domingo, 13 de mayo de 2012

De América a África en busca de las raíces familiares

¡Hola a todos, queridos Rebeldes! En primer lugar, pido perdón por el grandísimo lapso de silencio entre mi última actualización y ésta, pero he estado con mi último examen, papeleos varios y un intento de escribir una novela (si un día se publica, seréis los primeros en saberlo), y apenas he podido acercarme al blog. En segundo lugar, sé que, en teoría, ahora tocaría la entrada correspondiente a Las afinidades electivas, pero creo que voy a releerme el libro para escribir una entrada mejor (hace ya mucho que lo leí, y no me vendría mal recordar detalles), de modo que voy a pasar a los libros siguientes.

Así pues, hoy nos toca hablar de la novela Raíces (Roots; 1976), del estadounidense Alex Haley, que nos cuenta en sus páginas la historia de su familia materna desde el siglo XVIII hasta nuestros días. La historia comienza en Juffure, una pequeña aldea de Gambia, con el nacimiento de Kunta, primogénito de Omoro y Binta Kinte, ambos de etnia mandinka. Tras una infancia muy feliz junto a los suyos, Kunta es capturado, con apenas diecisiete años, por unos tratantes de esclavos que se lo llevan a América. Y a partir de aquí comienzan sus avatares y los de sus descendientes…

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Esta novela, de lectura obligada en EE.UU., vio la luz tras doce años de investigación por parte de Haley (fallecido en 1992), que desde niño escuchaba las historias que se contaban en su familia sobre sus antepasados lejanos, hasta llegar a uno al que llamaban “el africano”. Gracias a varias coincidencias más que afortunadas, no sólo descubrió la identidad de “el africano”, sino que también pudo conocer a sus parientes gambianos en sexto grado y devolverle a los afroamericanos el derecho a conocer su propia Historia, cruelmente robada y borrada; aquí debo destacar los continuos choques culturales entre Kunta, musulmán y fiel a sus raíces, y los demás esclavos, cristianos y totalmente aculturados.

Por otra parte, el inmenso éxito de este libro llevó a su adaptación en forma de miniserie (disponible en Youtube, por el momento), que también fue un bombazo en su momento; baste decir que toda una generación de niñas afroamericanas recibieron el nombre de Kizzy (no diré quién es por si no queréis spoilers). Sin embargo, la historia de Kunta y los suyos también ha encontrado escollos en su camino, como la censura y la prohibición durante el apartheid sudafricano y los sabotajes de una estatua de Haley con Kunta por parte del Ku Klux Klan.

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(Carátula de la miniserie)

En resumen, tenemos aquí un valioso testimonio histórico, fidelísimamente documentado, de la otra Historia de los EE.UU. A fin de cuentas, el país no sólo se levantó con la firma de documentos, luchas de indios y vaqueros y fiebres del oro, sino, sobre todo, con la sangre, el sudor y las lágrimas de miles de hombres y mujeres arrancados de sus hogares, despojados de su cultura y forzados a dejarse la piel de sol a sol.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 10 de febrero de 2012

Walpurgis Nacht!

¡Hola a todos! En primer lugar, debo desearos (con un retraso imperdonable, lo sé) un Feliz Año Nuevo a todos. En segundo lugar, tengo que pedir disculpas por mi larga ausencia, ya que he estado un mes en Alemania (donde no tenía conexión a Internet) y a la vuelta (justo para las vacaciones de Navidad) he estado preparándome para un examen. Pero ahora que por fin estoy libre del todo, ya podemos empezar a recomendar libros.

La Noche de Walpurgis es una festividad del norte y el centro de Europa que se celebra en la noche del 30 de abril al 1 de mayo; según la creencia popular, los espíritus dejan sus tumbas para vagar libremente. De hecho, en el pasado, el mes de mayo estaba dedicado a los muertos, y decían que traía mala suerte casarse en este mes porque se corría el riesgo de que el futuro cónyuge fuese alguien del otro mundo.

Pues bien, justamente en tan señalada fecha comienza la narración de Drácula (1897), obra del irlandés Bram Stoker; probablemente la novela de terror más famosa de todos los tiempos y al mismo tiempo la más adaptada al cine.

