos:

el ojo le hace un guiño a la mano; que así sea

lo que el ojo teme, cuando está hecho, ver.

Estos versos pertenecen a una conocidísima obra teatral de Shakespeare. Pero antes de indicar a qué obra pertenecen (así dejo tiempo a mis lectores para adivinar de dónde salen), debo hablaros de la novela en la que aparecen citados, Ambición (Kingdom Come; 2006) del estadounidense Tim Green, que es una versión moderna de dicha obra.

En cuanto a los que tengan un conocimiento más o menos elemental del material shakesperiano, seguro que el argumento de este libro les refrescará la memoria: el protagonista es Thane Coder, uno de los socios de la empresa King Corporation. Thane vive una vida regalada y llena de lujos junto a su adorada esposa, Jessica, y el hijo de ambos. La pareja sueña con que Thane se convierta en el nuevo presidente de la empresa cuando James King, presidente de King Corp., se jubile. Pero éste elige a su hijo, Scott, como sucesor, y Thane, espoleado por Jessica, apartará de su camino a cuantos traten de oponerse a él…

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Creo que a estas alturas la mayoría, si no todos, sabrán ya que este libro se basa en Macbeth. No sólo el nombre del protagonista de Ambición recuerda fónicamente a uno de los títulos nobiliarios de Macbeth (Thane of Cawdor), sino que ambos, secundados por sus respectivas esposas, aspiran a ser reyes (uno en sentido figurado y otro literalmente) y no vacilarán en recurrir a las peores tretas para conseguirlo. En efecto, a lo largo de este libro se sucederán los contactos con mafiosos, chantajes, complots e incluso Jessica tendrá que conceder favores sexuales a algún que otro capo para ayudar a Thane. Como reza la cita de Macbeth, la pareja se sumirá en los chanchullos más turbios y oscuros, huyendo de la luz y la justicia, con tal de salir adelante.

El estilo de la novela es dinámico, vibrante y efectista. A lo largo de la novela se alternan dos tipos de capítulos; por un lado, unos capítulos en los que Thane, en el tiempo presente, conversa con un visitante (no diré quién ni, sobre todo, en qué circunstancias) sobre sus recuerdos y otros en los que se narra la historia de forma omnisciente.

Ambición es, en resumen, una estupenda adaptación a nuestro tiempo de las pasiones que desencadenan la tragedia de Macbeth: la avaricia desmedida, las envidias, la traición… Tim Green, consumado autor de novelas de intriga, ha sabido sacar partido de la obra de Shakespeare, dándole además su toque personal (de hecho, los personajes secundarios de su libro tienen los nombres de amigos suyos). Sin embargo, os recomiendo que os busquéis una edición que no sea de Círculo de Lectores; desde que vi la palabra kingfisher traducida como “rey pescador” en lugar de “martín pescador”, estoy algo mosqueada con la editorial.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

lunes, 3 de enero de 2011

Escuchad. Dejad que os cuente una historia…

Pero primero que nada, debo desearos a todos, queridos Rebeldes, una Feliz Navidad y un Feliz Año 2011, esperando que tengáis un año aún mejor que el anterior y muy abundante en libros y lecturas.

En cuanto al título de la entrada, así comienza El contador de historias (The Hakawati), de Rabih Alameddine (2008). Esta novela me cayó como regalo de Reyes en 2010 (a decir verdad, la había pedido el año anterior, pero no pudo ser), pero como tenía bastante lectura atrasada, terminé leyéndomela en verano. Aunque para ser exactos, la cita completa es así:

“Escuchad. Dejad que sea vuestro dios. Dejad que os guíe en un viaje hasta los confines de la imaginación. Dejad que os cuente una historia.”

Osama al-Jarrat vuelve a su Líbano natal para visitar a su padre moribundo en el hospital. El regreso a su país de origen le traerá miles de recuerdos sobre su propia infancia y sobre su abuelo Ismail, gran hakawati o narrador de historias (más o menos lo que aquí es un cuentacuentos). Los recuerdos del pasado se entremezclarán con el presente, con la historia de Fátima, que busca un remedio para que el sultán y su esposa tengan un varón, y con la historia del héroe Baybars y sus aventuras…

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En mi opinión, la portada del libro refleja maravillosamente su estructura, un conjunto de múltiples hilos multicolores que se entrelazan entre sí para conformar el dibujo de una gran alfombra persa. Y desde luego, no faltan entrelazados, incluidos el relato bíblico del nacimiento de Ismael, hijo ilegítimo de Abraham igual que lo fue el abuelo de Osama de su propio padre (además, no podemos olvidar que, según una tradición, los musulmanes descienden de Ismael). Por otra parte, Alameddine entremezcla de forma fabulosa la historia y el cuento, llegando incluso a la mise en abîme, es decir, contar una historia dentro de otra (por ejemplo, el sultán le relata a su esposa la historia de Baybars).

Es obvio que el autor ha bebido de numerosas fuentes para crear su obra (sobre todo para la parte más “fantasiosa”), pero merece la pena citar algunas.

