sábado, 16 de octubre de 2010

El bien y el mal son las dos caras de la misma moneda

Se puede llegar a esta conclusión después de leer el famosísimo relato de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde), escrita en 1886 por el escocés Robert Louis Stevenson. Di con esta novela durante la pasada Feria del Libro de Córdoba (dedicada a la novela negra), y no pude resistir la tentación.

Sin duda, muchos conocerán los puntos principales de esta obra, pero es buena idea hacer memoria de todos los detalles: el abogado Gabriel J. Utterson no ve con buenos ojos el enigmático vínculo entre su buen amigo, el amable doctor Henry Jekyll, y el extraño Edward Hyde, un hombre que es cualquier cosa menos una persona recomendable. Sin embargo, cuando Hyde asesine a sangre fría a un político muy respetado y Jekyll comience a mostrarse misteriosamente taciturno, Utterson sospechará que hay gato encerrado…

djmh

Me habría encantado poner algún vídeo de una de las muchas adaptaciones cinematográficas de la novela, pero claro, eso habría supuesto estropear la trama, de modo que os dejo la portada de la edición que leí (la traducción es muy buena, y las escalofriantes ilustraciones no se quedan atrás).

Por otro lado, no es casualidad que esta novela aún suscite interpretaciones y se siga versionando a otros géneros artísticos (incluido el teatro musical); a lo largo de la Historia han surgido diferentes conceptos que engloban la idea de un álter ego igual a uno mismo pero con un corazón cruel y despiadado: el Genio malo (el famoso diablillo contrapuesto al angelito), el doppelgänger, el “gemelo malo”… Todos ellos ocultos en el alma humana y pugnando por salir a la luz. Hyde es uno de ellos, a pesar de haber sido creado artificialmente; además, en su juventud Jekyll cometió actos indignos de los que se arrepiente profundamente (muy presumiblemente una relación homosexual con Utterson) y que intenta reprimir por todos los medios. Jekyll intenta librarse de esa parte de sí mismo que él considera repugnante, pero no le sale nada bien, y paga las consecuencias.

Además, este libro me ha hecho recordar un reportaje que leí hace años en una revista y con el que me sentí extrañamente identificada. En ese reportaje, un psicólogo afirmaba que las personas más bondadosas y que más tratan de reprimir su parte malvada solían sufrir mucho más que los que no siempre se portaban bien, ya que el lado oscuro de los primeros a veces salía de improviso y en forma de pensamientos inconfesables y repulsivos (por ejemplo, un filántropo que se imagina a sí mismo matando a alguien) y muchos temían que esa clase de pensamientos pudieran ser señal de algún trastorno psíquico o que se estuviesen convirtiendo en depravados sin sentimientos ni decencia. Por este motivo, el psicólogo exhortaba a esta gente a reconocer la naturaleza dual del corazón humano, a mantener un equilibrio entre ambos polos y a no angustiarse por ese tipo de pensamientos. A fin de cuentas, una travesura inofensiva de vez en cuando no hace daño.

Así pues, cuando me vino a la mente aquel reportaje, no tardé en comprender que el pobre Henry Jekyll pertenecía a ese grupo y que tuviese tantas ganas de deshacerse de su lado oscuro. Pero naturalmente, teniendo en cuenta su carácter y su esfuerzo por actuar siempre haciendo el bien y conteniendo sus impulsos “malignos”, es natural que Edward Hyde sea tal y como es.

Hasta la próxima página,

La Rebelde de los Libros

6 comentarios:

Lady Leonor de Montagú dijo...

Me he alegrado bastante de ver por fin la recomendación de este libro entre tus posts (aunque pensaba que esta vez hablarías sobre La terapia del son, que lleva ya tiempo en cola).

El extraño caso del dr. jelkyll y Mr. Hyde es uno de mis libros favoritos, básicamente por el contenido psicológico que presenta, esa dualidad del ser humano de la has hablado, opinión que comparto.

Sin embargo hay algunos puntos en los que no estoy totalmente de acuerdo y que me gustaría exponer por el hecho de ser una gran admiradora de este relato, pero sin ánimo de desprestigiar tu entrada, solo una opinión más.

Personalmente yo no lo catalogaría como novela negra. No sé, por novela negra entiendo más bien policíacas que se recrean en lo que son los crímenes en sí, más crudas y pasionales. Como El talento de Mr Ripley de Patricia Highmisth o Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian. Jekyll y Hyde me parece más bien de terror gótico, psicológica... pero no negra.

Por otra parte la relación homosexual de Jeckyll con Utterson no me parece tan presumible, si bien yo también he oído hablar de ella. Si no recuerdo mal, es una especie de leyenda urbana surgida de la señora de Stenvenson destruyó el manuscrito original y Robert Louis tuvo que reescribirlo completamente, incluyendo algunos cambios. No descarto que esta relación hubiera sido posible, pero simplemente leyendo el libro y sin conocer la anécdota anterior no está nada clara. Al meno a mí no me lo pareció.

¿Ganas de Jekyll de deshacerse de su lado oscuro? Nah, no lo creo del todo. Jekyll encontraba cierto placer morboso en ser Hyde. Creo que realmente disfrutaba siendo un ser amoral y sin escrúpulos. Lo que no creo que le hiciese tanta gracia es que su reputación se viese manchada.