La historia empieza durante el viaje del joven Jonathan Harker a Transilvania, donde debe tratar unos negocios con el Conde Drácula, caballero de exquisita cultura y extrañas costumbres. Mientras tanto, Mina Murray, prometida de Jonathan, espera el regreso de éste a Inglaterra mientras cuida de su amiga Lucy, que sufre sonambulismo…

dracula

El mito del vampiro ha estado presente prácticamente en todas las culturas, de Oriente (ya en Las mil y una noches podemos ver a una esclava vampiresa) a Occidente; a pesar de unas diferencias mínimas, el ser sobrenatural no-muerto (unas veces de perturbadora belleza, otras absolutamente repulsivo) vaga, guiado por su instinto destructor, y aniquila sus víctimas, si no las convierte en sus iguales y propaga su mal. También es necesario destacar el componente sexual del vampirismo, en especial en el caso de los vampiros bellos (y sobre todo, naturalmente, las féminas); su terrible hermosura, su desinhibición moral (más aún si tenemos en cuenta que Drácula se escribió en la pacata época victoriana) y su aire misterioso hacían que estas criaturas resultasen totalmente irresistibles (leed la escena de Jonathan y las tres vampiresas y veréis de lo que estoy hablando…).

Podemos ver un buen número de puntos de vista en esta novela, gracias a los cuales logramos apreciar los pensamientos, vivencias, etc. de casi todos los personajes: el diario de Jonathan, las anotaciones del profesor Van Helsing y otros, además de recortes de prensa. Bram Stoker cuida mucho su escritura, hasta el punto de que el mismísimo Oscar Wilde declaró que su libro era “la novela más hermosa jamás escrita”, y reconozco que, aunque en más de una ocasión se me pusieron los pelos de punta, también en más de una ocasión se me escapó alguna lagrimilla.

En resumen, ahora que están tan de moda las novelas de vampiros, me veo en la obligación de recomendar a sus fanáticos que no dejen pasar la oportunidad de leer esta novela y, ya que estamos, revisar todos los mitos vampíricos que puedan. Pues, si para comprender el presente es necesario conocer el pasado, tanto más ha de hacerse con la literatura para saber apreciar y valorar lo bueno (y lo malo) que leemos.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

martes, 8 de noviembre de 2011

Cuando el amor y la naturaleza se entrelazan

¡Hola a todos! Ya sé que llevo mucho tiempo sin escribir por aquí, pero ello se debe a ciertos problemas burocráticos con mi facultad que me han apartado durante bastante tiempo del blog, hasta el punto de que ni siquiera he podido celebrar el tercer aniversario del blog como es debido. Lo lamento de veras.

Pocos libros describen la naturaleza como mi nueva recomendación, Un viejo que leía novelas de amor (1988), del chileno Luis Sepúlveda, de quien ya recomendé otra novela hace poco. Llevaba años queriendo leer este libro, y las pasadas navidades los Reyes Magos por fin me dieron la oportunidad.

A lo largo de su vida, el protagonista de la novela, Antonio José Bolívar Proaño, ha convivido tanto con los hombres autodenominados “civilizados” como con los indios shuar (más conocidos como “jíbaros” por aquí) y se desenvuelve sin problemas con unos y otros. Sin embargo, son los segundos quienes le han enseñado todos los secretos y las reglas de la selva amazónica, mientras que los primeros sólo saben explotarla y aniquilarla. Mientras tanto, en sus largos ratos en soledad, nuestro protagonista se recrea con hermosas historias de amor…

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Cartel de la película (por desgracia, no he tenido oportunidad de verla)

Esta novela, igual que Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, tiene un mensaje ecologista patente, pero, en el caso del libro que hoy nos concierne, el mensaje es mucho más intenso (se define al desierto como “el gran invento del hombre moderno”), un verdadero canto de amor a la naturaleza. Bolívar Proaño ama como a una madre a la selva y a los que la componen; Sepúlveda entrelaza los nombres de las plantas y animales en larguísimas enumeraciones, que hacen que nos imaginemos en toda su gloria el espeso follaje, las fieras al acecho, los cálidos monzones, los pájaros llenando de alboroto los árboles… En definitiva, la selva, convertida en un personaje más. Bolívar Proaño es un ejemplo del “buen salvaje”, sólo que a la inversa: se crió en el mundo civilizado y, tras diversas vicisitudes, se pasó al lado de la naturaleza, aunque sin terminar de perder el contacto con sus orígenes.

Creo que todos los grandes amantes de la naturaleza disfrutarán esta novela intensamente y, con una pizca de imaginación, se trasladarán junto a Bolívar Proaño en las cacerías y expediciones.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

viernes, 19 de agosto de 2011

¿Remover o no remover el pasado?