  • Fuentes religiosas. El Corán y la Biblia, especialmente esta última, suponen dos fuentes muy valiosas. Alameddine se inspira particularmente en el Génesis, cuya historia cuenta dando protagonismo a Ismael y a su madre, la esclava Agar. También se inspira en la Biblia para ponerles los nombres de patriarcas y profetas bíblicos a los siete diablillos de colores que acompañan a Fátima.
  • Historias y cuentos tradicionales. De este segundo grupo, la palma se la llevan Las mil y una noches. Podemos ver claras influencias de Simbad, Aladino y otros héroes populares en el personaje de Baybars.
  • Homero. Los combates singulares de la Ilíada sirven de inspiración a Alameddine para las batallas de Baybars y sus compañeros o la lucha de Fátima y los diablillos contra el rey Kade y su ejército.
  • Ovidio. Las Metamorfosis del poeta latino también son de destacar por su importancia, ya que no faltan las transformaciones de personajes en animales o en monstruos.
  • Geoffrey Chaucer. Autor de los Cuentos de Canterbury, su obra no sólo tampoco se queda atrás en inspirar al autor, sino que además su influencia se entrelaza con la de Las mil y una noches, pues durante siete noches, el bandido Jayal trata de seducir con cuentos a Yawad, criado de Fátima.

Evidentemente, a todo esto hay que añadir la historia del propio Líbano, junto con la influencia de la propia familia de Alameddine. Osama y el autor se parecen en muchos aspectos, pero este último deja claro que “los al-Jarrat no son los Alameddine”.

En cuanto a los personajes, es innegable que cada uno tiene un matiz que lo hace especial; Alameddine hace que cada uno de ellos sea único e irrepetible. De este modo, me quedo con la devoción de Osama a su abuelo, la dulzura de éste, la afabilidad del tío Yihad (aunque lo encuentro bastante enigmático), el valor de Fátima y la simpatía de los diablillos.

Llevaba tiempo deseando recomendar esta fabulosa novela, y considero que aún no es demasiado tarde para incluirla en la carta a los Reyes Magos. Y si no os la traen, no pasa nada; siempre nos quedarán los cumpleaños o esas cuevas del tesoro que son las bibliotecas.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

lunes, 6 de diciembre de 2010

Como siempre, todo queda en familia

Y si no, que se lo digan a los integrantes del clan Inugami (Inugamike no Ichizoku), familia protagonista de la novela homónima de Seishi Yokomizo. Escrita originalmente en 1972, se trata de una de las novelas más conocidas de su autor (tan popular en su tierra que incluso hay un premio literario con su nombre desde 1980) y la primera en publicarse en España. Esperemos ver pronto las siguientes en las librerías de nuestro país…

El anciano millonario Sahei Inugami fallece tras una larga vida, dejando tres pérfidas hijas, nacidas de diferentes mujeres, y nietos ya crecidos. Pero la mayor parte de la fortuna y las reliquias familiares (un hacha, una cítara y un crisantemo en miniatura y de oro) resultan ser para la bella Tamayo Nonomiya, nieta de un sacerdote sintoísta que salvó la vida a Sahei en su juventud; sin embargo, Tamayo debe casarse con uno de los tres nietos varones de su protector.

La avaricia desmedida y las envidias devendrán en una serie de macabros asesinatos que sólo Kosuke Kindaichi, un detective de apariencia desastrada pero de gran inteligencia, podrá resolver…

elclaninugami

Supe de la existencia de esta novela gracias a que Violeta la recomendó en su propio blog, y me quedé fascinada cuando leí el argumento. Pocos meses después, me di de bruces con un ejemplar en la papelería donde suelo imprimir mis trabajos, y no pude resistir la tentación. No me defraudó lo más mínimo: la trama y el estilo de Seishi Yokomizo me atraparon desde el primer momento. Desde el principio me vinieron a la mente los libros de Agatha Christie, con ese brillante Hercules Poirot que resuelve los casos con su gran capacidad de deducción. Aunque, la verdad sea dicha, una ve a Kindaichi tartamudeando y rascándose la cabeza como loco (hábitos que empeoran cuando se pone nervioso) y lo último que se le ocurre es que sea detective.

Ya he mencionado que Seishi Yokomizo es un autor muy influyente en Japón, pero debo añadir además que muchas de sus novelas han traspasado el papel y llegado a la gran pantalla. En el caso de El clan Inugami, ha sido llevada al cine en dos ocasiones por el mismo realizador (Kon Ichikawa), una en 1976 y otra en 2006. Este verano vi esta última adaptación en versión original con subtítulos en inglés. Abajo, un cartel de la película.

inugami

Pero las obras de Yokomizo no sólo han despertado la inspiración en el género cinematográfico, sino también en el manga, ya que Hajime, el protagonista de Kindaichi Shounen no Jikenbo, es un nieto de Kousuke Kindaichi (abajo, la portada original del primer volumen), aunque sin el permiso de los descendientes de Yokomizo.

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Pues bien, queridos Rebeldes, si os apasionan la cultura japonesa, las novelas policíacas, la intriga, el misterio y los asesinatos (ficticios, espero) sangrientos a más no poder, no me cabe la menor duda de que El clan Inugami os dejará más que satisfechos. En cuanto a las otras novelas de Yokomizo (77 en total), con títulos tan jugosos como Los asesinatos Honjin, La isla Gokumon o El pueblo Yatsuhaka, nos queda bien sentarnos y esperar a que alguna editorial se decida a publicarlas en español, bien buscarnos una versión en inglés o en japonés para traducirla (pero traducirla y revisarla bien) nosotros mismos. ¿Quién se anima?