De acuerdo, el propio Jeckyll dice no soportar la desgracia del prójimo y niega completamente que sintiera aprecio por ese yo oculto, pero eso no quita que aun sabiendo lo que conllevaba tomar la pócima fuese incapaz de dejar de tomarla. Luego se arrepentía de los crimines cometidos y siente la necesidad de ayudar a aquellos a los que ha causado mal. Pero no fue hasta que el asesinato del político, crimen con testigos, que decidió firmemente acabar con Hyde, por miedo a la horca.
Con toda esta parrafada quiero decir que no considero a Hyde una creación artificial: él realmente estaba ahí oculto aunque hubiese hecho falta la pócima para hacerlo salir...

Vaya, o no comento nunca o lo hago con una inmensa parrafada :s Lo siento u.uU

Pues nada, espero con ansias la próxima recomendación!

Nobody-chan dijo...

Bien... debo decir que coincido ampliamente con el concepto de la dualidad del ser humano, si bien me parece mal enfocado.

Se trta del asunto que da vida a la trama, al fin y al cabo; razón por la cual me parece muy importante.

Esta dualidad es inherente a cada persona,lo que significa que no importa cuáles sean nuestras acciones, en nuestra mente existen tanto la compasión como el egoísmo.

No importa cuánto imtentemos ocultarlo o lo natural que nos salgan nuestras buenas acciones, el mal está ahí.

Es por eso que Jeckyll tomaba su poción hasta el punto de sentirse enganchado a ella. El cambio de aspecto significa no ser reconocido, y por tanto...libertad.

La soñada y ansiada libertad. La que nos da "permiso" para liberar nuestros instintos y nuestros deseos. Porque todos queremos hacerlo, queremos abofetear a quien nos ha insultado y... de todo.

Y no lo hacemos por las consecuencias que eso acarrea, pero a Jeckyll, ser Mr. Hyde le implica la pérdida de estas consecuencias. Si algo ocurre no fue él, sino Hyde.

Esa pócima... no libera el mal del cuerpo de Jeckyll. EL mal siempre está ahí, a todas horas, tan vivo en un momento como en otro. No es que de repente la vocecita del genio malo se vuelva más clara o poderosa, no es que lo hipnotice.

Jeckyll, reconvertido en Hyde, se embriagó de su propia libertad de acciones, pues no hay mayor poder que el de la libertad sin temer a las represalias.

Los remordimientos que le llegan después no son por vovler a ser Jeckyll, son porque a todos nos llegan tras haber meditado bien lo sucedido. Y por temor, ante todo, a ser descubierto.

Es por eso que termina liberándose de su poción de la libertad, porque sabe que, Jeckyll o Hyde, sigue siendo él mismo y sus deseos. Aprender a lidiar con ellos es la tarea de todo ser humano, al fin y al cabo.

La Rebelde de los Libros dijo...

Para Lady Leonor: Yo tampoco considero que este libro pertenezca a la novela negra, simplemente que la Feria del Libro estaba dedicada a este género (o más bien a la inefable trilogía Millenium) y este libro se encontraba allí, como tantos otros. "La terapia del son" caerá para después, ya que estoy releyéndomela.

Para Nobody: Sí, también estoy de acuerdo con el concepto de la dualidad humana (cuando leí el artículo que he mencionado en la entrada sentí como si me hubiesen desnudado el alma). Qué de veces he contenido las ganas de estamparle un guantazo a alguien o cosas peores.

Para ambas: Más me vale que deje de filosofar en mis entradas, porque me dais unos vapuleos verbales que me dejáis por los suelos...

Nobody-chan dijo...

¿Vapuléos verbales? ¿En qué sentido? Yo simplemente me enrollo con temas que me fascinan...

Lady Leonor de Montagú dijo...

Tonterías, no dejes de filosofar.

Mira, yo soy de la opinión de que un libro no tiene que significar una única cosa para todo el que lo lea. Cada lector lo entiende de una manera distinta a la de otro y cada persona saca una conclusión diferente.

Tus reflexiones no son más ni menos acertadas que las mías o de de Nobody o de las de cualquier otra persona que decida pronunciarse al respecto.

En algunas partes discrepamos y en otras estamos de acuerdo. No se puede estar de acuerdo en todo.

Y si mi comentario te ha ofendido de alguna manera, lo siento, no era mi intención. No he pretendido por ningún momento de imponer mi criterio sobre el tuyo ni nada parecido. Solo pretendía dar a conocer mi opinión a cerca de uno de mis libros favoritos.

Ninguna de nosotras es portadora de la verdad absoluta, es importante aprender a aceptar y respetar las opiniones de los demás.

La Rebelde de los Libros dijo...

Para ambas: Pensándolo bien, es verdad, hay que saber aceptar las opiniones ajenas. Ni vosotras ni yo somos eminencias literarias(aunque ya nos gustaría...), y lo que digamos por aquí enriquece mucho.

No me habéis ofendido en absoluto, lo que pasa es que soy perfeccionista al máximo (Nobody es testigo de ello), y cuando veo vuestros comentarios pienso para mis adentros: "Debería haber puesto algo como esto". Y como además estaba de bajón (nuevamente Nobody es testigo), pues se juntaron el hambre y las ganas de comer.

En definitiva, que no pasa nada y que seguiré filosofando. No os quepa duda.