A mediados de julio, se celebró una penosa efeméride para la Historia de España: hace 75 años, un 18 de julio de 1936, estalló la Guerra Civil, en la que, como ya dije hace tiempo, sólo hubo víctimas y verdugos a partes iguales en ambos bandos. Pues bien, han pasado ya tres cuartos de siglo y todavía seguimos divididos cuando recordamos esos tiempos, especialmente entre los que quieren hacer justicia y los que prefieren, simplemente, pasar página y olvidar. Personalmente, aunque tengo familia de ambos bandos, me pongo de parte de los primeros, pues muchos de ellos ansían, al menos, buscar y encontrar los restos de los seres queridos que perdieron en el conflicto y darles un entierro digno.

En Francia ocurre algo muy parecido con la 2ª Guerra Mundial, ya que la tierra de la Libertad, Igualdad y Fraternidad fue conquistada por los nazis, y la capital gala vivió un episodio verdaderamente oscuro: el 16 de julio de 1942, hubo una redada en la que trece mil judíos fueron arrestados, encerrados durante días, sin comida ni agua, en el Velódromo de Invierno (popularmente conocido como Vel d’Hiv) de París y finalmente conducidos a diferentes campos de concentración dentro y fuera del país. Como ya imaginaréis, muy pocos lograron escapar y vivir para contarlo.

Y de aquí parte la trama de mi nueva recomendación: La llave de Sarah (Elle s’appelait Sarah; 2007), de la francesa Tatiana de Rosnay. La pequeña Sarah Starzynski, de diez años, es arrestada junto con sus padres, pero antes de salir de casa encierra bajo llave en un armario a su hermanito, Michel, prometiéndole volver a buscarlo.

Sesenta años después, Julia Jarmond, una periodista estadounidense casada con un francés, prepara un reportaje en conmemoración de la redada, y empieza a vislumbrar un vínculo estremecedor entre los Starzynski y su propia familia política…

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Portada del libro, inspirada en el cartel de la película (no la he visto)

Esta novela resultó un gran descubrimiento para mí, porque me ha dado a conocer la existencia de un hecho histórico que, dentro del holocausto nazi, desconocía totalmente, pero me ha sorprendido ver cómo tantas personas prefieren dar la espalda al pasado (sobre todo Bertrand y Edouard, el marido y el suegro de Julia), escudándose en que es algo ya muy antiguo y que no merece la pena recordar. Sinceramente, pensaba que los franceses eran más celosos de su pasado y de su historia que nosotros, pero la redada del Vel d’Hiv parece ser un trapo sucio muy desagradable de rememorar…

Por otro lado, en esta dicotomía sobre hurgar o no en los dolorosos tiempos pretéritos, la autora perfila todos los personajes con virtudes e imperfecciones que, dentro de la trama principal y en las secundarias, determinan a la perfección el carácter de los personajes y sus actitudes: el egoísmo, en diferentes formas (digo esto por un motivo muy especial relacionado con Julia y su marido); la valentía, encarnada totalmente en Sarah (dispuesta a rescatar a su hermano) y en Julia (decidida a desvelar la verdad aun a costa de hacer mucho daño); los remordimientos (en especial Edouard).

Por lo demás, esta novela me ha gustado bastante, aunque la conclusión me decepcionó un poco porque esperaba que dos personajes acabasen emparejados, aunque la autora lo deja lo suficientemente abierto para la imaginación del lector.

Finalmente, sólo me resta añadir unas palabras en hebreo antiguo que espero que resuman la actitud del libro en cuanto al Holocausto, pero que también pueden aplicarse perfectamente a nuestra propia guerra y, para qué negarlo, cualquier conflicto:

Zakhor, Al Tichkah.

(“Recordar, nunca olvidar”)

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

domingo, 24 de julio de 2011

De los terribles secretos de algunos nombres

Cuenta un mito del Antiguo Egipto que Amón Ra, dios supremo, tenía un nombre secreto, que sólo conocía él y procuraba que nadie supiese; la diosa Isis supo de la existencia de ese nombre, y se valió de toda clase de tretas para conocerlo, pues sabiendo ese nombre, tendría poder sobre el mismo Ra. Finalmente consiguió saber el nombre secreto, y aunque nunca tuvo que utilizarlo, su astucia le valió el sobrenombre de “La princesa de los dioses”.