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 16 de octubre de 2010

El bien y el mal son las dos caras de la misma moneda

Se puede llegar a esta conclusión después de leer el famosísimo relato de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde), escrita en 1886 por el escocés Robert Louis Stevenson. Di con esta novela durante la pasada Feria del Libro de Córdoba (dedicada a la novela negra), y no pude resistir la tentación.

Sin duda, muchos conocerán los puntos principales de esta obra, pero es buena idea hacer memoria de todos los detalles: el abogado Gabriel J. Utterson no ve con buenos ojos el enigmático vínculo entre su buen amigo, el amable doctor Henry Jekyll, y el extraño Edward Hyde, un hombre que es cualquier cosa menos una persona recomendable. Sin embargo, cuando Hyde asesine a sangre fría a un político muy respetado y Jekyll comience a mostrarse misteriosamente taciturno, Utterson sospechará que hay gato encerrado…

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Me habría encantado poner algún vídeo de una de las muchas adaptaciones cinematográficas de la novela, pero claro, eso habría supuesto estropear la trama, de modo que os dejo la portada de la edición que leí (la traducción es muy buena, y las escalofriantes ilustraciones no se quedan atrás).

Por otro lado, no es casualidad que esta novela aún suscite interpretaciones y se siga versionando a otros géneros artísticos (incluido el teatro musical); a lo largo de la Historia han surgido diferentes conceptos que engloban la idea de un álter ego igual a uno mismo pero con un corazón cruel y despiadado: el Genio malo (el famoso diablillo contrapuesto al angelito), el doppelgänger, el “gemelo malo”… Todos ellos ocultos en el alma humana y pugnando por salir a la luz. Hyde es uno de ellos, a pesar de haber sido creado artificialmente; además, en su juventud Jekyll cometió actos indignos de los que se arrepiente profundamente (muy presumiblemente una relación homosexual con Utterson) y que intenta reprimir por todos los medios. Jekyll intenta librarse de esa parte de sí mismo que él considera repugnante, pero no le sale nada bien, y paga las consecuencias.

Además, este libro me ha hecho recordar un reportaje que leí hace años en una revista y con el que me sentí extrañamente identificada. En ese reportaje, un psicólogo afirmaba que las personas más bondadosas y que más tratan de reprimir su parte malvada solían sufrir mucho más que los que no siempre se portaban bien, ya que el lado oscuro de los primeros a veces salía de improviso y en forma de pensamientos inconfesables y repulsivos (por ejemplo, un filántropo que se imagina a sí mismo matando a alguien) y muchos temían que esa clase de pensamientos pudieran ser señal de algún trastorno psíquico o que se estuviesen convirtiendo en depravados sin sentimientos ni decencia. Por este motivo, el psicólogo exhortaba a esta gente a reconocer la naturaleza dual del corazón humano, a mantener un equilibrio entre ambos polos y a no angustiarse por ese tipo de pensamientos. A fin de cuentas, una travesura inofensiva de vez en cuando no hace daño.

Así pues, cuando me vino a la mente aquel reportaje, no tardé en comprender que el pobre Henry Jekyll pertenecía a ese grupo y que tuviese tantas ganas de deshacerse de su lado oscuro. Pero naturalmente, teniendo en cuenta su carácter y su esfuerzo por actuar siempre haciendo el bien y conteniendo sus impulsos “malignos”, es natural que Edward Hyde sea tal y como es.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 24 de septiembre de 2010

Más vale libertino conocido que seductora por conocer

Con este título me refiero al Vizconde de Valmont y a la Marquesa de Merteuil, figuras cumbre de Las amistades peligrosas (Les Liaisons Dangereuses; 1782), del militar francés Pierre Choderlos de Laclos. Llevaba mucho tiempo deseando leer esta novela, y por fin tuve la oportunidad de hacerlo cuando en una asignatura la profesora nos mandó traducir fragmentos de novelas y poemas franceses. Pedí que me dejase trabajar con este libro, y así conseguí que cayese en mis manos.

Asumiendo el papel de editor, Laclos nos narra en esta novela epistolar los fraudes y tejemanejes de los mencionados nobles, manipuladores y disolutos, si bien ella debe ocultar esta faceta por su condición de mujer. Cuando un ex-amante de la viuda Merteuil vaya a casarse con la joven Cécile Volanges, hija de una prima lejana de la Marquesa, ésta le pedirá a Valmont que seduzca y corrompa a la futura novia mientras finge ayudarla en sus amores con el caballero Danceny. Sin embargo, Valmont tiene entre manos un reto mucho más difícil e interesante: seducir a la virtuosa Presidenta de Tourvel, una dama burguesa felizmente casada y muy religiosa. Cuando ambos retos se unan, el caos y el escándalo estarán servidos…

amistadespeligrosas

Cuando Laclos comenzó a escribir Las amistades peligrosas, comentó que iba a crear una obra que hiciera ruido, que causara conmoción mientras viviera y siguiera haciéndolo después de su muerte. Y lo consiguió con creces: adornada con ilustraciones muy adecuadas, desde su publicación le llovieron las alabanzas, pero también los vituperios por parte de los sectores más conservadores y, naturalmente, la alta nobleza satirizada en la novela. Esta obra se enmarca en la novela libertina del siglo XVIII, en la que los personajes olvidan cualquier sentimiento de piedad religiosa o decoro y recurren a toda clase de artimañas y manipulaciones para lograr sus fines.