Quizás me he puesto algo paranoica, pero lo que quiero decir con este mito es que el conocimiento, sea del tipo que sea, es poder, y un poder a veces muy peligroso. Por eso hay muchos que temen al saber y prefieren vivir en una feliz ignorancia. Claro que también hay veces que es mejor no meter las narices (y procurar que nadie ajeno las meta) donde no nos llaman para evitarnos líos…

Bien, tras mucha dilación comienzo con la recomendación de hoy: Lo que esconde tu nombre (2010), de Clara Sánchez. Ganadora del Premio Nadal 2010, llegó a mis manos directamente de Círculo de Lectores, y tras una lectura y recomendación materna previa, comencé a leer el libro.

Tenemos dos protagonistas: por un lado, está Sandra, una joven embarazada que decide tomarse unas vacaciones en un pueblo de la costa levantina, donde conoce a un amable matrimonio de jubilados noruegos, los Christensen. Por otro lado, está Julián, superviviente del campo de concentración de Mauthausen y cazador de antiguos nazis que hoy viven tranquilamente en las costas españolas como ancianos turistas. Los caminos de una y otro se cruzarán, dando lugar a una trama de intrigas y mentiras…

loquesconde

Francamente, me gusta mucho la portada de esta novela; resulta perturbadora la imagen de la joven sin cejas ni boca, con la palabra help (“socorro” en inglés) arañada sobre donde debería ir la boca. Una buena representación de la situación que empieza a vivir Sandra en compañía de los Christensen y su nutrido grupo de amistades…

Esta novela está enfocada desde un punto de vista relativamente original, ya que muchos nazis lograron huir de la justicia escondiéndose en España e Italia, donde contaban con los respectivos apoyos de Franco y Mussolini, y también en otros países, donde cambiaron de identidad y de vida para no ser descubiertos, aunque de vez en cuando todavía se logra cazar a uno o dos. Sin ir más lejos, un ejemplo cinematográfico: La caja de música (1989), de Constantin Costa-Gavras.

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En cuanto al estilo, la autora ha conseguido, al menos en mi caso, que logre meterme en la piel de Sandra y de Julián. La historia se cuenta en primera persona, desde el punto de vista de ambos, y con ello uno siente en plenitud la asfixia, la oscuridad, el miedo y el odio. De los personajes, me han gustado sobre todo Julián y Alberto. Sin embargo, en términos generales, creo que se le podría haber sacado un poco más de jugo a la historia; además, el final queda algo abierto para mi gusto, pero supongo que la autora lo quiso así para dar a entender que Julián no piensa rendirse. Y os aseguro que no es hombre que se rinda fácilmente.

Para terminar, una breve anécdota: hace un par de meses, soñé que iba al cine y que me encontraba con el cartel de esta novela en la sección de “Próximos estrenos”. Quién sabe, lo mismo algún día tenemos en pantalla a Sandra, Julián y los demás…

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

jueves, 23 de junio de 2011

De cuando hay que sacar conocimientos de donde no se tienen

Esto es lo que se ve obligado a hacer Zorbas, el felino protagonista de Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar (1996), de Luis Sepúlveda. Recibí este libro como regalo de Navidad, ya que hacía tiempo que deseaba leerlo desde que vi su adaptación cinematográfica animada (fui al preestreno), hace ya mucho, mucho tiempo.

La historia tiene lugar enteramente en Hamburgo y, como ya he dicho, el protagonista es Zorbas, un gato “grande, negro y gordo” nacido en el puerto de dicha ciudad. Un día, se encuentra con una joven gaviota, manchada de petróleo y agonizante, que antes de morir le pide que cuide de su huevo y del futuro polluelo y que, cuando crezca, le enseñe a volar. Zorbas jura que lo hará, pero, aunque cuenta con la ayuda de otros gatos amigos suyos, no lo tendrá nada fácil…

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Portada de la edición que leí (2010); las portadas e ilustraciones interiores, obra de Miles Hyman, no han cambiado desde que se publicó este libro.

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Cartel de la película (La gabanella e il gatto, 1998), dirigida por el italiano Enzo d’Alò.

Sepúlveda define este libro como “una novela para jóvenes de 8 a 88 años”, y considero que no podría haber mejor descripción, pues los temas de la propia superación, la amistad, la relación hombre-naturaleza (en especial la contaminación) conciernen al género humano (o al menos deberían hacerlo) a cualquier edad. Me encanta Zorbas, que ya desde pequeñito demuestra unos férreos principios (es enternecedora la escena con sus hermanitos y su madre), aunque también los otros personajes también están bien.