Por otro lado, Laclos rompe el molde del modelo femenino de esta corriente literaria (mujeres virtuosas pero corruptibles, como la Presidenta de Tourvel) para crear un modelo de mujer corruptora; es admirable la carta LXXXI, en la que la Marquesa relata al Vizconde su propia adolescencia y sus inicios como amante y seductora. Sin embargo, y pese al carácter un tanto impúdico de la novela, presenta una finalidad claramente moralizante: es necesario tener cuidado con la influencia que posee la gente sobre nosotros, pues hasta la persona que parece más decente y respetable puede ocultar tras su fachada un álter ego maquiavélico y cruel.

La novela ha sido llevada a la gran pantalla en algunas ocasiones con mayor o menor fidelidad al libro, que también ha inspirado un par de series televisivas. Las adaptaciones más conocidas son la película homónima de 1988, Valmont (1989) y Crueles intenciones, de 2003.

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Me he sentido muy tentada de incluir en la entrada el tráiler de la primera de las películas que he citado (es la única que he visto, y no está nada mal), pero prefiero poner el cartel en su lugar para no adelantaros demasiados hechos de la obra (como podéis ver, el reparto no es moco de pavo). De los personajes de la obra, me quedo con el trío protagonista (una noble de alta cuna sin escrúpulos, un seductor con algo de corazón y una dama decente con muy mala suerte), además de la anciana Madame de Rosemonde, la amable y comprensiva tía de Valmont.

Debo añadir como última observación que, por desgracia, hoy casi nunca se recuerda esta novela por su ironía, su sátira social y mucho menos su finalidad moral, sino que sólo se menciona su parte carnal y se habla de ella como una novela erótica, en el mejor de los casos. Así pues, si alguna vez coincidís con este libro, intentad no dejaros llevar por su parte carnal; antes bien tratad de concentraros en las urdimbres de la terrible pareja. Y por supuesto, mucho cuidado con las influencias ajenas…

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 14 de septiembre de 2010

Me llamo Kvothe. Ésta es mi auténtica historia.

Así se presenta el protagonista de El nombre del viento (The Name of the Wind; 2009), ópera prima de Patrick Rothfuss y primer tomo de la trilogía Crónica del Asesino de Reyes. Vi este libro recomendado en una revista, y desde que lo miré supe que esta novela olía a dos cosas: a éxito y a buen libro (en la literautra actual, normalmente los dos olores no aparecen juntos, y en los best-sellers, menos).

Kvothe (pronúnciese “Cuóuz”), otrora héroe legendario, vive ahora bajo el nombre falso de Kote y regenta la humilde posada Roca de Guía. Al ser reconocido por el escritor Devan Lochees (denominado “El Cronista” a lo largo de casi toda la obra), que convalece en su posada, Kvothe se verá obligado a contarle su historia durante tres noches. El nombre del viento se corresponde con la primera noche: su feliz infancia, su durísima adolescencia y su primer y turbulento año en la Universidad…

Considero que el mensaje con el que Kvothe se presenta y relata algunos de los hechos de su vida merece conocerse por entero, así que por eso he añadido este vídeo (un “tráiler” realizado por la editorial Mondadori, aunque, la verdad sea dicha, me leí una edición de Círculo) a la entrada en lugar de la portada del libro, como suelo hacer.

Por otro lado, para ser su primera obra, Patrick Rothfuss escribe con verdadera maestría; no en vano empleó ni más ni menos que catorce años para que este libro viera la luz (siete años para escribirlo, y otros siete para pulirlo y publicarlo). Además, él mismo declaró en una entrevista que puso todo su empeño en escribir algo diferente, pues según él muchos autores parecen emplear siempre los mismos recursos como si fuera una receta de cocina. Y en mi opinión, el primer plato de su menú deja muy buen sabor de boca y ganas de probar más: los países, la religión, las costumbres e historias, los poemas y canciones típicos… Rothfuss realmente se ha esforzado por construir un mundo sólido y bien cimentado, con creencias muy interesantes y mitos bien construidos.

El personaje de Kvothe me encanta en todos los aspectos, y especialmente por su ansia de saber, su tremenda fuerza para salir adelante pese a los miles de obstáculos (de tipo humano, en su mayoría), su habilidad y creatividad como músico y su ironía (lo que me habré reído con las pullas que le lanza a Ambrose). De los personajes secundarios, considero a la lunática Auri una chica tan dulce como enigmática; creo que aún nos guarda alguna sorpresa más (y de momento es la única chica en la que no se ha fijado Kvothe). Y de los villanos, encuentro a los Chandrian sumamente fascinantes; me muero de ganas de conocer más datos sobre ellos, empezando, por supuesto, por saber qué son exactamente.

Así pues, es fácil darse cuenta de las tremendas ganas que tengo de leer el siguiente tomo de esta trilogía; se sabe que se titulará The Wise Man’s Fear (El temor del sabio) y se espera que se publique en marzo del próximo año. Por supuesto, esperemos que esta fecha hipotética sea más o menos correcta y que no emplee otros catorce años en contarnos las aventuras y desventuras de Kvothe y los demás.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 15 de agosto de 2010

Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas…

…o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros.

Estos versos pertenecen a un poema titulado Kabul, escrito en el siglo XVII por el poeta persa Saib-e-Tabrizi, e inspiraron a Khaled Hosseini el título de Mil soles espléndidos (A Thousand Splendid Suns), su segunda novela, escrita en 2007. Esta segunda obra no sólo tuvo una recepción magnífica, sino que superó con creces el éxito fulgurante de Cometas en el cielo.

Esta vez, Hosseini nos trae una historia de dos mujeres. Por un lado, tenemos a Mariam, hija ilegítima de Yalil, un rico empresario de Herat. Sueña con ser aceptada por su padre, pero éste la obliga a casarse a los quince años con Rashid, un zapatero kabulí treinta años mayor que ella que al principio se mostrará amable con Mariam pero después la maltratará cruelmente.

Por otro lado, casi treinta años después, tenemos a Laila, una joven de catorce años que pierde a sus padres y que se convertirá en la segunda esposa de Rashid. La hostilidad que surge al principio entre ambas mujeres pronto se convertirá en una fortísima amistad, casi un vínculo materno-filial, que las ayudará a enfrentarse a la adversidad tanto fuera como dentro de casa…

milsoles

En esta novela, Hosseini no pierde ni pizca del estilo (las palabras y expresiones en farsi siguen ahí) y de la temática que lo catapultaron a la fama. Y ello se agradece sinceramente, pues Mil soles espléndidos es una obra tan desgarradora por las crueldades que retrata como conmovedora por las bondades que en ella se describen. A lo largo de los gobiernos que se suceden en la novela (monarquía, república, ocupación soviética, enfrentamiento con los muyahidines y alzamiento talibán), el lector puede disfrutar de un abanico de personajes amplísimo; entre mis favoritos, aparte de (por supuesto) Mariam y Laila, incluyo a Tariq, Hakim, Aziza y el señor Yamal.

No me cabe la menor duda de que Mil soles espléndidos no defraudará a los fans de Hosseini, aunque las dos novelas del autor pecan de ser (si hay que buscárseles algún defecto) un poco previsibles. Sin embargo, una vez más debo decir Tashakor, Hosseini sahib.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

miércoles, 4 de agosto de 2010

El veneno es la reina

He aquí la “frase mágica” de una de las mejores novelas de la literatura británica: Yo, Claudio (I, Claudius) del mitólogo y catedrático de Oxford Robert Graves. Escrita en 1934, bebe de las fuentes de Tácito, Plutarco y especialmente de Suetonio. De hecho, se cuenta que después de que Graves leyese la biografía de Claudio escrita por este último, el emperador se le apareció en sueños exigiendo que se narrase su verdadera historia (precisamente Claudio fue un gran historiador), y Graves hizo este libro y su continuación, en los que se describe a este emperador (cojo, tartamudo y con demasiado gusto por el vino) con comprensión y simpatía.
 
La obra, que abarca desde el gobierno de Augusto, antes del nacimiento del propio Claudio, hasta la coronación involuntaria de éste, está escrita en primera persona y salpicada de tristeza y amarga ironía que, sin embargo, es capaz de provocar más de una sonrisa en el lector. Sin ir más lejos (reconozco que no puedo resistir la tentación), he aquí la primera frase:
 
Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico esto-y-aquello-y-lo-de-más-allá […], conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como “Claudio el Idiota”, o “Ese Claudio”, o “Claudio el Tartamudo”, o “Clau-Clau-Claudio”, o, cuando mucho, como “El pobre tío Claudio”, voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.
 
(Traducción de Floreal Mazía. Alianza Editorial, 1979)
 
yoclaudio
 
Supongo que no es difícil darse cuenta de que me siento muy orgullosa de recomendar esta novela; ya no sólo por su calidad y su rigor histórico, sino por su fama y la buena consideración que aún recibe del público. Esta novela (junto con su segunda parte, que intentaré buscar en cuanto pueda) tuvo una excelente acogida desde el principio, si bien posteriormente Graves lamentó haber escrito los dos libros, pues su popularidad eclipsó sus otras obras y trabajos. Y en ese sentido, la fabulosa miniserie de trece capítulos (adapta ambas novelas; justamente acabé de verla anoche), realizada en 1976 y ganadora de numerosos premios (incluido un Emmy), no ayudó mucho.
 
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Una de las cosas buenas de que Yo, Claudio sea una autobiografía es que permite conocer a los personajes y sus virtudes, manías y defectos muy de cerca (por ejemplo, la coletilla de Augusto “En menos que se chupa un espárrago”). Claudio, que sobrevivirá en la corte haciéndose el tonto y exagerando sus defectos, retrata maravillosamente a su familia y las intrigas imperiales, especialmente las de su cruel abuela, Livia. De los buenos, mis favoritos son el propio Claudio pese a sus muchos defectos, Germánico, Póstumo, Atenodoro, Augusto y Julia (pese a su promiscuidad). Con los villanos no hay término medio, o se adoran pese a sus maldades y perversiones (Livia, Calígula) o se odian justamente por ellas (Livila, Tiberio, Sejano, Mesalina, Agripina la Menor, Nerón; incluyo estos tres últimos tras verlos en la serie).
 