La película también está bien, aunque se omiten un par de personajes (como el antipático chimpancé Matías) y se da mayor relevancia a las ratas, que se convierten en las antagonistas del filme. Sin embargo, en ningún momento se pierden los múltiples mensajes de la narración, y para mí es lo más importante.

Sin duda, ya que comenzamos las vacaciones, este libro es una estupenda opción para empezar con las lecturas veraniegas y también una buena manera de comenzar a concienciar a los más pequeños en el cuidado y conservación de la naturaleza.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

sábado, 7 de mayo de 2011

Que toda la ponzoña hundida en el barro salga a la superficie

Aunque apenas se mencione esta frase, podemos considerarla como la “frase mágica” de Claudio, el dios, y su esposa Mesalina (Claudius, the God, and his Wife Messalina; 1938), segunda parte de Yo, Claudio. Los que leáis la entrada de la primera parte comprobaréis enseguida que conseguí el libro justo al día siguiente de escribir la entrada y dos días después de terminar de ver la serie, de modo que para mí fue una gran alegría encontrarlo.
 
Como ya hice con la primera parte, en la que presenté el estilo de Claudio y su carácter (no cambia en absoluto), presentaré la novela con su primera frase:
 
Han transcurrido dos años desde que terminé de escribir la larga historia de cómo yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, el tullido, el tartamudo, el tonto de la familia, a quien ninguno de sus ambiciosos y sanguinarios parientes consideraba digno de la molestia de ejecutar, envenenar, obligar a suicidarse, desterrar a una isla desierta o matar de hambre –que fueron las maneras en que se eliminaron los unos a los otros–, los sobreviví a todos, incluso a mi loco sobrino Cayo Calígula, y de cómo un día fui aclamado inesperadamente emperador emperador por los cabos y sargentos de la guardia de palacio.
(Traducción de Floreal Mazía. Edhasa, 2008)
 
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(Ésta no es la portada de la edición que leí, me ha sido imposible encontrarla)
 
Esta novela comienza, a pesar de lo que nos señala su primera frase, justo donde acaba la segunda, y concluye con el final de la vida de Claudio. Pero no sólo se nos narra la continuación de la vida de Claudio, sino que Graves incluye en Claudio, el dios varios textos más. Entre ellos, a través de la pluma de Claudio, la historia del íntimo amigo de éste, el rey judío Herodes Agripa (marrullero y alegre; me había olvidado por completo de él en la crítica anterior), desde su infancia hasta su muerte, además de algunos poemas y textos paródicos sobre la deificación (o “calabacificación”) de Claudio a modo de epílogo.
 
Tampoco han cambiado mis gustos respecto a los personajes, aunque por cortesía a mi querida amiga Nobody he cambiado los grupos de “buenos y malos” por “cuerdos y desquiciados”. Una acertadísima sugerencia por su parte, pues según un dicho mencionado en ambas novelas el árbol de los Claudios produce dos tipos de manzanas, dulces y amargas. Sin embargo, hay una manzana que he de calificar como agridulce, y que lamentablemente me dejé en el tintero la otra vez. Se trata de Antonia la Menor, la madre de Claudio.
 
Antonia, hija de Marco Antonio, es un personaje con el que tengo una relación ambivalente. Por un lado, se trata de una mujer de firmes principios y recta conducta, totalmente carente de ambiciones y tan respetable que nadie se atreve a ponerle una mano encima (un verdadero milagro en una época en la que todo el mundo se lleva por delante a quien estorba). En definitiva, una matrona romana de los pies a la cabeza, admirada por todos por su entereza y su integridad. Pero, por el otro lado, es una mujer que siempre trata con incomprensión y muy poca paciencia a su hijo menor, tachándolo de “imbécil”, “idiota” y demás sinónimos. En parte comprendo que se sienta frustrada porque Claudio no parezca tan listo ni tan fuerte como sus hermanos o sus primos, pero a veces Antonia llega a ser muy cruel. Por este motivo, me siento realmente dividida ante este personaje, pues sus virtudes y sus defectos van a la par.
 
En resumidas cuentas, si os gustó Yo, Claudio, y os quedasteis con ganas de saber más sobre este emperador y sus avatares, os aseguro que Claudio, el dios cumple con las expectativas de los lectores.
Por cierto, una última anécdota antes de que se me olvide: Graves tenía una casa en Mallorca, y estando allí recibió los vídeos de los capítulos de la serie. ¿Sabéis qué dijo tras verlos? “A Claudio le habría gustado”.
 
Hasta la próxima página,
 
La Rebelde de los Libros