Estoy convencida de que los aficionados de la cultura romana, de la Historia y de la buena literatura en general se sentirán más que complacidos con esta obra (la única pega que tiene es que hay que consultar el árbol genealógico de la familia cada dos por tres). En cuanto a mí, trataré de buscarme la segunda parte “en menos que se chupa un espárrago”: Claudio, el dios, y su esposa Mesalina. Y sí, la expresión de Augusto se me ha pegado.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros

viernes, 18 de septiembre de 2009

Del Infierno al Paraíso, pasando por el Purgatorio

Sí, queridos Rebeldes, hoy voy a recomendar uno de los pesos pesados entre los clásicos de la literatura y una de las obras más conocidas y populares: la Divina Comedia, de Dante Alighieri. La obra, que según los críticos debe entenderse como un tránsito psíquico interior más que como un auténtico viaje físico entre los tres lugares, se compone de tres partes (Infierno, Purgatorio y Paraíso) que conforman cien cantos (34 la primera, 33 la segunda y 33 la tercera) compuestos por tercetos encadenados de versos endecasílabos. He tenido la inmensa suerte de leer una edición (Alianza Editorial, traducción de Abilio Echevarría) que respetaba religiosamente la rima y la estrofa, así que la lectura ha resultado especialmente satisfactoria.

El libro comienza con Dante perdido en un espeso bosque del que logra salir para encontrarse de bruces con una pantera, un león y una loba que lo hostigan para que vuelva a la espesura, pero el poeta latino Virgilio (autor de la Eneida y poeta muy admirado por Dante) lo rescata y le explica que Beatriz, amada del poeta, le ha encargado que lo acompañe y lo guíe hasta el Paraíso en un viaje iniciático que lo llevará a conocer los tormentos de los condenados en el Infierno y las penitencias de los pecadores en el Purgatorio. Pero el camino es más peligroso y difícil de lo que a uno le gustaría…

divina

No tengo palabras para definir esta obra, porque cualquier calificativo se queda corto. Para empezar, valiéndose de sus conocimientos sobre los clásicos grecorromanos y su mitología, Dante llena las lagunas cristianas sobre el Infierno y el Purgatorio, completando el poco o ningún conocimiento que se poseía sobre estas dimensiones. Por otro lado, la Divina Comedia también destaca por ser tanto una excelente fuente de información sobre la historia de Italia, sus reinos y las luchas de poder entre familias y facciones (en especial güelfos y gibelinos) como un genial friso de personajes, tanto históricos como ficticios, con los que Dante conversa de forma amistosa u hostil. Entre ellos elegiría como favoritos a Virgilio y a Beatriz, pero uno de los personajes femeninos (escasos, pero magistrales en opinión general) que me han robado el corazón (en el mejor de los sentidos) ha sido la enternecedora Francesca da Rímini y su historia de amor adúltero.

Para terminar, no podemos olvidar que las obras maestras siempre crean escuela, y la Divina Comedia no ha sido ninguna excepción, pues ha sido de fuente de inspiración a otros artistas (el fresco del Juicio Final de Miguel Ángel, el cuadro Dante y Virgilio en los infiernos de Delacroix) y adaptado a otros géneros (como el cómic japonés Dante Shinkyoku de Go Nagai), además de ser referido o citado en muchos otros libros, películas, etc. En definitiva, un clásico del siglo XIV que aún hoy sigue influyendo en las artes.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 28 de agosto de 2009

La brújula, la daga y el catalejo

Si en la anterior entrada ya había tratado una trilogía literaria, en ésta voy a hacer lo mismo. Y en cuanto a los tres objetos del título, son los que protagonizan los tres tomos de La Materia Oscura: Luces del Norte, La Daga y El Catalejo Lacado, del autor británico Philip Pullman. El primero fue adaptado al cine como La Brújula Dorada (The Golden Compass) por ser éste el título que recibió el libro en Estados Unidos, pero la película (infumable por la mala adaptación y además engañosa) no le hace la menor justicia al libro; afortunadamente, tengo entendido que, dado el fracaso de la película, no se versionarán los otros dos volúmenes. Estos libros me los regalaron cuando cumplí catorce años, y desde el primer momento me impactó la profundidad de la historia, la sorprendente madurez de la narración y sobre todo la desbordante imaginación y el discurso marcadamente antirreligioso del autor.

Luces del Norte (Northern Lights) está ambientado en un mundo muy similar al nuestro pero a la vez muy diferente, pues entre otras cosas parte del alma de las personas reside fuera de sus cuerpos en forma de animales llamados daimonions (dæmons en la versión original), que reflejan la personalidad y otros rasgos de su poseedor y nacen y mueren con él. La protagonista es Lyra Belacqua, una niña huérfana de once años que vive en el Jordan College de Oxford. Los niños comienzan a desaparecer misteriosamente, supuestamente raptados por los extraños “zampones”, y entre ellos el mejor amigo de Lyra, Roger. Acompañada de su daimonion Pantalaimon y con la ayuda de su aletiómetro (una especie de brújula de cuatro agujas que siempre señala a la Verdad, que en griego es alétheia), Lyra irá en busca de su amigo y de la extraña materia dorada bautizada como “Polvo” en su viaje al Norte, donde deberá enfrentarse a temibles enemigos…

lucesdelnorte

La Daga (The Subtle Knife) se ambienta en buena parte en nuestro propio mundo. El protagonista es Will Parry, un chico de doce años que mata por accidente a uno de los hombres que lo acosan a él y a su madre por unas cartas de su padre, desaparecido en una de sus expediciones cuando Will sólo era un bebé. Huyendo de su crimen, Will se refugia en el mundo de Cittàgazze, habitado únicamente por niños, donde conoce a Lyra, la protagonista del tomo anterior. Ambos conocerán a la científica Mary Malone, que investiga unas extrañas partículas doradas de extraordinario comportamiento, y deberán luchar contra nuevas amenazas tanto de nuestro mundo como de Cittàgazze a la vez que intentan hacerse con un nuevo y poderoso objeto por el cual muchos matarían…

ladaga

El Catalejo Lacado (The Amber Spyglass) constituye el esperado clímax de la trilogía. Mientras que las fuerzas de todos los bandos se preparan para enfrentarse finalmente entre sí, Will y Lyra prosiguen su viaje en busca del mundo de los muertos acompañados del caballero Tialys y lady Salmakia, pertenecientes a la raza de los gallivespianos (diminutos y orgullosos seres antropomorfos, provistos de espolones venenosos en los talones y que montan en libélulas y otros animales amaestrados), perseguidos por nuevos y antiguos enemigos. Por su parte, la doctora Malone, que continúa con sus investigaciones, llega a otro mundo donde será acogida por las hospitalarias y civilizadas criaturas mulefa, que ven como los árboles de su mundo se marchitan lentamente a la vez que se enfrentan a sus acérrimos enemigos: las sanguinarias y crueles aves tualapi…

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Como ya dije al principio, desde el primer momento me atrapó la trama de esta trilogía que he releído varias veces a lo largo de mi vida, pues definitivamente estos libros marcan a quienes los leen de una forma absolutamente imborrable. Y puede que tal vez sea precisamente esa marca lo que hace que uno quiera leerlos de nuevo, una y otra vez. Los personajes son tan variopintos que resulta muy difícil elegir uno como favorito, pero de los dos protagonistas creo que me quedo con Will, y en cuanto a los personajes secundarios, Lee Scoresby por su valor y su sentido de la amistad y Serafina Pekkala por su sabiduría y su misticismo. Por otro lado, son de destacar las referencias literarias existentes en los libros, desde una cita de El paraíso perdido de Milton a pequeñas citas de famosos poetas anglosajones como Emily Dickinson, William Blake, etc., pasando incluso por una reescritura del Génesis en la que Adán y Eva descubren que poseen sus propios daimonions tras cometer el pecado original.

En definitiva, éstos son unos libros que merecen tener un lugar en cualquier estantería y que merecen ser leídos al menos una vez en la vida. Porque cuando una persona los lee, ya no vuelve a ver el mundo como antes.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 9 de junio de 2009

¿Os gustan los erizos?

En primer lugar, sé que no tengo perdón por no haber colgado ni una miserable entrada en todo lo que llevamos de año, pero es que este curso he estado atareadísima, y no he tenido tiempo más que de comenzar este borrador que por fin publico hoy.

En cuanto a la pregunta del título de la entrada, se debe al título de la novela que voy a recomendaros hoy: La elegancia del erizo (L'élégance du hérisson), de la escritora francesa Muriel Barbery, que también ejerce como profesora de Filosofía (y esto se nota muchísimo en su novela). Esta novela me la regalaron hace ya tiempo, por Navidades, y aunque la recomiendo hoy, en su momento tardé sólo unos pocos días en leérmela, pues es fabulosa.

La historia tiene lugar en París en la época actual, en el número 7 de la calle Grenelle, y cuenta con dos estupendas protagonistas femeninas. Por un lado, está Renée Michel, la portera del edificio, una viuda de cincuenta y cuatro años que ostenta una increíble cultura que se ocupa de ocultar por todos los medios a los residentes del inmueble para no llamar su atención. Para ello, comete de forma premeditada numerosas incorrecciones en el habla y pone la olla hasta arriba de comida y la televisión a todo volumen para que la gente se la imagine apoltronada en la butaca con su gato Léon en los brazos, viendo telebasura mientras se prepara el almuerzo, cuando en realidad lo que hace es leer y leer sin parar y de vez en cuando ver películas antiguas, en especial cine antiguo japonés.

Por otro lado, tenemos a Paloma Josse, una inteligentísima niña de doce años a la que le ha tocado vivir en una familia tan adinerada como superficial y egocéntrica. En una casa (y en el edificio en general) en la que cada uno va a lo suyo y nadie ve más allá de sus narices, Paloma es una pequeña filósofa, también aficionada a la cultura japonesa (incluso se apunta a clases de japonés en su colegio como optativa), que escribe haikus sobre su vida y se expresa en agudos escritos sobre el mundo que la rodea.

A lo largo de la novela, Renée y Paloma se expresan en sus respectivos mundos hasta la llegada de un nuevo y misterioso vecino, el señor Kakuro Ozu, que será quien propicie con su presencia el encuentro de tan singulares almas gemelas.

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Este libro, simple y llanamente, me encantó. Hacía tiempo que no me encontraba con una novela tan buena, divertida y a la vez reflexiva y meditativa. El trío protagonista (Renée, Paloma y el señor Ozu) se ha ganado mi corazón, y si no fuera porque a lo mejor terminaba a la escasa altura mental de Colombe (hermana mayor universitaria y mema de Paloma), no me importaría tener a las dos primeras respectivamente de abuela y de hermana menor. Y por supuesto, al señor Ozu de abuelo.

En fin, si queréis saber por qué Renée se comporta de dicha manera, qué será de Paloma y su familia y cuáles son los secretos del señor Ozu, os recomiendo que os leáis este genial libro del que ya están rodando una película (esperemos de corazón que salga algo medianamente decente).

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 3 de febrero de 2009

Del Esplendor a la Catástrofe

Lo primero que debo hacer con esta nueva entrada es desearle un Feliz Año 2009 (con mucho retraso, naturalmente) a mis queridos rebeldes y a los seguidores de mi blog, aparte de, por supuesto, esperar que Papá Noel o los Reyes Magos (a vuestro gusto) os hayan traído material con el que propagar la Rebeldía de Leer (pese a la crisis). En cuanto al título de la entrada, así se titulan los dos volúmenes de mi primera recomendación del año 2009: La Novela de Genji (o Genji Monogatari), de Murasaki Shikibu. En realidad "Shikibu" debería haberse traducido más o menos por "doña", pero a los traductores no les sonaba del todo natural utilizar "doña" con un nombre extranjero (y eso que en la versión inglesa transcribieron el nombre de la autora como Lady Murasaki), por lo que lo dejaron como si Shikibu fuese su apellido. En cualquier caso, este año empezamos a lo grande con una Recomendación con mayúsculas; no sólo por la cantidad de etiquetas que trae esta entrada, sino también porque este libro está considerado (y con mucha razón) la obra maestra de la literatura nipona. Baste con recitar el principio de la obra: "En el reinado de cierto emperador cuyo nombre y fecha omitiré..." Se parece mucho al principio de El Quijote, ¿verdad?
Esta novela se escribió en el siglo X, en la era Heian, considerada el período de esplendor de Japón por varios motivos:
  • El país, con capital en la ciudad de Heian Kyo (la actual Kioto), vivía en paz. Precisamente del nombre de la ciudad recibe el nombre dicha era.
  • Los nobles, aparte de regir el país, se dedicaban a vivir tranquilamente su vida dedicados a las artes (que florecieron espectacularmente), especialmente la literatura y la poesía; con frecuencia solían realizar certámenes y celebrar fiestas de mayor o menor suntuosidad en las que se casi siempre se repartían regalos. Debía saberse hacer un poema de forma rápida y adecuada a la situación (por ejemplo, para dar una buena respuesta a un desafío), o de lo contrario no se tendría en buena consideración a quien no pudiese hacerlo.
  • Las mujeres nobles estaban relativamente bien tratadas (sabían leer y escribir y, salvo algunas restricciones de conducta, contaban con bastante libertad) si se compara con Occidente.
  • El budismo y el sintoísmo coexistían en el país sin demasiados problemas, a pesar de cierta rivalidad entre ambas religiones.

A todo esto hay que añadir que, aunque el país gozaba de una buena situación, se contemplaba la vida de forma fatalista, considerando que se vivía en una época decadente y que se acercaban tiempos aciagos.
De todas formas, vayamos al grano: la Novela de Genji es un relato ficticio compuesto de numerosos conjuntos de libros agrupados en dos volúmenes, Esplendor y Catástrofe (es muy posible que falten capítulos), junto con más de mil poemas breves y referencias a grandes poemas tradicionales de Japón, en especial el Kokinshu y el Gosenshu. La historia relata los avatares de la vida de Genji, un joven príncipe que es el segundo hijo del emperador y de su esposa favorita, Kiritsubo. Desde muy joven se lanza a la búsqueda del ideal femenino en las mujeres de su entorno, pues su madre, considerada como una mujer ideal, murió cuando él era apenas un bebé y no la recuerda. Así pues, Genji tiene relaciones amorosas con diversas mujeres, en las que busca ese ideal que tanto ha comentado con sus amigos y compañeros.

Posiblemente este resumen no sea del agrado de las personas que conocen bien la obra y tal vez me arriesgue a que me critiquen o (lo más probable) que mi resumen convierta a Genji en un donjuán a la japonesa, cuando en realidad su comportamiento era bastante normal (en la edición de Círculo de Lectores, que es la que he leído, vienen comentarios muy interesantes respecto a esto), si bien sus allegados consideran que a veces se pasa de la raya, e incluso la propia Murasaki lo tacha de “incorregible” en más de una ocasión.
Por otro lado, debo destacar este libro como una magnífica novela de costumbres; la autora describe minuciosamente las maquinaciones de la Corte imperial y las tradiciones y creencias de su época, que ella misma critica indirectamente. Por ejemplo, el hecho de que, según el budismo, un alma no puede ir al Nirvana si ha vivido como mujer, sino que primero debe reencarnarse en un hombre y así ir al Paraíso, así como el hecho de que se mirase con malos ojos a una mujer que leyese poesía en chino, cosa que Murasaki hacía a la muerte de su esposo y su padre (hasta sus propias criadas la criticaban por ello). No obstante, la autora tendía a la autocensura cuando trataba este asunto: “pero no está bien que una mujer hable de poesía china, de modo que no añadiré ni una palabra más”.
En fin, después de esta descomunal parrafada sólo me queda recomendar este excelente libro, del que se han hecho películas, obras teatrales, series y hasta algún manga. Mientras tanto, voy a intentar buscarme la otra obra por la que Murasaki es famosa: su propio Diario.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros